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Sector Educativo; inversión histórica en absoluta opacidad

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Si con esas carretillas de dinero se pudiera comprar la popularidad, tal vez el hacendado gobernador habría replanteado los negocios que del gobierno pasaron a particulares.

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Ante la portentosa inversión en el ramo educativo que, según el gobernador Mariano González Zarur y el secretario de Educación Tomás Munive Osorno, uno no se explica el porqué de las silbatinas en plazas como Apizaco, tan icónicas y tan queridas por el hacendado.

Ayer miércoles nos presentaron un panorama muy alentador. Millones y millones de pesos que a resumidas cuentas, según los expositores, han puesto a Tlaxcala en el primer lugar nacional en eficiencia terminal tanto en primaria como en secundaria.

No es ocioso aclarar: si niños y jóvenes culminan sus estudios cada vez en mayor cuantía, eso se debe a la dedicación de sus padres, por cierto, ellos son parte fundamental del tejido social al que Mariano tanto alude en sus discursos.

Ellos merecen, como todo el pueblo de Tlaxcala, información detallada de las inversiones. La manera como se planeó, porqué rara vez toman en cuenta la opinión de los papás, a quién beneficiaron con los contratos millonarios para edificar aulas y equiparlas.

Digo, no es exageración afirmar que al sector educativo de Tlaxcala le está lloviendo en su milpa.

Así que al mensaje de suficiencia presupuestal le es indispensable un contexto de transparencia para no volver a permitir escenarios tan vergonzosos como aquella distribución masiva de las horribles manchichamarras gestionadas por el carnal pobre del mandamás, el tal tonchis, del que dicen que siempre ha sido una sombra… pero eso es harina de otro costal.

Me llama la atención el cambiazo de expresiones del que se quiere sentir el más rasposo de los gobernadores del país hacia el presidente Enrique Peña Nieto.

Recordemos los alardes aquellos de desprecio, en los cuales hace no mucho expuso el hacendado: “a mí ni el presidente me reconviene”. (creo que dijo me regaña)

En cambio, hoy expuso lo siguiente: «con el apoyo irrestricto del amigo de los tlaxcaltecas, el presidente Enrique Peña Nieto, trabajamos con decisión y firmeza en el impulso a la educación en dos mil 103 planteles de distintos niveles, con políticas pertinentes, acciones importantes y programas de verdadero impacto social, lo que beneficia a 368 mil 416 estudiantes tlaxcaltecas».

Ahora ya es el amigo de los tlaxcaltecas

A su derecha su inseparable hija Mariana, en constante campaña de posicionamiento. Del otro lado acaso el más viejo de sus colaboradores, Tomás Munive. Una imagen digna de los setenta. Nada más faltaba el Ford Gálaxi 500, y los guaruras con patilla de carnicero.

Las cifras son escandalosas. Cuatrocientos cuatro millones para rehabilitar 638 escuelas. Insisto, en qué consiste esa rehabilitación porque, vieran ustedes lo molesto que para padres, niños y demás, resultan las manchigrecas a manera de marcado territorial, como los cánidos le hacen miccionando en lo que consideran sus dominios.

Esas graciosas grecas no hacen falta para nada. Pero no se imaginan ustedes cuánto cobran los contratistas por pintarlas. Ah, recuerdo cuando nos quisieron tomar el pelo relacionándolas con la escritura de nuestros antepasados… ¡se pasan!

Nos hablan de una inversión de 240 millones en aulas equipadas con veinte computadoras cada una. Pues seguramente crearon el bonche. Bueno en concreto se trata de 378. ¿378?, entonces a cómo salió cada computadora. Porque las aulas nada más las agarraron… que el salón donde los maestros se reunían a comer el sándwich y a sacar la botellita de contrabando; que el cuarto de los trebejos; que la sala donde los condenados escuincles y las bravas chamacas se concentraban cuando había cachetadas…

Transparencia, eso es lo que falta en el sector.

Que les ha ido bien. Sin duda. Y eso, le aseguro, es una de las tantas obligaciones de un gobernador al que así como el lo educativo, le debería ir de lujo en todos los rubros y negocios del gobierno.

Pero como los negocios son ahora de familiares y amigos, ya no hay la rectoría del estado que permita una bonanza presupuestal gracias a la administración sobresaliente y a la buena voluntad con la que se realicen las obras.

Y esas virtudes nada más las tienen los papás.

En cuanto los proyectos pasan a manos de Secoduvi o de la Oficialía Mayor, como dice Emanuel, todo se derrumbó… ya ven ustedes la comercializadora propiedad de un funcionario que se las da de muy transaparente y hasta sanciona a los demás.

En ese momento acaba el encanto.

Estoy seguro que en las manos de los padres de familia, el presupuesto rendiría diez veces más, y se harían las obras realmente necesarias.

Lo mejor es que no veríamos las molestas manchigrecas.

Por cierto, andaba el señor manchis pensando en repartir manchi pants. Recordó la terrible experiencia de las manchi chamarras y optó por regresar a la sana costumbre de repartir útiles escolares.

 

 

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