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Archiv para 26 mayo, 2011

El destino de la Plaza Bicentenario: la UAT pierde, la obra se estanca; la UAT gana y sienta un precedente

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Sería en la primera semana de junio cuando la justicia federal otorgue o niegue el amparo a la UAT sobre la Plaza del Bicentenario; esto exhibió una de las partes más vulnerables del marianismo: sus colaboradores.

A finales de 2009, tras un accidentado proceso para hacerse de poco más de dos hectáreas y media de terreno en una de las zonas con mayor movimiento de la ciudad de Tlaxcala, inició la construcción de la Plaza del Bicentenario, pretendida obra icónica del orticismo cuya culminación no pudo darse pese a los más de trece meses de labor y, una inversión de más de 400 millones de pesos.

En marzo de este año, la administración de Mariano González Zarur, clausuró la obra.

Indignado por un súbito comodato por varios años a la Universidad Autónoma de Tlaxcala, González Zarur, aplicó medidas bajo una lógica congruente para responder el golpe bajo asestado por su antecesor, quien decidió arbitrariamente dejar la multimillonaria construcción en manos de la institución que cuenta como un activo más en el patrimonio administrado por los grupos políticos afines a él.

El problema de Mariano es haber pensado que contaba con el respaldo de profesionales del Derecho, quienes haciendo mancuerna con otros profesionales, de la construcción, iban a posibilitar a su gobierno tomar el timón de la obra y, por lo tanto, manejar los millones de pesos que aún faltan para su conclusión.

Los profesionistas del marianismo se dedicaron a alentar en su patrón una actitud beligerante, coronada con frases de la talla de: “no puede haber un estado dentro de otro estado”.

La apreciación del señor Manchis es correcta. Pero no asesorarse de los mejores abogados quizá sea su error.

Muy de traje y con sobradas actitudes puede verse en video, un recorrido encabezado por el secretario de la Función Pública, Hugo René Temoltzin y por el consejero jurídico Marco Antonio Díaz, entre otros.

Nadie puede negar que fueron detectadas aparentes fallas en la construcción. Columnas mal coladas, pisos fracturados y otro tipo de anormalidades.

Como chamacos que hallaron el mapa del tesoro, los funcionarios que le platico se dijeron a sí mismos; “no, pues de aquí a la inmortalidad”, y sabedores que sus opiniones pesan en el temperamento de su patrón no dudaron en ofrecerle múltiples cálculos de éxito, en lo legal y en lo técnico.

Yo creo que se excedieron en el culto a sí mismos. Comprometieron la imagen de un gobierno estatal que pudo haberse mostrado ecuánime ante el golpe bajo de Ortiz, comprometiéndolo al cumplimiento puntual de acuerdos a cambio de pactos de alto nivel.

Pero escogieron el camino difícil. “Te voy a demostrar que soy más capaz que tú”.

Y entraron en una espiral estúpida e improductiva.

A los ojos de la gente quedaron como un gobierno durísimo, castigador y sobre todo rudo.

Nada habría que conviniese más a los intereses orticistas que esta actitud cerrada pues, si el problema se circunscribía a la falta de un proyecto y a fallas técnicas, el desacuerdo devino en conflicto de carácter legal, en el que cualquiera de las partes puede aspirar a un triunfo en materia de derecho, lo cual no quiere decir que se trate de un triunfo justo.

Y las corvas de esos dos funcionarios y otra media docena, tiemblan sin control pues se acerca el plazo fatal.

Sería la primera semana de junio cuando la justicia federal falle a favor o en contra de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, respecto del comodato que abarca la construcción y administración de la Plaza del Bicentenario.

Escenario 1

La UAT pierde

El gobierno de Mariano González Zarur, demuestra que contra él nadie puede, ni siquiera la universidad pública, pero su incapacidad de gestión ocasiona que la obra quede por años en el estado que se encuentra, es decir a medias.

Entonces su deterioro será inevitable. Y será colocada una enorme lona, como al modo de narcomanta, con la leyenda: “Yo, el señor manchis, no tuve la culpa de que la obra quedara a medias, todo es culpa del gordito que me antecedió”.

Durante los restantes cinco años y medio la icónica obra quedará varada para aprendizaje de las actuales y nuevas generaciones respecto a cómo no se deben hacer las cosas.

Hay evidencias que respaldan este dicho pues no hace mucho, el rector Serafín Ortiz, propuso –con rotundo resultado negativo- hacer mancuerna con el gobierno del señor Manchis para intentar la gestión ante el gobierno federal. La respuesta la imaginará usted: “¡ni madres!”

Escenario 2

La UAT gana

Ya me imagino la que le espera al juez federal que se atreva a otorgar el amparo a favor de la UAT y su comodato. Primero que nada, será cesado por el señor Manchis. O por lo menos, habrá de recibir todas las ofensas que de la fina expresión de nuestro gober pueden salir más o menos en el tiempo que a sus especialistas en Derecho les llevó tomar la decisión para proponer el aplastamiento del proyecto cultural del pasado gobierno.

Con la pena, pero funcionarios de la Secoduvi tendrían que acatar las instrucciones tomadas en un sitio alterno al Palacio de Gobierno. Y los cientos de obreros concentrados en acabar con el proyecto recibirán su paga en una forma un poco extraña, porque a lo mejor su cheque llevará la firma del señor Manchis y la del rector de la UAT.

Como quieran, pero que acaben la obra

Según el gobernador Mariano González, nadie debe creer que su gobierno sea débil por el hecho de ser tolerante.

La debilidad de su gobierno no podría verse ni en las ganas que él en lo particular le imprime, ni en el violento carácter suyo, capaz de romper registros en número de regaños y saña de los mismos, a subordinados, jueces o lo que usted quiera.

El concepto de fortaleza que maneja el mandatario local, se desvanece con la mediocridad de algunos de sus colaboradores, quienes cayeron en la tentación de permitirse actitudes protagónicas, antes de demostrar capacidades de trabajo.

A lo más que pueden llegar es al berrido público que, aquí entre nos vale para dos cosas.

Esperemos el fallo del juez y veamos las posibilidades de que la gran obra llegue a su fin, o se deteriore durante los próximos cinco años y medio.