TRASTORNOS DEL EQUILIBRIO

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Como caer en un abismo

Dejemos a un lado por el momento el tema de la Influenza humana y el virus A H1N1, ya que según la información oficial la epidemia parece haber sido controlada. En esta ocasión el blog tocará uno de los estados de pérdida de la salud más incapacitantes que se conozcan y no pocas personas lo padecen a pesar de sus particulares síntomas.

Y es que se calcula que cada año alrededor de 100 mil personas reportan haber padecido esta enfermedad. Desafortunadamente, cómo en muchas otras afecciones, se desconocen las causas que la provocan y por si esto fuera poco menos aún se ha podido encontrar una cura, aunque si  existe tratamiento para aliviar el conjunto de malestares que la caracterizan.

Aparece de manera súbita,  por lo común inesperada y casi no proporciona síntomas previos. Su diagnóstico es un tanto complejo porque se requieren una cantidad importante de estudios.

Imagine por un momento que de un momento a otro siente como si cayera en un vacío, que por instantes -que parecen interminables- entra en una desorientación total que no le permite mantenerse en pie.  Acto seguido, le sobrevienen vómito incontrolable suda copiosamente y suele manifestar poca tolerancia  la luz, entre otros.

Estamos hablando de un caso de Hidropesia Endolinfática o Síndrome de Menière, uno de los trastornos del oído que tiene efecto sobre el  equilibrio.

En efecto, esto le sucedió a sus 45 años a Gerardo N, un entrañable amigo y paciente, quien de un momento a otro padeció esta crisis siendo antes un hombre robusto, activo,  aparentemente sano y sin adicción alguna. Nunca hubiera sospechado que algo así pudiera postrarlo por días con un estado de salud tan precario.

Antes de la aparición de los síntomas el paciente dio una pista de lo que se podría tratar. Señaló que tiempo atrás y de manera recurrente había experimentado “ruidos”  parecidos a  sibilancias o zumbidos. Días después de las primeras horas de la crisis más aguda, permanecieron en él una  inestabilidad notable debido a sensación de mareo, hipoacusia, dificultad para enfocar bien las imágenes que gradualmente fueron disminuyendo en intensidad.

El problema radica en el oído interno, es decir la parte más interior del órgano que nos hace escuchar.  Esta parte, también conocida con laberinto, contiene un líquido en una cantidad que en combinación con un nervio y diminutas estructuras ciliadas, permiten a la persona mantener el equilibrio según  la interpretación de su organismo. El desorden se inicia cuando dicho líquido (endolinfa) aumenta, lo que conlleva  una inflamación interna del laberinto.

Quien experimenta una crisis y la familia suelen relacionarlo con tumoraciones en la cabeza, hasta que llegan a los consultorios de los especialistas que realizan el reconocimiento y las pruebas necesarias para descartar tal posibilidad y confirmar el diagnóstico como Síndrome de Meniére.  Tal como lo dijimos al principio, no está clara la causa de la afección pero por lo regular se le relaciona con golpes o accidentes en el cráneo, infecciones del oído,  estrés, algunas adicciones e incluso con el empleo de medicamentos.

Entre algunos de los estudios que se realizan para establecer un diagnóstico  correcto  se mencionan la electronistagmografía, revisión de la audición, tomografías y resonancias magnéticas, siendo los médicos internistas y los otorrinolaringólogos quienes suelen lidiar con mayor frecuencia con trastornos del equilibrio como el descrito.

Explorando un poco más el caso de Gerardo, se conoció que primos hermanos han cursado por esta desagradable experiencia y, tal como lo señala la bibliografía consultada, los ataques pueden volver en algún momento. Con esto se podría confirmar que si hay motivos,  aunque no de forma concluyente,  para relacionar el síndrome con la genética.

También el Estrés parece jugar un papel determinante, al parecer como detonador.  Cuando menos, cuatro pacientes consultados, refirieron haber atravesado recientemente por momentos de fuertes presiones intrafamiliares,  económicas  y laborales.

El pronóstico varía de persona a persona. Es posible que la sintomatología remita espontáneamente. De lo contrario se requiere tratamiento para controlar los síntomas de manera más frecuente con medicamentos que logran disminuir la concentración excesiva de líquido en el oído, así como otros para atenuar las náuseas y el vómito.

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