México y Brasil, la diferencia

Alfredo Osorio S.

“No basta con tener grandes cualidades, es preciso saber emplearlas bien.”

François de La Rochefoucauld

Si pensamos en Brasil, de manera inevitable nos vienen a la mente su carnaval, el rey Pelé, su música, la final olímpica en Londres 2012 de futbol con el afamado Neymar, de hinojos, llorando su derrota ante México. Una victoria pírrica si vemos los laureles de Brasil en otros campos. ¿Cuáles? Digamos, por ejemplo, en la Ciencia y Tecnología (CYT), puntal para sostener el admirable desarrollo del país carioca.

La llegada de Lula a la presidencia del país sureño cambió todo. Éste ex obrero metalúrgico comprendió, sin asistir a Harvard, Yale u Oxford, la toral importancia de apoyar la CYT. Para ello tuvo que establecer proyectos, planes, dependencias gubernamentales –condicionándolas a la honradez y la eficiencia; invitó a las empresas a participar en la Financiadora de Estudios y Proyectos (FINEP) que es una empresa pública dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Quizá valga la pena deletrear un poco lo que la FINEP significa. Significa, ni más ni menos, la manera de participación de todos los actores de la sociedad brasileña, es decir, que rol tienen los empresarios –en todos sus niveles- las universidades, los profesionales de la ciencia, la ingeniería,  la tecnología, el gobierno, por mencionar sólo algunos cuantos.

Del Producto Interno Bruto (PIB), Brasil dedica el 1.28 % a la CYT. De manera comparativa, Chile aplica 0.7%, Argentina el 0.5%, y México 0.37%, según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Esta queja explica la diferencia. Brasil se está convirtiendo en nuestros días en uno de los principales constructores de aviones por medio de la empresa Embraer, vendiendo más de 5000 aviones en 92 países; avances en la investigación agropecuaria apoyándose en Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), investigaciones que le permiten cosechar  limones hasta 200% más por hectárea que en México;  quizá nos resulte extraño el nombre Marco Antonio Raupp, bueno, pues se trata del ministro de Ciencia y Tecnología de Brasil, ésta persona formó parte de la comitiva de Dilma Rousseff, que como sabemos es la presidente de Brasil, ambos hicieron un viaje a India hace pocas semanas. ¿A qué fueron a India? Fueron a firmar un acuerdo de CYT para poder lanzar un satélite geoestacionario de comunicaciones para dar banda ancha (problema actual en nuestro país, por la venganza de Felipe Calderón contra MVS) a la totalidad del territorio brasileño; el costo del lanzamiento será de 750 millones de Reales (aproximadamente 4890 millones de pesos, es decir, un poco menos de 372 millones de dólares). Con estos 750 millones de Reales, Brasil asegurará que prácticamente la totalidad del país pueda tener, potencialmente, banda ancha. Por pura comparación, la “subasta” inicial de la banda ancha de 2.5 GHz que el Licenciado Calderón Hinojosa, por medio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, está ofertando es de 2500 millones de dólares, 672% más cara que la brasileña. Buscar un acuerdo con India y Brasil para contratar su satélite, abarataría increíblemente la Internet y servicios colaterales, pero…, dejarían sin pingues ganancias al duopolio de televisión y cable del país.

“El problema es saber utilizar todo de manera integrada” reza una frase-emblema de las Universidades Federales y Estatales de Minas Gerais. Estas universidades han emprendido proyectos importantes como los siguientes: “Desarrolladora de Nuevos Biocombustibles”, “Empresa de Evaluación Genética en Bovinos”, “Desarrolladora de Nuevos Marcadores Genéticos para Cerdos”, “Prestadora de Servicios Para el Mejoramiento Genético de Rumiantes”, “Productora de una Nueva Vacuna Para el Combate de Garrapatas en Bovinos”. Estos cinco proyectos forman un conjunto, de tres, en los que se han embarcado las mencionadas universidades. Me parece que es la mejor manera de darle importancia social a las aplicaciones de la ciencia y tecnología; los científicos brasileños están dejando el cliché que todavía perdura en México: ver a los teóricos de las universidades como “bichos raros” que toman café encerrados en su esfera de cristal, sin contaminarse con la gente. Ojalá, en poco tiempo, seamos testigos de la aplicación de la CYT en nuestro país.

De neurona a neurona:

“Dios mío, hazme célibe (pero hoy no).”

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