Compártelo en tus redes sociales

Engranes como el llamado kike padilla y otros se activaron a la inversa y… van a tronar


Que el consejo local del IFE en Tlaxcala haya eliminado la posibilidad de debate entre candidatos nos explica en forma adelantada que el abstencionismo hará su víctima a esta elección, en porcentajes que podrían superar las sesenta unidades.

Hay temas a los que no debe darse la espalda. El ex alcalde de Zacatelco, Felipe Sánchez Lima, puso el dedo en la llaga al hablar de la maltrecha economía en el poniente del estado y la necesidad de confrontar ideas como estímulo a un electorado que cada día se siente más lejano de su propio estado.

Y esgrimir que la ley no los obliga a organizar debates es un argumento tan mediocre que, ya se explica uno cómo un evento tan importante como el del cinco de julio es para la autoridad electoral un mero trámite.

Creo que para la confrontación de ideas no hacen falta grandes despliegues de recursos, como sí en cambio se requiere de una autoridad interesada en no colocar a Tlaxcala en el último lugar nacional de participación en los comicios que definen la mitad del proceso de 2010.

Los contrastes

Cuando uno ve en el aparato de difusión de los candidatos contrastes tan marcados como ocurre en el segundo distrito con Pedro Arturo (PRD) y Julián (PAN), se abonan hipótesis muy de fondo que relacionan a esta elección con la ya vecina para votar por gobernador, alcaldes y diputados locales.

Digamos que quien gane el cinco de julio habrá conseguido algo así como la mitad de la candidatura al gobierno de Tlaxcala.

Que la presencia del tabasqueño en estas tierras tiene mucho que ver con un espíritu aventurero, a diferencia de lo que significa el resultado que obtenga el ex secretario de Salud, Julián Velásquez y su equipo.

Mientras el primero se debate entre la esperanza de reavivar el voto duro logrado por AMLO en 2006, el otro habría entrado en desafíos de no menos trascendencia como lo puede ser el cambio de algunas letras en la corriente empoderada llamada orticismo.

Esta, no ha de ser perenne como marca y sí en cambio, el origen de lo que ya se perfila como el julianismo, capaz según lo ha permitido el paso de los meses, de concitar a dos de los más importantes aliados del orticismo.

El uno, digamos que aglutina al sector del conocimiento bajo un liderazgo tan férreo que, fue capaz el pasado 15 de mayo de cimbrar a la mismísima estructura cuasi invulnerable en un célebre acto realizado en La Finca.

Fue ahí donde los distintos liderazgos que confluyen en la máxima casa de estudios del estado –con injerencia en todos los ámbitos del quehacer político – cerraron filas con el académico que va en pos de la presidencia de la comisión de Salud de San Lázaro.

Otro ente de poder, tan alejado del reflector como capaz de mantener sus 26 mil votos colocó su concavidad en el convexo de un proyecto que aguantando al fuego amigo ha sido capaz de dejar en descubierto a quienes, como Enrique Padilla, se empeñaban en activar a la inversa los engranes que en este grupo empoderado suelen funcionar con niveles relevantes de perfección.

Ni qué decir de la contracampaña de personajes como Miguel González, del Coceet, cuya contracorriente lo toma de la mano y lo coloca en el follaje de la ilógica, al menos para los intereses suyos, de no errar su carrera alejándose de la nómina.

Aceptar una nueva denominación para llamar al proyecto original es la tarea que se hace vigente, pero el fuego amigo se ha extinguido como una señal inequívoca de que la transición está pactada.