¿Dónde quedó el “efecto Benedicto XVI”?

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La decisión del Papa Benedicto XVI de viajar a México poco antes del inicio de las campañas electorales, en marzo pasado, fue leída en clave política. “Viene a favorecer a un partido”, “tiene un interés electorero”, “busca doblar la elección” fueron algunas de las peregrinas frases que profirieron diversos personajes públicos. Todos coincidían en una cosa: la visita apostólica tenía supuestamente como único objetivo de favorecer al gobernante Partido Acción Nacional. Pero ayer ese instituto sufrió una terrible derrota en las urnas, la peor en muchos años. Y entonces, ¿dónde quedó el “efecto Benedicto XVI”?

La cuestión no es menor, porque durante semanas personalidades dispares utilizaron la gira del Papa al país para propiciar un encendido debate que montó especialmente gracias a ciertos periodistas. Como por ejemplo José Cárdenas, quien poco antes del aterrizaje del pontífice lo calificó de “líder sin carisma ni calor”, que llegaría a la panista Guanajuato para “favorecer una elección en que el partido en el poder se negará a soltarlo fácilmente”.

Evidentemente como “opinionista” Cárdenas transmitió su opinión personal, personalísima. Ya que los hechos le desmintieron olímpicamente. No sólo porque fueron cientos de miles, millones los que dieron la bienvenida al Papa por las calles de León, Guanajuato y Silao. Multitudes dignas de un líder con algo más que simple calor. Sino porque, como era previsible, el obispo de Roma no favoreció a nadie. Los números de la elección están ahí para demostrarlo.

Y eso que uno de los estrategas de la campaña presidencial de la derrotada candidata panista Josefina Vázquez Mota fue Juan Manuel Oliva, el gobernador de Guanajuato y artífice de la visita papal. No por nada los cuatro candidatos contendientes por la presidencia de la República asistieron a la misa presidida por Benedicto XVI el domingo 25 de marzo en Silao.

Una reflexión surge espontánea, a toro pasado. En México la Iglesia sigue siendo un blanco fácil para la manipulación, una realidad a tomar como bandera o como escudo para blandir contra el adversario en medio de la batalla política. Cuando debería ser, más bien, una institución super partes.

Serafines susurran.- Que el “efecto Benedicto XVI” a favor del PAN era una posibilidad inexistente, se sabía. Diversos elementos así lo marcaban. Un experimentado monseñor dijo alguna vez al autor de estas líneas: “¿Por qué los obispos se llevan bien con Enrique Peña Nieto? Porque les da lo que necesitan, mientras los panistas no”. Con esas palabras dejó en claro que, para muchos prelados en México, la victoria del abanderado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) nunca representó un problema.

El ex gobernador del Estado de México puede ser muchas cosas, pero no un improvisado. Al menos en materia de relaciones públicas. Supo, desde el principio, que no podía ganar la presidencia del país sin cultivar lazos importantes con la Iglesia. Y se dio a la tarea. Estableció vínculos con los obispos de su entidad, la que contiene algunas de las diócesis más pobladas del país. Les ofreció todo tipo de apoyos, desde recursos logísticos para actividades públicas hasta el impulso a normas legislativas de interés para la jerarquía católica.

A largo plazo el cultivo le dio sus frutos al egresado de la Universidad Panamericana, del Opus Dei. Por eso no fue casual que durante su visita a Roma, en diciembre de 2009, Peña Nieto fue recibido en privado por el secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone. Un gesto inusual.

Fue el único gobernador mexicano en recibir tal honor en el marco de las manifestaciones “Navidad mexicana en El Vaticano”. Esas muestras culturales que son una tradición desde 2007 y han tenido como protagonistas (en cuatro ocasiones) a gobernadores de diversos estados de México. De los cuatro sólo Peña fue recibido por Bertone, pese a ser los otros tres políticos del “católico” PAN: Emilio González Márquez (Jalisco), Juan Manuel Oliva (Guanajuato) y Rafael Moreno Valle (Puebla).

Querubines susurran.- Que hablando de “Navidad Mexicana en El Vaticano” ya está decidido que la quinta edición de esa iniciativa estará patrocinada por el estado de Michoacán. Por lo tanto Fausto Vallejo Figueroa será el segundo gobernador priista en asistir a Roma y saludar al Papa, tras el multicitado Peña Nieto.

En estos días la administración michoacana está trabajando en identificar los artesanos que realizarán las obras manuales que adornarán, en el próximo mes de diciembre, diversas áreas de la Santa Sede.

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