Restauración del planeta, de vuelta al paraíso

Francisco Guerra

“Cuando un hombre mata a un tigre lo llaman deporte, cuando un tigre mata al hombre lo llaman ferocidad”

Kitiara

Desde que el ser humano se estableció en espacios determinados y dejó los hábitos nómadas, comenzó a emplear, con mayor avidez, los recursos naturales. Con el pasar de los años y el crecer de la población, el uso de los recursos se fue acentuando en todas las latitudes del planeta. El uso desmedido provocó un escenario de desgaste de los recursos y, actualmente, una situación que pone en riesgo la disponibilidad de más recursos para el uso humano.

Hoy en día, más del 40% de los recursos naturales del planeta se encuentran en un estado de deterioro crítico. En México esta cifra alcanza el 50%, es decir, la mitad de los recursos naturales del país presentan daños debido al uso desmedido.

Ante semejante pérdida ¿es necesario recuperar los recursos degradados? ¿Podemos continuar la degradación de nuestro planeta? ¿De qué herramientas disponemos para revertir los daños que hemos provocado? ¿Podremos regresar el planeta de vuelta al paraíso? Esperamos solventar estas dudas a continuación.

En primer lugar, no cabe duda que debemos recuperar los recursos degradados. Nuestras formas inadecuadas de usar los recursos nos han traído a este escenario. Pero ¿es sólo recuperar por recuperar? ¿Por qué debemos recuperarlos? La respuesta es simple. Debemos recuperarlos porque necesitamos de la naturaleza para sobrevivir, necesitamos que nos provea de servicios ambientales que son tan triviales que no les otorgamos la justa dimensión. Por ejemplo, la cantidad y la calidad de agua están en función de la presencia de bosques en buenas condiciones. Los bosques nos proveen de oxígeno, amortiguan tormentas, suministran alimentos, regulan el clima, son fuente de combustible, entre muchos otros servicios. Todos los servicios son gratuitos, sólo tienen una condicionante, la presencia de ecosistemas en funcionamiento.

Una de las herramientas que el ser humano dispone en la actualidad para tratar de subsanar los daños provocados al ambiente, es la restauración ecológica. La restauración ecológica es una actividad científica que de forma intencional promueve la recuperación de un ambiente o un ecosistema que ha sido dañado, deteriorado o eliminado por completo. La restauración intenta alcanzar un estado previo a los daños. Pero ¿hasta que punto la restauración puede subsanar daños y retornarnos a un paraíso inmediato? Suena complicado. La restauración puede promover la recuperación, sin duda, pero en primer lugar requiere de gran cantidad de insumos para cumplir su fin. Estos insumos se traducen en dinero, dinero que se traduce en tiempo, tiempo que se traduce en extensión, y extensión que se traduce en ilimitada. Por lo tanto, la restauración ecológica puede ser tan costosa que no lo podemos visualizar y tan triste que sus historias nos pueden desalentar.

En fin, alcanzar el paraíso se ve muy complicado, ver ese paisaje prístino en el que el ser humano no ha puesto un dedo resulta meramente utópico. No obstante la perseverancia de recuperar lo perdido y de que la vuelta al paraíso resulta imposible, de algo nos tenemos que morir en el intento.

Lo que actualmente nos debe ocupar es no llegar a una situación de degradación absoluta de nuestros recursos naturales. El discurso y acción que debe fortalecerse es el de la prevención, resulta más económico conservar y aprovechar razonablemente nuestros recursos naturales que procurar una recuperación una vez deteriorados. No es justo comprometer la disponibilidad de los recursos para las próximas generaciones, ni mucho menos dejarles la tarea de recuperar lo perdido en tantos años. ¿En qué mundo pretendemos que habiten nuestros bisnietos? Se nos queda de tarea.

Entre adagios y paremias:

“A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia”

Arthur Schopenhauer

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