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Archiv para 6 enero, 2012

La bronca tricolor por las obras mal hechas… vil teatro electoral y hasta, ¡étnico!

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El pleito personal es entre los libaneses González Zarur y Luévano Escalona; el electoral, entre Mariano y Héctor Ortiz, y el político, entre el gober y la familia tricolor: María de los Ángeles Moreno-Beatriz Paredes-Ortiz y Luévano… ¡qué bonita familia!

Tras ocho meses de auditoría, el secretario de la Función Pública, Hugo René Carreto Temoltzin, reveló las conclusiones respecto a dos obras emblemáticas del orticismo: la Plaza del Bicentenario y el edificio de la USET.

Concentrémonos en la primera: el complejo cultural que se alza en lo que fue una famosa escuela primaria y el edificio de la Secretaría de Salud.

De acuerdo con el gobierno de Mariano González Zarur, se trata de: “una obra de mala calidad, que no cumple en su totalidad con los principios de economía, seguridad, durabilidad, estética y de satisfacción social”.

Yo añadiría que es la reafirmación de la declaratoria de guerra entre dos libaneses obstinados en demostrarse superioridad uno al otro.

Si Jesús Luévano Escalona, regatea la genética de Mariano –entre sus raros alardeos lo minimiza porque sólo lleva el apellido libanés por parte de la mamá- el gobernador de Tlaxcala, ya anunció la intervención de la Procuraduría de Justicia, ante la clara violación al artículo 51, que condena la asignación de obra pública a quien forme parte del gobierno: (Aquéllas en que el servidor público que intervenga en cualquier etapa del procedimiento de contratación tenga interés personal, familiar o de negocios, incluyendo aquellas de las que pueda resultar algún beneficio para él, su cónyuge o sus parientes consanguíneos hasta el segundo grado…)

Ahora bien, remontémonos al último día de enero de 2011, cuando el titular de Secoduvi, Roberto Romano Montealegre, dio un pormenor de la polémica Plaza: “Faltan algunas instalaciones, de mecánica teatral según lo que hemos detectado, falta lo que es escenografía, acústica, faltan muchas cosas pero que no estaban programadas, esas se tienen que programar en otra etapa”.

Se infiere prisa por salir del apuro.

Entonces crece el supuesto que, ante su origen orticista-luevanista, el arquitecto Romano Montealegre, pese a encontrarse –así lo afirmó- con más de 80 por ciento de la entrega recepción de la dependencia, justificó el formidable retraso: “las obras inconclusas es (sic) porque se calendarizó la ejecución en octubre o noviembre, una obra tiene un periodo de ejecución de más o menos tres meses, entonces ahorita está por terminarse, ya la mayoría está en proceso del finiquito”.

Es de reconocer la persistencia de González Zarur, para desenmascarar a su antecesor en ese mar de corrupción que le prodigó la obra de gran envergadura.

Evidenciar a Jesús Luévano Escalona (Empresarios Unidos de la Construcción), y advertirlo que será parte de un proceso penal, deja atrás la especulación que en el primer intento –fallido por cierto- ocasionaron las generalidades a las que recurrieron el secretario Temoltzin Carreto, y el consejero jurídico, Marco Antonio Díaz Díaz.

El agarrón se ensanchó y no sólo señala al ex gobernador Ortiz como responsable. Ahora involucra nombres de la talla de Wilfrido Domínguez y Adalberto Campuzano Rivero.

En el terreno personal, el enemigo es Luévano Escalona. En el electoral, queda muy clara la intención de sacar de la jugada a Héctor Ortiz.

Pero en el ámbito político-partidista vuelve a abrirse el frente contra María de los Ángeles Moreno, incansable patrocinadora de Adalberto Campuzano.

Y en esa red tricolor, el asunto ahora sí expuesto con el talento de asesores legales que usan de parapeto a la dupla Temoltzin-Díaz, retoma sin embargo el mismo camino que originalmente tuvo: María de los Ángeles-Beatriz Paredes-Héctor Ortiz.

No podríamos dejarnos de cuestionar la prolongada espera para sacar a flote esta podredumbre.

Nos encontramos en pleno proceso electoral.

Y si bien el marianismo reconoció su inacción negando los, “monumentos a perpetuidad” –este fue como el prólogo de la actual novela chafa, una real convicción de combatir las corruptelas tendría que ser sólo una parte de la expectativa creada a modo de complejo pulpo, con suficientes tentáculos para poner tras las rejas a quien lo merezca, pero sin ablandar el otro tentáculo, el del trabajo, el del progreso, el de las obras ahora sí con la divisa marianista.

Mariano sabe hasta dónde hurgar. Está consciente de ciertos pendientes en su papel de administrador del Senado de la República, como la adquisición sobrevaluada del terreno donde se erigió el nuevo y ostentoso edificio senatorial, así como los riesgos de activar todo de cuanto recurso disponga aquella red Moreno-Paredes-Ortiz, a la que se suma el apellido Luévano, no sé para tocar puertas y obtener testimonios perniciosos a quien ahora está envalentonado.

Ojalá nos encontremos ante un proceso que llegue a las últimas consecuencias. Que no accione de súbito el freno que trata de poner el cascabel al gato en esta jornada de lastimaduras entre tricolores, precisamente hoy que tanto requieren unidad para impedir la eventual catástrofe de una derrota peñanietista en julio.

Emociona el despertar de Mariano.

Si estos ímpetus para justificar al gobierno del no hay se hubiesen aplicado desde el inicio de la administración, otro gallo nos cantara en los capítulos de opacidad, desempleo y pobreza extrema.

Nos damos cuenta, sin embargo, que el único que pierde es el pueblo de Tlaxcala.

Pierde porque, ¿a quién conviene el triunfo electoral de unos u otros, materia de fondo de este conflicto? Sabe qué… es irrelevante.

Pierde porque el ansia protagónica del orticismo, con más obras de las que pudo solventar, lejos de ser el estirón, devino con el paso de los meses en la causa de la parálisis, sinónimo de edificaciones a medias que no demoran en convertirse en ruinas.

La historia no es nueva.

Recuerdo los establos millonarios impulsados en la época de Beatriz e ideadas por un inquieto Alfonso Sánchez Anaya, y sus remedos de política social. Hoy, esa enorme infraestructura yace como monumento a la falta de visión.

Recuerdo la estupenda unidad deportiva edificada en Santa Apolonia Teacalco, esa sí cuidada por la comunidad, pero naciente debido al pánico infundido en su momento a un gobernante bien miedoso como lo fue el priísta José Antonio Álvarez Lima.

¿Y cuál será el destino de la Central de Abasto, de la autopista Tlaxcala-Xoxtla, de la tutela universitaria sobre la amplia explanada y auditorio, llamada Plaza Cultural Bicentenario?

Es urgente que estos priístas y ex priísta, acaben con la especulación y sobre todo, concluyan las obras.

Parten de principios de confrontación realmente inútiles, sustentados en cuestiones étnicas… hágame el favor.

Nosotros qué culpa tenemos si son o no son libaneses de cepa.

Lo que sí le digo es que por esos complejos, nosotros, los de carne y hueso –pues ellos son cuasi etéreos- padecemos un estado roto.