Oliver Sacks: la historia de un hombre, su mujer y su sombrero

Por Miguel Angel Méndez Rojas

Oliver Sacks

 Una mujer con sombrero

como un cuadro del viejo Chagall

corrompiéndose al centro del miedo

y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.

Pero entonces lloraba por mí, / y ahora lloro por verla morir.

Silvio Rodríguez, “Oleo de una mujer con sombrero”.

 

Cuando Oliver Sacks publicó su tradicional columna en el New York Times el 19 de Febrero de 2015, no lo hizo para referirse, como era su costumbre, a temas de psicología, neurología o ciencia en general. Esa vez tomó una pausa y habló de sí mismo. Con el título “My own life” (Mi propia vida), relató cómo a sus 81 años todavía se sentía sano, robusto, lleno de vida. Pero también comentó la terrible noticia de la metástasis múltiple de un cáncer de hígado que le habían encontrado apenas unas semanas antes. Una consecuencia desafortunada, como el mismo la calificó, de un cáncer de melanoma ocular que se trató 9 años atrás (y que le dejó ciego de ese ojo), que contra las probabilidades sobrevivió, migró a otra parte del cuerpo y se propagó. Aun así, su historia era un testimonio de gratitud por haber tenido otros nueve años de vida y una proclama de que el decidiría cómo serían los próximos últimos meses de su vida. Y hay que reconocer que Oliver Sacks era un hombre con grandes deseos de trascender en esta vida…y más allá. Durante los años posteriores al primer aviso de cáncer ocular, escribió seis libros (entre ellos una autobiografía) en donde continuó reflexionando públicamente sobre sus temas favoritos: la consciencia y la condición humana. Pero Oliver Sacks no era un escritor convencional. De hecho, convertirse en escritor fue resultado de su práctica profesional. Él fue un neurólogo que recogió en sus distintas obras (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Veo una voz [Viaje al mundo de los sordos], Un antropólogo en Marte, Con una sola pierna o Alucinaciones) los casos clínicos de muchos de los pacientes con quien trató, intentando en sus textos de profundizar en aquello que nos hace humanos, individuos, seres únicos racionales. Con su obra construyó un puente entre la sociedad y todos aquellos que por lo regular simplemente son encerrados en una institución y aislados de la misma por ser considerados “disfuncionales”. La mente humana y sus perturbaciones se convirtieron en un rompecabezas que el intentó resolver para entender mejor el origen de nuestras emociones, la complejidad de la mente humana y los finos rasgos y actitudes que nos definen como seres racionales y normales. Y es que para Sacks, esa normalidad es solo una apariencia. Las más de las veces ignoramos nuestras propias patologías y escondemos las perturbaciones de nuestra propia consciencia.

En su libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, Sacks nos aproxima a la mente de un artista autista quien se consideraba a sí mismo un muerto en vida, una isla en medio de la sociedad humana. Cuando la mayoría busca catalogarlos como individuos con baja o nula capacidad de relacionarse con los demás y con su realidad, Sacks los revela como entidades capaces de interconectarse con el mundo que los rodea de maneras muy diversas y complejas. Interconexiones verticales, no horizontales, las llama. El autista expresa el resultado de dichos vínculos a través del arte, el pensamiento abstracto matemático y la abstracción última que es tan cercana a lo que millones buscan a través de la meditación trascendental: el aislamiento y supresión total del yo. En ese sentido, la responsabilidad profesional de Sacks como neurólogo lo llevaron a tratar de entender el complejo proceso neurológico del padecimiento, para buscar formas de integrarlos con la sociedad, de regresarles esa ansiada y mal definida normalidad. Aunque en el fondo, esa anormalidad no lo es tanto, sino una muestra de la riqueza y complejidad de nuestras redes neurológicas que rigen el comportamiento y la razón. Y así como lo exploró con el autismo, Oliver Sacks nos invitó a entender mejor la vida desde la experiencia de otros con quienes muchas veces solo nos identificamos de manera empática pero no vivencial: con un ciego, con un sordo, con un daltónico, con un esquizofrénico o con un enfermo de un trastorno progresivo neurológico como el Alzheimer, o el síndrome de Tourette o Asperger. Nos ayudó a vernos en las vidas de aquellos a quienes casi siempre preferimos ignorar y a entender y solidarizarnos con su humanidad.

Aunque para muchos su obra merecerá un descubrimiento posterior a su muerte, es muy probable que lo reconozcamos por otros trabajos que influyeron de manera más directa en nuestra cultura popular. Una de sus primeras obras, previo al descubrimiento del cáncer de ojo, fue Awakenings (Despertares), que protagonizara en el cine el también ya fallecido actor Robin Williams y Robert de Niro, en donde precisamente Robin Williams personificó a Oliver Sacks en su papel de un médico neurólogo que descubre los efectos benéficos de la L-Dopa en pacientes con trastornos neurodegenerativos similares al Parkinson. Aunque al final los efectos de su descubrimiento fueron temporales, les permitieron a sus pacientes recuperar un poco la vida que habían perdido décadas atrás por su enfermedad. Una hermosa analogía de su propia vida en donde, tras reconocer que le quedaban solo unos meses de vida en Febrero de 2015, decide vivirla en plenitud. Lleno de gratitud por todo lo recibido, amado y explorado. Satisfecho del intercambio de ideas, emociones y pensamientos que realizó a través de sus obras con sus lectores. Ciertamente con algo de miedo por el desenlace final e inevitable, pero sintiéndose privilegiado por todas las oportunidades vividas. Descanse en paz, Oliver y su sombrero.

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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