Tiene mucha razón las autoridades cuando aseguran que la cuarta ola de contagios de Covid-19 no ha tenido consecuencias graves para la entidad y los tlaxcaltecas, pues aunque el número personas infectadas ha alcanzado cifras récord en los últimos días y semanas, la realidad es que no se ha registrado la saturación de las camas con ventilador para atender ese tipo de pacientes en el estado de Tlaxcala ni se ha disparado la cifra de personas fallecidas.

 

 

La vacunación contra el Covid-19 que puso en marcha el gobierno federal y la pasada administración estatal encabezada por el priista Marco Antonio Mena Rodríguez sin duda ha ayudado a las actuales autoridades de Tlaxcala encabezadas por la morenista Lorena Cuéllar Cisneros para evitar una crisis sanitaria, ya que hasta ahora las medidas implementadas para contener y frenar los contagios han sido un fracaso y en algunos casos también son consideradas antipopulares.

 

El Consejo Estatal de Salud bajo el mando del actual secretario de Salud de Tlaxcala, Rigoberto Zamudio Meneses, sigue viéndose como un organismo improvisado, lento y con decisiones que en los hechos nadie acata ni respeta, de ahí que el número de infectados por ese virus haya superado en la cuarta semana de enero los 3 mil casos, cifra que supera por mucho los registros que se tenían y que el más alto fue de 567 contagiados.

 

El manejo de la pandemia en el actual gobierno es diferente al que manejaba la administración de Marco Mena. La percepción de los ciudadanos y las ciudadanas es que con el priista exista más firmeza y experiencia sobre el tema y que hoy las decisiones se toman de acuerdo con la conveniencia de las autoridades que un mes permiten e incitan a las concentraciones y al otro simulan que restringen las actividades comerciales y no las escolares para disque romper la cadena de infectados.

 

Los tlaxcaltecas no se olvidan de diciembre y de las actividades fomentadas por el gobierno estatal que alentó el recreo en plena pandemia para presumir su trabajo logrado en 100 días y para apapachar y al mismo tiempo hacer negocio con la Villa Navideña.

 

Desde ese tiempo las autoridades de Salud de Tlaxcala bajo el mando de Rigoberto Zamudio ya sabían que estaba por llegar la cuarta ola de contagios y aun así éstas optaron por relajar las medidas sanitarias que hoy mantiene en lo más alto el número de contagios de Covid-19 entre la población que hasta ahora sólo ha llevado a saturar las camas disponibles en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

 

Y por esas malas decisiones, hoy los ciudadanos y las ciudadanas enfrentarán la cancelación del Carnaval, una festividad popular que los habitantes de la mayoría de los municipios preparan y celebran con gran entusiasmo.

 

En el imaginario colectivo cada vez crece más la percepción que el gobierno estatal si puede relajar las medidas sanitarias cuando le conviene y beneficia, pero no asume la misma actitud cuando se trata de una festividad del pueblo como es el Carnaval.

 

La administración de Lorena Cuéllar podrá señalar que las críticas por el mal manejo de la pandemia provienen de algunos medios de comunicación malintencionados, sin embargo bien valdría la pena que hicieran un alto en el camino para que verifique si es mentira o realidad que los ciudadanos y las ciudadanas hoy desaprueban la estrategia contra el Covid-19, porque sencillamente no ven congruencia ni consistencia en las decisiones que se ha aprobado en las últimas semanas el Consejo Estatal de Salud.

 

Me queda claro que la gobernadora Cuéllar es una mandataria responsable y que siempre velará por la salud de los tlaxcaltecas, pero para su mala suerte a su lado tienen funcionarios que en el ejercicio de la medicina privada son excelentes como el médico Rigoberto Zamudio, no así para el sector público, pues no ayudan al ponerse exigentes porque es obvio que no entienden la idiosincrasia de los habitantes de la entidad.

 

El pueblo es sabio. En Tlaxcala ya ha dado muestras de que sabe premiar y también castigar.

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