Mucho tiene que lidiar con su propia imagen, negativa, llena de gasolinazos, recesiones y falta de seguridad como para deteriorarse más con gobiernos como el nuestro.

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El insomnio se instaló en serio en la casa del señor Romano (sí el de Secoduvi), pues además de la cadena de broncas que arrastra (pero bien que le dejan) le anunciaron una raya más al tigre de las pifias legaloides en las que está metida la administración… sí, en materia de obra pública.

De forma muy parecida a lo acontecido en el predio donde clausuraron –por chueca- la construcción de Ciudad Judicial, viene otra sanción, ni más ni menos que a una nueva carretera, creo que va a ser de cuota entre Puebla y Tlaxcala. También carece de los permisos correspondientes de uso de suelo y ha traído graves consecuencias a los sistemas hidrológicos que halló a su paso.

Se trata de otra de las muy escasas obras importantes de este sexenio, pero la deficiente gestión es el peor atraso que va a acabar por estancarla. Y las buenas intenciones de ese camino, así quedarán mientras no haya quien corrija las planas –ya son muchas- a una Secoduvi con verdaderos monumentos a los pretextos (un tal David Lima ya ocupó todas las palabras del castellano para humillarse ante el gobernador).

Una Secoduvi con delicados ejemplos de corrupción, manifiestos por ejemplo, en la obra otorgada a la constructora Trejo Mendoza y Asociados, propiedad del sobrino del secretario Romano, según documentos en nuestro poder. Otros señalan a gente más cercana al titular. El flujo de información sobre otra empresa en particular es revelador. Las obras explican el brutal crecimiento de unos cuantos y la indignación del gremio.

Ayer miércoles, el panista Ángelo Gutiérrez Hernández, reveló el inevitable destino de la vía esa de cuota, tan necesaria para acercar a Tlaxcala con la capital de Puebla, pero tan dejada al abandono en tratándose de la gestión ante instancias capaces de sancionar al gobierno local a causa de sus modorra administrativa.

También mostró los acuses de recibo de la peticiones formales al Poder Ejecutivo local para la comparecencia del secretario Roberto Romano Montealegre, ante un Congreso con una creciente bandeja de dudas.

Bueno, ante esta evidencia, al jefe del ejecutivo no le  fueron favorables las declaraciones aquellas respecto a que nadie ha solicitado formalmente la comparecencia de Romano.

Entre lo que el gobierno pierde por esas pifias, más el monto de las obras asignadas a empresas de seres queridos, fácilmente la administración priísta de Tlaxcala iguala o supera al escandaloso gobierno tabasqueño de Andrés Granier. Por menos de lo que hoy nos exhibe como una entidad desordenada y chueca, al ex gobernador tabasqueño lo arraigaron. Y a su secretario de finanzas lo pusieron tras las rejas.

Necesaria separación

Debe ser por el perjuicio ocasionado por ciertos estados que el Gobierno de la República ha pensado en serio en pintar su raya. No le hace bien a su deteriorada imagen, que lo relacionen con sistemas tan malos como el nuestro, o el de Michoacán, incluso el Estado de México.

Y ante tal realidad los delegados federales fueron convocados para informarles que no hay alternativa. Tienen que trazar una línea muy firme entre lo local y lo nacional. Mucho tiene que lidiar Peña Nieto con la recesión (o estancamiento), con los gasolinazos y la ineficacia de la estrategia de seguridad, como para cargar también con las tonterías de los gobernadores.

Pese a que algunos fueron propuestos por el propio Mariano, tendrán que escoger de qué lado están y sencillamente hacer maletas si se consideran ajenos al interés de Peña.

Y de todos los delegados sólo uno, el viejo beatricista Salvador Domínguez, al frente de la Comisión Nacional del Agua, ha tenido expresiones positivas para el mandatario tlaxcalteca, “echao para adelante, muy ejecutivo”, opinó de él, más como un cumplido entre tricolores desfasados que como el reconocimiento a la eficacia en la gestión.