¿Cuánto es muy poco?

Por Miguel Angel Méndez Rojas

“Me da un cuartito de leche…”

“Me regala una cucharadita de azúcar…”

“Espérame un minutitititito por favor…”

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Los mexicanos somos muy afectos a los diminutivos. No solo en un ambiente familiar e íntimo, sino también en situaciones formales y serias. Le decimos al jefe que “ahorititita” estará listo el reporte, aunque sepamos que será hasta pasado mañana por la tarde. Los diminutivos nos ayudan, al parecer, a suavizar las responsabilidades, a disminuir el impacto de nuestros retrasos, a hacer frente al implacable tiempo que nos hace mayores y nos obliga a dejar de ver el mundo chiquito…

Pero en lo pequeño (lo de verdad pequeño) no es posible minimizar las cosas más con palabras. No podemos hablar de atomitos, electroncitos (o nanomoléculas) como vocablos domingueros, los cuales serían inapropiados. Debemos emplear los términos científicos correctos para hacer referencia a lo muy (pero muy muy) pequeño. Por ejemplo, si quieres hacer referencia a objetos que tienen dimensiones moleculares o atómicas, seguramente tendrás que utilizar unidades de medición del tipo de los nanómetros (una mil millonésima parte de un metro) o los picómetros (una milésima parte de un nanómetro, o también, una milmillonésima parte de un milímetro).

Así entonces, un cabello humano no es “pequeñito” o “delgadito”, sino que mide unos 100,000 nanómetros de espesor. Un jugador de básquetbol muy alto puede medir 2,160,000,000 nanómetros. Y no es que sea un gigante (bueno, si lo es en comparación a la mayoría de la población), pues “apenas” mide 2 metros y dieciséis centímetros.  Para medir con precisión estas dimensiones diminutas, valga la redundancia, empleamos microscopios electrónicos y de fuerza atómica, los cuales nos permiten “ver” sin luz los objetos muy pequeños (la luz visible es, técnicamente, más grande que los objetos que intentamos percibir y por eso no podemos usarla para verlos directamente).

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http://www.cienciapopular.com/experimentos/medicion-del-grosor-del-pelo

Si quieres referirte a algo que ocurrió muy rápidamente en vez de decir que ocurrió “instantáneamente” (nada es instantáneo: todo ocurre en varias etapas, al menos una inicial y otra final, pero normalmente con varios pasos intermedios). En vez de ello podríamos indicar que ocurre en “femtosegundos” (una milésima parte de un picosegundo, que es una mil millonésima parte de un segundo). Pero ¿acaso existe algo que ocurra tan rápidamente? Claro, por eso es necesario contar con unidades que puedan medirlo. Por ejemplo, los láseres de pulsos de femtosegundos son capaces de medir, paso a paso, las etapas de una reacción química, de forma que es posible “ver” (como en una película animada) el proceso a través del cual un átomo reacciona con otro para formar o romper un enlace químico. No hace mucho tiempo, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el MIT) construyeron una cámara tan rápida que les ha permitido tomar fotografías de fotones moviéndose a través de un medio (aire o un líquido) con una velocidad que permite tomar hasta un millón de millones o billón (1,000,000,000,000) de cuadros por segundo. Un video muy interesante sobre lo anterior está disponible en la plataforma en línea YOUTUBE (https://www.youtube.com/watch?v=qRV1em–gaM).

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https://www.youtube.com/watch?v=qRV1em–gaM

Procesos biológicos como la transmisión de un impulso nervioso entre neurona y neurona pueden tomar unos cuantos picosegundos para ocurrir. Claro, para nosotros que estamos acostumbrados a medir el tiempo por el “más o menos al medio día” o por el “en un momentito”, estas unidades de tiempo no son ni siquiera un pestañeo (un pestañeo común y corriente toma aproximadamente unos 10 milisegundos, es decir, unos 10 millones de veces un picosegundo). Relojes atómicos que emplean las transiciones electrónicas de un isótopo del átomo de Cesio-133 (cada segundo ocurren 9,192,631,770 oscilaciones entre los niveles electrónicos de dicho átomo), pueden medir con cierta precisión esos intervalos de tiempo tan cortos. Apenas, casi, nada.

Por eso la próxima vez que vayas a usar un diminutivo, piénsalo dos o tres veces. ¿No será mejor evitar decir que te entregaré el trabajo en un pestañeo, ya que esto implicaría a comprometerse a tenerlo listo en 10 milisegundos? Mejor decir, con honestidad y claramente, que estará listo al final de la tarde, aproximadamente a las cuatro y cincuenta y nueve, o para que no tenga que estar esperándolo muy tarde, mañanita tempranito antes del mediodía, si no ocurre alguna cosilla imprevista. Al ratito.

 

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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