La mamá-planta-guayaba

Julio César Gallardo

“Al anochecer, los espíritus de la muerte salen de sus cuevas, se convierten en murciélagos y vuelan a comer guayabas”


Esta narración es de los taínos, la cultura de las Antillas que observó por primera vez a los europeos, aunque también fue de las primeras en desaparecer, y que legó al idioma español los nombres de varias plantas, entre ellas el de la guayaba. La creencia taína es una descripción fiel del comportamiento de los murciélagos, que vuelan de noche para alimentarse de néctar, insectos o frutos, y que tienen una relación (interacción es la palabra utilizada) con la planta cuyos frutos se comen.

No hay duda que comer guayabas beneficia a los murciélagos, constituye su alimento y así obtienen energía para vivir y volar, y seguramente otras propiedades de la guayaba les resultarán muy útiles (imaginen tan sólo los beneficios que la guayaba tiene para nosotros). Pero, ¿qué gana la guayaba con que se coman sus frutos? La respuesta está dentro del fruto, es decir, en las semillas que como todos sabemos, si llegan a germinar pueden crecer y crecer hasta llegar a ser un árbol adulto como su mamá-árbol-guayaba.

Así que la historia es la siguiente, el murciélago se come los frutos y beneficia a la planta de dos formas; la primera es que vuele lejos, llevándose el fruto (semillas incluidas) muy lejos del árbol que las produjo. Y la segunda es que al comerse el fruto, las semillas atraviesan su intestino y, en el proceso, su cubierta se adelgaza; cuando son defecadas, esas semillas tienen mayor probabilidad de germinar. Con una cubierta más delgada, y lejos de su mamá-árbol-guayaba, la semilla germinará y crecerá hasta ser un árbol adulto que producirá nuevas guayabas, que los murciélagos comerán y… así sucesivamente.

Y esta labor la hacen no sólo los murciélagos; cuando los europeos introdujeron el ganado vacuno en las Antillas notaron que las guayabas les causarían problemas, ya que las vacas se comían los frutos y, al ser defecadas, las semillas crecían muy bien en el excremento de las vacas; así, los pastizales que intentaban crear se llenaban de árboles de guayaba. Pero al final, a los conquistadores también les gustaron las guayabas, tanto que se dieron a la tarea de llevar la planta al resto de los continentes en los cuales se cultiva hoy para consumo humano; y en muchos casos también alimentan animales, los cuales se comen sus frutos, dispersan sus semillas, que germinan y crecen y… creo que ya me entienden.

De esta manera, plantas como la guayaba producen frutos carnosos, coloridos y olorosos que son sumamente atractivos para los animales, lo cual no tiene otro objeto que la dispersión de sus semillas. La planta sólo espera al primer antojadizo que se cruce con la mamá-planta-guayaba, incluyendo murciélagos-espíritus de la muerte, para que transporten lejos a sus semillas. De cierta forma, la guayaba seduce a quien la come para que aún en la muerte, vuelva a comer sus frutos.

“Cuando la guayaba está madura, viene el pájaro y se la come”

Anónimo

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