¿Habré tomado la decisión correcta?

Por Adriana Sierra Romero *

Graduación

Hace cinco años iniciamos una aventura que hoy escribe el fin de un capítulo. Llegamos un tanto dudosos – “¿Habré tomado la decisión correcta?” nos preguntábamos secretamente – aunque también con un equipaje lleno de expectativas y metas por alcanzar.

Con un andar impreciso nos dirigimos a un salón de clases, donde un puñado de rostros desconocidos nos daba la bienvenida. Saludos vagos, sonrisas inseguras, un profesor que hablaba sobre algo fascinante pero que a la vez ponía a prueba lo que conocíamos. Mientras guardábamos nuestros apuntes, un mar de preguntas invadía nuestra mente: “¿En qué me he metido? ¿Realmente sirvo para esto?”

Sin embargo, el tiempo corre muy deprisa y antes de siquiera parpadear nos encontramos aquí, de frente a lo que ayer veíamos lejano. Hemos cambiado, ya no somos aquellos chicos temerosos. Ahora caminamos con mayor seguridad, nos hemos empapado de nuevos conocimientos e ideas, nos hemos rodeado de valiosa compañía. Nos atrevemos a explorar nuevos caminos y a emprender viajes más osados. Estos últimos años nos han dado las herramientas para continuar.

Durante esta travesía nos encontramos con un sin fin de compañeros de cruzada. Algunos pasaron desapercibidos, invisibles a nuestros ojos. Otros más llegaron por un tiempo para después marcharse. Unos pocos continuaron a nuestro lado hasta el final. Es extraño pensar que aquel al que alguna vez dijiste “hola” sin conocer su nombre ahora sea quien te conoce tan bien como para descifrar tus pensamientos con una mirada. Ese amigo con el que has compartido risas, llanto y sueños; con quien bastaba sentarse en silencio para saber que todo estaría bien. La huella que dejan esa clase de personas es la más difícil de borrar y más aún de conseguir. Ustedes saben, tan bien como yo, que son ellos quienes pusieron en nuestro equipaje una parte de su esencia que vivirá en nosotros.

También conocimos a los que fueron nuestros profesores; mentores en el aula y en la vida. Ellos tomaron nuestro equipaje, un laberinto confuso de ilusiones y realidades y nos ayudaron a darle forma. Junto con ellos hemos forjado una armadura brillante, así como espada y escudo. Nuestras armas para afrontar retos futuros. Pero lo más importante es que nos ayudaron a abrir nuestras mentes y a desafiar nuestros prejuicios. Algunos inclusive nos permitieron descubrir que la motivación más grande y la que nos llevará hasta nuestros sueños es la que encontramos en nosotros mismos, en lo que nos apasiona y amamos.

Nuestros padres también fueron parte importante de este viaje. Sin su apoyo, palabras de aliento y confianza no habríamos podido hallar el camino. Ustedes nos dieron las bases que hoy se traducen en independencia y fortaleza para dar la cara al porvenir. Sepan que su trabajo como padres hoy da sus frutos y que estaremos bien, ya sea lejos o cerca, por el simple hecho de haber sido educados por ustedes.

Hoy que concluimos este capítulo de nuestra historia nos hemos liberado de nuestras cadenas y nos atrevemos a soñar con nuevos objetivos. Hoy apuntamos hacia nuevos horizontes con la certeza de que contamos con lo necesario para cruzar el valle más profundo o la montaña más alta, el océano más inmenso o el desierto más árido. No dudemos de nuestras capacidades, pues nuestra familia, amistades y profesores nos han ayudado a tejer las alas que hoy nos sostienen. Sigamos escribiendo nuestra propia novela, y aún en el capítulo más oscuro avancemos con esperanza pues es la llama que ahogará cualquier sombra que se interponga entre nosotros y lo que soñamos lograr.

Sin embargo, no nos perdamos en el infinito resplandor del mañana. Aquello que se anhela sólo llega para quienes se mantienen fieles a sus principios, firmes en sus decisiones y para quienes nunca olvidan el sendero que han recorrido. Como el director de una famosa escuela de magia y hechicería dijo alguna vez: “No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo”.

(*) Adriana Sierra Romero es recién egresada de la Licenciatura en Nanotecnología e Ingeniería Molecular y uno de los mejores (si no es que el mejor) promedio de su generación y de la Escuela de Ciencias. Entusiasta escritora y lectora, realizó varias estancias de investigación (en Francia y en Australia) durante sus estudios profesionales y actualmente se encuentra a punto de iniciar sus estudios de posgrado en la Universidad de Sheffield, en Inglaterra. adriana.sierraro@udlap.mx

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