A la Justicia Federal ni la arredran las maldiciones en tono libanés como tampoco la espantan los manotazos en la mesa… y sentenciaron la devolución de ese dinero.

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Podría ser una pifia, en el universo de litigios –unos adversos y otros… también- a lo que se enfrenta esta administración en una más de las inconveniencias  de lidiar la peor lucha, consigo misma, acaso el enemigo más perjudicial que no da tregua.

El caso es que de aquellas novedades del paquete pensionario bajo la tutela de Ernesto Ordóñez, hoy novel secretario de Gobierno, la Justicia Federal encontró inconstitucionales los descuentos al salario de cientos de burócratas, a quienes había comenzado a llegar su cheque con un pellizco, de 12 por ciento en calidad de aportaciones a su fondo de retiro.

¿Avisos? No hubo, eso no cabe en el manchiestilo de aplicar la ley.

Para los remedos de autoritarismo es complicado entender esta nueva realidad. Pero hay ojos vigilantes, sin perder detalles, de este tipo de acciones en el estado que teóricamente debería ser el menos conflictivo.

Solo así se entiende el rendimiento tan relativo en tantos órdenes de la administración. Los responsables atienden al miedo que les despierta la relación con su patrón, no a los resultados en el mediano plazo.

Es lo que ocurrió con los burócratas. Tal vez el planteamiento no es malo, como sí su mecanismo de aplicación… prácticamente un descontón, bueno se trata de un descuento mensual que hoy, cuando las reservas merman y la realidad presupuestal quita el sueño a Mariano González  y su equipo, hoy influenciado por el burócrata de oro al frente de Finanzas, ¿de dónde tomarán el dinero para cumplir con la sentencia dictada por un juez federal?

Los arrebatos no son un buen negocio.

Hay el antecedente de agresiones por parte del golpeador del sexenio, para ir adelante con estos proyectos pseudo legales. Es decir, les preocupó la forma, el mensaje atemorizante enviado al “tejido social”. El fondo, sin embargo quedó navegando. Se hundió ante la imparcialidad de la Justicia Federal. Allá ni les afectan los manotazos en la mesa, como tampoco las formas intimidantes.

Impasiblemente dictan sentencia. Y el responsable no tendrá más que devolver los millones retenidos a la burocracia.

Dos secretarios en capilla

Más que perredista es una ficha sanchezanayista. Gisela Santacruz, la otrora demócrata por convicción, activista por conveniencia y dueña de un discurso muy en dirección de la Izquierda, ha dedicado sus horas como secretaria de Comunicaciones a poner tantas piedras en el camino de aquellos de quienes en su momento se dijo defensora. O sea de los pobres.

Los despojó de sus mototaxis, prosiguió con la apertura de rutas les plazca o no a aquellos concesionarios que por años las han explotado y se convirtió en cómplice de líneas como las que corren a Apizaco, donde el costo del pasaje es tan alto que se tasa en euros (poco más de un euro cuesta ir de Tlaxcala a Apizaco).

No le molesta que las unidades de esa ruta vulneren reglamentos, viajen consobrecupo, rompan límites de velocidad y enluten a familias cuyos integrantes ya habían perjudicado en su economía.

En el año de la consolidación (mmm) al jefe de esta, como que le cayó el veinte y parece haberse dado cuenta de lo caro que es sostener a un “personaje de la Izquierda” en su gabinete.

Su remoción debería ser inmediata. No ha servido ni para multiplicar votos, ni para contener una creciente ira de los pobres entre los pobres a quienes de plano ha fastidiado la hipocresía de quien encontró el gran negocio infundiendo temor, despojando a los jodidos, pero eso sí, enalteciendo un discurso que mezcla el susto de acontecimientos como la represión del 68, pero bien que son puntuales a la hora de extender la mano tras demostrar eficiencia al intolerante, su dueño.

Fragoso, tan bueno que resulta malísimo

Al gastroenterólogo más famoso de Apizaco lo conocen por bueno. Y de veras, es rete buena gente. Claro, aquí el concepto de bondad no garantiza honestidad.

Y tanto peca el que asesina a la vaca como aquél encargado de sostenerla para dejarle ir el acero. Como anillo al dedo el símil. No es capaz de comer chicharrón pues sufre pensando en el despellejamiento del pobre cerdo, pero sí deja que otros afilen sus cuchillos para conseguirlo.

Los números no fallan. Hay deficiencias graves. De cárcel. Y se tiene que ir. Hizo cruel la medicina pública en tanto insensible y bajo conceptos de hacer el favor a los pobres. Desmanteló proyectos, grandes proyectos, como el Infantil. Ahí la lleva. So long Chucho, esta no es una chamba para la gente buena, como usted.