Ese sinsentido llamado “Libertad académica”

Por Miguel Angel Méndez Rojas

 

El siguiente texto es básicamente una traducción/adaptación de una columna muy recientemente publicada por Colin Macilwain, un periodista escocés que escribe de manera cotidiana sobre política científica en Edinburgo, Inglaterra. En particular, es sobre la nota que publicó el 19 de Noviembre pasado en la revista científica Nature, titulada “Time to cry out for academic freedom” (Es tiempo para llorar por la libertad académica) y cuyo contenido me parece interesante tropicalizar y compartir. La nota completa está disponible en la siguiente liga:

http://www.nature.com/news/time-to-cry-out-for-academic-freedom-1.18813?WT.mc_id=FBK_NatureNews

Escribe Macilwain que hace varios años, un ex rector de la muy reconocida y prestigiosa Universidad de California en Berkeley, Clark Kerr, definió de manera memorable cuál era el papel de la administración en una Universidad: organizar los lugares de estacionamiento para la facultad, regular la vida sexual de los estudiantes y las actividades deportivas de los exalumnos. En el fondo, lo que Kerr quiso decir es que la administración universitaria es un mal necesario; los estudiantes y los profesores son el corazón y el alma de toda universidad y la que le dan significado a su misión y labor. Los administradores, en otras palabras, son meramente facilitadores del proceso. Sin embargo, hoy en día es difícil de decir. En instituciones a lo largo de todo el mundo, la fiebre de la “gestión” se extiende y las luchas de poder entre la academia y la administración favorecen a los últimos. Lo anterior se muestra con más intensidad en Inglaterra, en donde las reformas iniciadas por la primer ministra Margaret Tatcher hace 30 años permitieron que los vicerrectores extender su dominio sobre asuntos que antes eran de control académico, tales como los cursos a enseñar, el tipo de temas y agencias de financiamientos de investigación a desarrollar y aplicar, y los criterios para nuevas contrataciones. De esta forma, muchos de ellos operan institucionalmente como “ejecutivos en jefe”.

libertad1

Esta aproximación administrativa de gestión y el crecimiento en número y costos del personal administrativo, está ganando mercado a nivel mundial. Esto se debe principalmente a que muchos países toman como modelo a los sistemas educativos británicos o norteamericanos, por lo que implementan cambios en sus estructuras que no son más que meras adaptaciones que en el fondo favorecen el desarrollo de administraciones centrales más fuertes. En la opinión de Macilwain, él no está convencido de que este modelo sea el apropiado para servir a los intereses de los estudiantes, los profesores y las comunidades a las que las universidades supuestamente sirven. Considera que se basan en tablas de fortalezas que sirven muy bien para comparar instituciones en el mismo país, de habla inglesa, pero que pueden resultar complejas de interpretar cuando se pretenden usar como referencia entre universidades en lugares, contextos y circunstancias muy distintas. Esta visión comparativa empresarial puede barrer de las universidades a aquellos académicos independientes y reacios a este tipo de cambios, en un movimiento que se respalde de un lenguaje de gestión administrativa, con cifras y datos relucientes y frescos, pero ambiguos y sin sentido. La mayor resistencia a estos cambios ha provenido de las Artes y las Humanidades, con críticos como el literato Stefan Collini que ha proclamado que este movimiento está destruyendo al sistema universitario inglés. Los científicos parecen haberse favorecido ligeramente de este nuevo régimen y tal vez, por el momento, es la razón por la que han permanecido callados al respecto. Pero es una situación que no puede durar indefinidamente. El presupuesto para la investigación en Inglaterra se encuentra congelado por los siguientes cinco años y probablemente se recortará en la próxima revisión gubernamental. Los requisitos que ya se aplican sobre el control de las actividades de investigación a través del “Marco de Excelencia en Investigación” (Research Excellence Framework) quieren ser imitados ahora para la docencia en una propuesta llamada Teaching Excellence Framework. La presión y requerimientos que se impondrán a la academia a través de certificaciones, acreditaciones y otras métricas comparativas simplemente van acumulándose con el tiempo.

libertad2

Macilwain destaca que en Escocia la situación es contra la marea y que un esfuerzo importante se está haciendo para dar más peso al personal académico y a los estudiantes en los órganos de decisión universitaria. Nuevas medidas legales se están tomando para establecer elecciones obligatorias para la selección de los participantes en la estructura académico/administrativa de las instituciones de educación superior, requiriendo la inclusión de miembros de la facultad y del cuerpo estudiantil en los principales comités. Entre las medidas se incluyen aquellas que aseguren la libertad académica, como una obligación legal.

De esta manera, las universidades en esa parte del mundo (Escocia), parecen moverse hacia un ambiente más democrático y participativo. Un movimiento que sería deseable se esparciera por otras instituciones y países, en particular en aquellas en donde los conceptos de “participación igualitaria” y “libertad académica” han sido descuidados en pos de una visión institucional más cercana a los negocios y la sustentabilidad financiera. El culto al Jefe Ejecutivo ha permeado a cada porción de nuestra sociedad, pero las universidades no son corporaciones. Por definición son cuerpos auto-organizados de académicos. Los estudiantes y la facultad docente y de investigación deben estar representados en los comités más importantes de toda institución, aquellos que toman las decisiones clave. Lo anterior para asegurar que éstos le devuelvan su visión y misión central a las instituciones, recordándoles su objeto de existencia. Y, también, para asegurar el fortalecimiento de las instituciones y sus órganos de gobierno.

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *