¿Quién alimenta al terror?

Por Miguel Angel Méndez Rojas

 

La serie de ataques terroristas ocurridos en los días recientes han conmocionado al mundo entero. También han enfrentado a la gente, pues mientras muchos se solidarizan con las víctimas de países europeos como es el caso de los que murieron por los asaltos con metralletas, granadas y bombas de fragmentación en Paris, Francia. Pero no podemos cerrar los ojos ante los cientos de otras víctimas en países como Líbano, Siria, Senegal, Kenia, Irak, y otras naciones, que no representan situaciones aisladas sino, lamentablemente, una constante a lo largo de los últimos años. De hecho, las oleadas de inmigrantes de oriente medio que han escapado a través del Mar Mediterráneo o las fronteras de Turquía hacia los países europeos, no son más que una muestra de esa cotidianidad: permanecer y morir, o huir y tal vez morir en el intento. Pero con la esperanza de que la huida puede ser la diferencia entre una muerte horrible y una probabilidad de sobrevivir. Sin embargo, y aunque parezca que en el centro del problema está la religión, esta situación rebasa las creencias individuales y se enraíza en la ambición desmedida de unos cuántos (los de siempre) por controlar recursos naturales, enclaves geográficos estratégicos y dominar políticamente regiones y mercados. Es fácil engañarnos a través de los múltiples mensajes y propaganda que tratan de confundir a la sociedad sobre que la causa de todos estos problemas son las interpretaciones perversas de un grupo sectario musulmán que, interpretando de manera radical sus creencias religiosas, declaran una “guerra santa” (yihad) contra los “infieles” (todos aquellos que no profesan el Islam, pero incluso contra los propios musulmanes que no concuerdan con su propia visión e interpretación violenta de la doctrina contenida en el Corán). O están aquellos medios cínicos que intentan sentar las bases del problema en la inmigración (legal e ilegal) que a modo de diáspora envía a través de todo el mundo a ciudadanos que huyen de una situación política, económica o de seguridad en sus países para asentarse e iniciar una nueva vida en otro. Muestra de esta intolerancia fue el incendio provocado en un campamento para inmigrantes refugiados en Paris, precisamente la noche misma del atentado. Este incendio fue provocado no por terroristas sino por ciudadanos franceses extremistas que trataron de esta forma de “cobrarse la agresión terrorista”, sin ponerse a pensar que precisamente de lo que estos inmigrantes sirios, kenianos, libaneses o iraquíes huyen es de actos bárbaros y terroristas como el que golpeó la capital de Francia. Algunos más tratarán de ligar el problema al intervencionismo militar norteamericano, o al intento ruso de aumentar su presencia política en Medio Oriente, o a la desestabilización política generada por la revolución civil siria del 2011, o a la que se dio en Libia y que permitió la caída de Muamar el-Gadafi (un tirano y dictador visto desde la perspectiva occidental e incluso por los propios ciudadanos libios, pero que muchos analistas políticos internacionales consideraban como una “piedra de equilibrio” en el delicado orden geopolítico del mundo árabe). Tal vez un poco de todo, pero principalmente, la ambición por los energéticos (gas y petróleo), el control geopolítico de medio Oriente y la búsqueda del dominio de un mercado de muchos millones de dólares anuales.

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http://www.cfr.org/iraq/islamic-state/p14811

 

ISIS (siglas en inglés de Estado Islámico de Irak y Levante) no es un grupo separatista, o una simple secta religiosa. Es una organización militar, política y no secular, que enarbola la bandera del Islam para autoproclamarse como un Califato que busca extender su dominio no solamente a Irak, Siria y Líbano, sino también hacia todos los países del norte de África, Turquía, España, Portugal y avanzar hasta las antiguas fronteras europeas del Imperio Otomano (colindante con las fronteras actuales de Austria, en el corazón de Europa). ISIS no es un grupo fundamentalista religioso tradicional. Conoce bien cómo se maneja el mundo financieramente, entiende perfectamente la importancia de una mercadotecnia política para convencer (mediante el miedo o la ideología) a parte de la sociedad de que sus aspiraciones son genuinas (mas no necesariamente legales y justas). Sabe que para allegarse de fondos necesarios para soportar la compra de armamento y tecnología, así como para poder pagar a miles de milicianos voluntarios extranjeros (mercenarios) sus ofrecimientos económicos para unirse a sus filas, debe controlar la recolección de impuestos (y debe por tanto mantener aunque sea de forma mínima el ofrecimiento de los servicios básicos como agua, electricidad, salud, entre otros, en las poblaciones conquistadas) y debe controlar el mercado de bienes y materia prima. De esta forma, se enriquece vendiendo petróleo crudo no a un mercado negro, sino a los grandes compradores internacionales (gobiernos, empresas privadas), drogas, minerales, piezas arqueológicas de las culturas de Mesopotamia y Oriente Medio, e incluso personas (hombres, mujeres y niños) que son vendidos como esclavos en un mercado subterráneo pero no por ello inexistente. Todo esto ocurre con la complicidad de funcionarios, empresarios y ciudadanos incluso de los países que hoy combaten en el campo de batalla o en el debate público las acciones militares de ISIS. Es imposible no imaginar que una escultura saqueada de Palmira que hoy adorna el despacho de un alto ejecutivo industrial europeo o estadounidense no haya sido detectada mientras traspasaba fronteras internacionales, ni que los muchos millones de dólares pagados para cubrir la transacción (en efectivo o por transferencia electrónica a cuentas en paraísos bancarios o fiscales) no se haya detectado y registrado.

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http://www.mirror.co.uk/news/technology-science/technology/isis-encyclopedia-terror-secrets-behind-5528461

 

ISIS no es un grupo de ignorantes (aunque probablemente muchos de sus seguidores no tengan estudios de educación superior y sean susceptibles de ser manipulados por ideologías). Varios de sus dirigentes tienen estudios de posgrado, aunque éstos en su mayoría sean en teología musulmana (lo que explica en parte su cuidadoso lenguaje que orilla a sus seguidores a un fundamentalismo extremo). Son cuidadosos de los símbolos que emplean, de la producción selectiva de videos de adoctrinamiento (o de una mercadotecnia del miedo, mostrando sin pudor ejecuciones al más estilo medieval de prisioneros o civiles). Su bandera, en color de fondo negro y con una caligrafía descuidada de caracteres árabes, contiene expresiones sagradas como “No hay más dios que Alá” (La ´ilaha ´illa-llah), inscripción que también se encuentran en banderas de países musulmanes como Arabia Saudita. Más abajo, en el centro, un círculo donde también se lee “Mahoma es su profeta”. Lo anterior convierte a esta bandera en un símbolo sagrado, uno que para la tradición del Islam hace blasfemo y sacrílego cualquier acto en contra del mismo. En la identidad de una religión tan apegada a sus símbolos, esto convierte a esta bandera en un instrumento ideológico muy apropiado para incitar a los creyentes a apoyar, no por convencimiento sino por fe, sus acciones. ISIS explota la ignorancia de la gente, una ignorancia en donde la emotividad religiosa anidada en el corazón de la población la hace susceptible de ser manipulada de muchas formas. ISIS ha encontrado en dicha ignorancia un caldo de cultivo apropiado para sus objetivos de expansión y de reclutamiento. En los últimos 20, 30 años, las nuevas generaciones de hijos de inmigrantes que se han dispersado por todo el mundo (no solo Europa, sino en Estados Unidos, Canadá, África y Asia), viviendo en cinturones de marginación y miseria, en ambientes propicios para el adoctrinamiento ideológico, han crecido con la certidumbre de que es posible cambiar su situación social y económica a través de las promesas de este grupo religioso-político-militar. Convencidos de que las cosas mejorarán (en esta o en la otra vida), se convierten en instrumentos del odio y el terror.

ISIS explota la tecnología para su propio beneficio. Tiene una estrategia de marketing mediático muy efectiva, la cual no solo comunica sus atrocidades sino que permite mostrar un rostro jovial, seguro de sí mismo y con acceso a recursos tecnológicos muy eficientes para transmitir su mensaje. No solo a través de redes sociales, internet o incluso empleando consolas de videojuegos (como el PS4) para intercambiar mensajes, organizar ataques o movilizar información. Poseen estructuras de especialistas en informática que saben moverse con facilidad en la “dark web”, a través de la cual venden el petróleo crudo, comercializan drogas o bienes artísticos. Sin lugar a dudas entre sus filas tienen ahora a especialistas en distintos campos de la ciencia y la tecnología que buscarán, solo es cuestión de tiempo, acceso a ciertos recursos muy específicos con los cuáles fabricar no bombas caseras simples con las que hacen daños limitados, sino agentes biológicos o radioactivos con los cuáles podrán infringir el mayor daño posible en su cruzada contra “el resto del mundo, los infieles”. Distintos analistas sugieren que será muy complicado llevar a cabo una batalla en donde se pueda suprimir a ISIS. Los ataques en Francia nos confirman una triste realidad: varios de los terroristas que lo efectuaron eran ciudadanos franceses, no inmigrantes ilegales. Misma situación que nos recuerda que el ataque terrorista en Estados Unidos del 11 de Septiembre no lo hicieron encapuchados que tomaron por el asalto el avión, sino pasajeros que entraron con una visa legal, que incluso se capacitaron para pilotar aviones en el país vecino del norte. Es decir, gente común y corriente cuya única diferencia real está en una ideología trastornada que está convencida de que solo a través de la violencia es posible cambiar al mundo. Camino que, ya lo conocemos por experiencia histórica, solo genera más injusticia y desigualdad.

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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