Es una fecha llena de simbolismo para un partido en plena etapa catártica y dispuesto, nos dicen, a iniciar los cambios de fondo para que su candidato despegue

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En el PRI están planeando realizar mañana viernes 13 de mayo un acto tan relevante para su abanderado a la gubernatura, Marco Antonio Mena Rodríguez, que va a marcar el antes y el después… el necesario reseteo de un proyecto que nada más no prende, y de eso va a generar cambios sorprendentes.

Para empezar los tricolores tuvieron que hacer su cuarto y quinto paso. ¿Qué clase de obstáculo impide a Mena abrir las alas y emprender el vuelo?

Y se dieron cuenta de lo que todo el mundo sabe, pero todo el mundo calla. Hay un político y su hijo, en el papel de pesados fardos, pero en la parte final de su ciclo, cuyos nombres están por quedar fuera del libreto.

Es decir, lo inevitable para el PRI y su abanderado fue cortar sin dudarlo el cordón umbilical o las cuerdas del títere –se puede ver como ustedes lo deseen- y depositar sus esperanzas en aquellos, profesionales de la grilla que, también descubrieron otro fenómeno nada agradable en la parálisis que padecen: esos asesores importados dedicados a sustraer cuanto recurso han podido, en un esquema de mentiras piadosas para endulzar el oído de quienes les llenan las bolsas.

En otras palabras, el PRI llegó a su etapa catártica y tras un despiadado análisis interno se vio orillado a tomar la decisión: ¡Mariano córtalas!

La fecha no es casual. Es víspera del segundo debate.

Dado el relativo éxito que Marco Antonio Mena tuvo en el primero, para la nueva oportunidad lo que pasará mañana en la capital de Tlaxcala lo va a dotar de la nueva energía pero ya en otro contexto. Así como Alejandro Murat en Oaxaca mandó al carajo a su padre el ex gobernador, que tanto daño le hizo a su imagen.

La luz llegó a un partido que no tuvo más que despertar de su letargo y comportarse con el suficiente pragmatismo para cortar de tajo con el estorbo.

No solo eso. La estafeta de la organización también cambia de mano. Ciertamente, en una maniobra donde comienza a verse la operación del líder nacional, quien al cambiar de nombre al candidato, hacía otro tipo de anuncio… el cambio de nombre –hoy vemos- va de la mano con el cambio de ruta.

Es una transición dura. Requiere carácter del candidato. Es un esquema inédito que por poco sucumbe ante la imposibilidad de: gobernador puso gobernador. Y aún peor: gobernador se salió con la suya  y además de poner gobernador conservó para sí la parcela con las tierras más productivas. No, si a Mariano lo dejan fuera por voraz, no por tonto.

¿Y por qué la capital de Tlaxcala?

Pudo haber sido el icónico Apizaco, el de las obras huecas de una Secoduvi con la conciencia tan frágil como los postes, que no soportaron los vientos de febrero.

Pero fue Tlaxcala, porque esta era la pieza que faltaba para armar el rompecabezas que Mariano siempre combatió.

El tiempo fue inmisericorde con el libanés. Sus cálculos no eran malos, pero su mala imagen –y la de su prole- superó incluso a su capacidad para arreglar las cosas.

Es casi la relación del que ya va de salida con todas las mujeres tlaxcaltecas. Las maltrató, las humilló, las vio menos.

Hoy, tendrá que tragar sus actos.

Por eso es la capital el lugar donde se gestan estos cambios de fondo.

Con la “nueva historia”, el candidato sostenía en la diestra una incipiente rebeldía. Atrás había dejado el bodrio de la continuidad.

A partir de mañana el reseteo será absoluto.

Digamos que los enviados del centro están dando mantenimiento mayor a los discos duros del estado y su afición al PRI.

No creo que sean buenos augurios para el libanés. Y tampoco para sus genes.

El ejemplo más próximo es Andrés Granier y el infierno en vida que le significa haber tenido todo en abundancia tal que hoy, ante la escasez, no puede haber peor castigo.

Su pérdida más dolorosa fue la de la libertad. Y la de su hijo.

Pues aquí no cantamos mal las rancheras.

Mañana es un día clave. Icónico, lleno de simbolismo para los profesionales de la política a quienes las formas los mueven para imponer un fondo que ya hacía falta.

Las casillas especiales

No es un asunto menor. Se trata de quince casillas que permitirán respetar el derecho humano de ejercer el sufragio en cualquier parte del estado, no importa qué tan lejos se esté de la demarcación donde corresponda.

Esas quince casillas son un cuento inventado por el INE-ITE-PRI para dar institucionalidad a un acto de atropello contra el cual por cierto la non mediatización puso en alerta a los opositores.

Y por lo menos esas quince casillas, donde podrán sufragar alrededor de 10 mil electores, van a ser las más vigiladas, las más monitoreadas y en consecuencia si alguien llegó a verlas como las herramientas infalibles para fraguar un fraude, parece que se va a quedar con las ganas.

Las han impugnado el PAN, Morena y el PRD. Pero el autismo de la trilogía INE-ITE-PRI mostró oídos sordos, tal vez por la inercia del cochinero, del atractivo cochinero en tanto abundancia de distractores que permitan el escenario ideal para chanchullos como los tristemente recordados en la elección de 2012.

Pongan sus barbas a remojar

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEFJF) encontró motivos de sobra en el incumplimiento de la paridad para dar chicharrón a todos y cada uno de los integrantes del OPLE de Chiapas.

Conste, fue por incumplir con el equilibrio de género.

Entonces los consejeros de Tlaxcala, que se pueden esperar, no nada más por andar en las mismas, en el ámbito de paridad, sino en el mismísimo registro de las candidaturas, situación anómala que los llevó a investir a la institución en un velo de opacidad.

Claro, esa situación, la opacidad, es lo contrario a la certidumbre, imparcialidad y legalidad, valores a los que obedece una institución de esta naturaleza.

Tirarlos a todos. No me suena descabellado.