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Tuberculosis

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Esa tos de la que debemos desconfiar

Si alguna vez se encuentra cerca de alguna persona con una tos persistente tenga cuidado pues existe el riesgo de estar ante un enfermo de tuberculosis, una infección sumamente contagiosa que involucra los pulmones y que tiene grandes implicaciones físicas, económicas y sociales.

Provocada por un microorganismo mejor conocido como el Bacilo de Koch, es un padecimiento muy serio ya que el contagio se produce de manera directa de persona a persona, al inhalar los bacilos que se transportan en el aire en forma de pequeñísimas gotas de saliva o esputo generadas por el enfermo al toser o estornudar, escupir e incluso al hablar.

Está fuertemente asociada a condiciones de pobreza y hacinamiento. Hasta el momento, no ha logrado ser erradicada de los países subdesarrollados por lo que tiene una diseminación mayor de la que usted piensa. La Organización Mundial de la Salud calcula que aproximadamente un tercio de la población del planeta sufre esta enfermedad.

Aunque involucra por predilección a los pulmones, el microorganismo identificado también como Mycobacterium Tuberculosis puede afectar además otros órganos vitales como riñones, glándulas suprarrenales, hígado, huesos, articulaciones, meninges, entre otros.

Si bien en los países altamente industrializados se había logrado reducir de manera significativa las tasas de prevalencia y mortalidad de Tuberculosis Pulmonar entre la población, hubo un repunte muy importante a partir de la década de los ochenta debido a su vinculación a la epidemia del Síndrome de Inmunodeficiencia adquirida (SIDA), pues la infección del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) incrementa la susceptibilidad a sufrir TB entre 100 y hasta 200 veces en comparación con los no infectados.

De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana 006, para la Prevención y Control de la Tuberculosis, toda persona con tos y hemoptisis con al menos dos semanas de evolución es sospechosa de padecer Tuberculosis por lo que es objeto de seguimiento obligado en las unidades de salud y hospitalarias y es conveniente que sea sometida a pruebas para descartar o confirmar el diagnóstico, en cuyo caso será necesario iniciar la farmacoterapia establecida para su control.

Identificada a tiempo la Tuberculosis Pulmonar es curable, pero requiere lapsos de tratamiento muy largos de por lo menos seis meses, durante los cuales debe haber una supervisión puntual de que el esquema de toma de los medicamentos sea aplicado para evitar recaídas.

Cuándo estar alertas

Existen síntomas indicativos que aumentan la posibilidad de estar frente a casos de tuberculosis, pero que una vez identificados deben ser complementados con pruebas de laboratorio para su confirmación. Un paciente con TB puede mostrar síntomas clínicos como pérdida de peso, anorexia, sudoración nocturna, disnea.

De manifestarse este cuadro se precisa solicitar otros estudios como la Baciloscopía, que consiste en el análisis de tres muestras de esputo (la flema que se produce con la tos) que tiene por objetivo identificar al microorganismo causante (Mycobacterium Tuberculosis) para determinar el diagnóstico como positivo.

Es preciso subrayar que cuando se confirma un paciente con Tuberculosis las autoridades de salud están obligadas a estudiar cinco individuos que hayan tenido contacto con el enfermo debido al carácter altamente contagioso de la enfermedad.

Otro examen aconsejable es el denominado Prueba de Sensibilidad a la Tuberculina (PPD), que está indicado cuando la persona no presenta signos o síntomas, pero que es susceptible de ser portador del bacilo y tener la enfermedad por haber convivido con algún paciente tuberculoso.

La Radiografía de Torax es un estudio muy importante ya que permite identificar el daño a los pulmones, su extensión así como también las eventuales complicaciones por la TB. Si se ha extendido a otros órganos la biopsia es el siguiente paso.

Etapas de la Tuberculosis

Los trastornos crónicos como las enfermedades pulmonares, la supresión del estatus inmunológico por administración de medicamentos, linfomas, desnutrición, promiscuidad, hacinamiento, mala higiene, adicciones, entre otros factores, favorecen el desarrollo de la enfermedad.

La Tuberculosis se presenta en etapas. La infección primaria o latente suele pasar desapercibida ya que no da manifestaciones obvias. Quienes la padecen no son infecciosas pero dan resultados positivos al realizarles pruebas de sensibilidad a la tuberculina. La evolución hacia una TB activa depende de la edad del individuo (aumenta con la edad) y también del estado inmunológico de cada uno en particular.

En algunos casos, como en los niños en etapa de preescolar, esta fase puede tornarse hacia un cuadro complejo como bronconeumonía en la cual el menor desarrollará disnea, tos, fiebre y hemoptisis. Si se complica es posible que se convierta en una neumonía tuberculosa, cuadro muy factible tratándose de aquellos pacientes que tienen un alto grado de desnutrición.

La Tuberculosis latente o secundaria se caracteriza por lesiones típicas (cavernas) debido a un proceso de sensibilidad desencadenado por los bacilos, en los cuales se forma una variante inflamatoria crónica granulomatosa.

Se pueden abordar estas lesiones mediante fármacos con un buen pronóstico de recuperación. Las cavernas suelen localizarse en el vértice de uno o de ambos pulmones y abarcar tanto el parénquima pulmonar como los ganglios regionales. Las secreciones provocadas por la necrosis tisular se denominan esputo, espectoración altamente infectante.

Si el esputo es deglutido puede dar lugar a una tuberculosis intestinal. Al toser existe la posibilidad de que se infecte otro punto del árbol traqueobronquial, faringe y boca.

El tratamiento farmacológico fundamentalmente consiste en la administración de más Etambutol o Pirazinamida y Etambutol, que en una fase intensiva requiere 60 dosis.

Una fase de sostén en el tratamiento necesita 45 dosis de Rifampicina, más Isoniacida y Etambutol. Por la larga duración de los tratamientos, como se menciono antes, necesita un seguimiento puntual del personal de salud puesto que los pacientes pueden abandonar con facilidad la terapia al sentir mejoría.