El sarcasmo con el cual Mariano llama a los maestros a conocer la reforma educativa debe haber motivado de nuevo al magisterio a tomar la capital del estado.

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Yo diría que es impericia verbal. A estas alturas del movimiento magisterial, que el gobernador de Tlaxcala, Mariano González Zarur, haga un llamado a los manifestantes a conocer el contenido de la reforma educativa raya en la desmesura.

Primero, se trata de un movimiento nacional al cual, esa verborrea a penas si abona una diminuta  y poco servible participación. Sí en cambio profundiza el desencuentro con un lo que fue una maleable facción del magisterio, pero con el tiempo recuperó su activismo esencial y hasta se convirtió en punto de encuentro de otros grupos abiertamente opuestos al planteamiento del Ejecutivo Federal.

Lo llamativo del asunto es que el ejecutivo local haga el llamado a conocer dicha propuesta, pero en ningún párrafo de su arenga se ocupe de explicar las virtudes de la nueva política educativa. Todo queda en un simple llamado, con más intención de exhibir al movimiento como una acción bárbara, buscando el encono con la demás parte del tejido social.

No existe la costumbre de llamados marianos a la cordura. Usualmente es la violencia verbal lo que domina sus mensajes.

Pero ayer hemos escuchado esta frase: «atemperen sus ímpetus».

Qué bueno, verdad, que un aspirante a estadista encargue a sus escribas escudriñar en el cajón de los términos para emitir semejantes ideas.

Lo malo, la invitación al linchamiento: “Por lo que leí hoy y escuché, lo único que han logrado los maestros aquí en Tlaxcala es la animadversión de la ciudadanía, la molestia de los prestadores de servicios, de los comerciantes y pues ojalá regrese la prudencia”.

Así no piensa un estadista.

Esto es una vulgar atadura de navajas. El ente de Estado buscaría equilibrar los conceptos, consciente que su liderazgo de algo bueno debe servir.

En cambio, vemos una parcialidad con las peores intenciones.

La lógica con la cual se mueven los dinosaurios del PRI es entendible. Los ojos cubiertos por un cortoplacismo que no busca sino quedar bien con su héroe, Peña Nieto, aunque sea desamor lo que encuentre en respuesta. El dinosaurio joven combate al añoso.

Y en medio de esa mala leche, argumenta haber ordenado a Miguel Moctezuma, Segob y Tomás Munive, USET, mantener una fluida comunicación con los inconformes. Dos ejemplares, más viejos que él con la encomienda de humanizar los estilos de un gobierno golpeador.

Lejana la obtención de un título de estadista, la retórica de la escasez mostró a los medios locales y nacionales su modo de ver a los profesores de hoy:  “dar clases, tratar de proporcionar conocimientos”.

Es decir, el maestro, en tanto la segunda familia del educando, la que le ha de inculcar valores y cultura, debe limitarse a dar clases y al intento de proporcionar conocimientos. Nada, según esta visión, tiene que ver el maestro con los procesos democráticos y con un aporte sustancioso en el entramado del tejido social.

¿Para qué preguntar entonces el concepto mariano de tejido social?

Acaso se relaciona con la admirable industria santanera de elaboración de colchas y tilmas.

Ante estos limitados conceptos, la verdadera oposición que ha encontrado el gobierno de Peña Nieto, ha pasado por alto los exabruptos de aquél a quien esta crisis nacional de gobernabilidad ha venido como anillo al dedo para distraer la mirada inquisidora de sus múltiples críticos al tanto de los desvaríos que han entrado en la segunda mitad del régimen.