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La omisa expulsión de Berruecos, divisa afianzada con Mariano

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El inminente gobernador ha de pensar en temas propios de su investidura. Rubén Flores, uno de sus más fieles colaboradores… así que venga el nuevo y pleno sexenio del marianismo… cómo será, sólo Dios lo sabe!

La ganancia del Partido Naranja, al expulsar a su ex líder estatal Eloy Berruecos, luego de haber hecho lo mismo con Guillermo Ruiz Salas, es nula.

Si acaso, cobraron la afrenta del ataque con huevos en aquella inolvidable y vergonzosa ocasión, cuando se anunciaba el adiós de Convergencia a Rubén Flores Leal.

Parecen decir: “oh, qué pena, nos quedamos sin partido… el mismo que le negamos a Minerva Hernández Ramos, el mismo que pusimos a disposición de Mariano González Zarur… con el que contribuimos a su triunfo el cuatro de julio y que hoy nos sirve para exigir el pago por nuestros servicios”.

Pues esta es una muestra más de cómo se utilizan registro, siglas y hasta militancia de los partidos políticos, de acuerdo con la conveniencia de quienes los detentan en el momento preciso.

A partir de 1998, la ideología de los partidos se colocó en una caja de cartón y estos comenzaron a cotizar en la bolsa de los triunfos electorales.

Generalmente los manejaron priístas o ex priístas distanciados con sus colegas empoderados en el tricolor, con tan buenos resultados que, hasta les ganaron, sí señor.

El primer ex priísta en usar a la oposición en Tlaxcala, fue Alfonso Sánchez Anaya. Tan hábil el hombre que hoy se da el lujo de refundar al Partido de la Revolución Democrática (PRD), con cuyas siglas fue capaz de doblegar a su ex instituto político, dentro de un esquema que a los más sesudos les dio por llamar laboratorio político, sí cómo no.

Para 2004, Héctor Ortiz, pasó por un momento semejante. En el PRI no lo quisieron como candidato y, tuvo que buscar camino. Encontró al PAN, acordó aliar a su nutrido grupo, el orticismo, con aquel y en la primera quincena de noviembre, pudo asestar un golpe más al PRI, cuyo candidato entonces era Mariano González, el mismo que ahora cuenta los minutos para comenzar a matratar a sus esclavos.

Parece que el premio por haber hecho del PAN un partido en el poder, será una embajada y, claro, la cercanía con el Presidente (no sé si eso le sirva a Ortiz de mucho).

Tras esas dos experiencias de derrota, el PRI, mejor dicho, su dirigente entonces, Beatriz Paredes, rectificó el camino, no desechó las anteriores experiencias de fracaso, apretó tuercas a su amigo Héctor, panista por circunstancia, y aseguró el gane de Mariano, el menos malo de los dos contrincantes en julio.

Dicho aprendizaje no pasó desapercibido por otros personajes que, guardadas las proporciones lo aprovecharon para obtener beneficio personal y de su grupo inmediato.

Es el caso del Partido Naranja y Rubén Flores Leal. El primero, incapaz de aplicar el olfato para asegurar su futuro, mientras el segundo, ya hasta se olvidó que alguna vez fue dirigente de Convergencia.

A dos de sus incondicionales, Guillermo Ruiz Salas y Eloy Berruecos,  los expulsaron. Pobrecitos!, cómo los afectó semejante medida. No dejan de carcajearse. Y al mismo tiempo se aprestan a ser factores importantes en el nuevo gobierno. El primero  por su reconocida capacidad en el ejercicio del Derecho Electoral.

Eloy, será tal vez el más rastrero de los diputados, aunque para eso pida a cambio el correspondiente pago por haber conseguido la independencia  de ese molesto emblema naranjita.

Así se llega la hora de asumir el poder.

Mariano estará más interesado en otros temas ya como mandatario. Así que el supuesto expediente de uno de sus cercanos colaboradores, Rubén Flores Leal, es lo que menos le preocupa.

Hoy, el célebre Flores Leal sabe que su estrategia rinde frutos.

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