Votaciones, educación, democracia y otros demonios

Por Miguel Angel Méndez Rojas

“…Pasaba de la medianoche cuando el escrutinio terminó. Los votos vá lidos no llegaban al veinticinco por ciento, distribuidos entre el partido de la derecha, trece por ciento, partido del medio, nueve por ciento, y partido de la izquierda, dos y medio por ciento. Poquísimos los votos nulos, poquísimas las abstenciones. Todos los otros, más del setenta por ciento de la totalidad, estaban en blanco…”

Ensayo sobre la lucidez, José Saramago.

 

El párrafo anterior es un extracto de las primeras páginas de uno de los libros del premio Nobel de Literatura José Saramago, en donde explora imaginativamente una realidad de muchas democracias: la insatisfacción con los partidos políticos y el “voto de castigo”, o más bien, el no-voto: la anulación del mismo. Todo lo anterior viene a colación porque este próximo domingo 7 de Junio hay elecciones en la mayoría de los estados del país, en algunos casos para renovar ayuntamientos, gubernaturas o representantes populares (diputados locales y federales) y la sociedad en general nos hemos visto inmersos en una ola de campañas publicitarias, tanto del organismo rector de las elecciones (el flamante Instituto Nacional Electoral, INE, que surgió de las cenizas del funcional pero desacreditado Instituto Federal Electoral, IFE). En estas elecciones, 5,356 millones de pesos se repartieron entre las distintas fuerzas políticas para financiar sus actividades de promoción del voto y de sus candidatos. Aunque casi un 64% se reparte entre los tres partidos grandes, el resto representan cantidades no insignificantes que permiten la existencia de mini-partidos (algunos de ellos con nulas esperanzas de obtener el mínimo de votos que les permitirán asegurar su existencia, pero gozosos por poder disfrutar de las prerrogativas y dineros públicos que les asignaron en este tiempo). Porque para nadie en estos tiempos es un secreto que un buen porcentaje de las partidas se destinan a gastos de actividades ordinarias (3,909.5 millones de pesos), que incluyen salarios, compensaciones y otras asignaciones que se dan de forma casi personal y muchas veces, poco comprobable o justificable. Y de los gastos de campaña (1,172.8 millones), se explica el florecimiento de negocios de impresión de propaganda, camisetas, sombrillas, mochilas, panfletos, pendones, gorras, plumas, y hasta útiles escolares con el logo, nombre y/o foto del candidato a promover. De entre los dineros asignados para los partidos políticos, los 444.7 millones que tocaron al Partido Verde se nos hacen insuficientes no solo para cubrir los gastos de promoción (que han incluido no solo spots en televisión abierta e impresos,  kits escolares con mochila incluida y minutos de publicidad en las principales cadenas de cine del país), sino también para pagar las multas que sobrepasan los 500 millones de pesos. Aquí como que las matemáticas no concuerdan. Debe más de lo que el INE le asigna para estas elecciones. ¿De dónde sale el dinero entonces? La respuesta más simple es: de los bolsillos de sus bancadas de diputados y senadores, que emplean recursos asignados en las distintas cámaras o incluso sus propios salarios/bonos/compensaciones, para financiar a dicho instituto político. Por pensar en una fuente lícita de recursos.

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http://mexico.cnn.com/adnpolitico/2015/01/14/los-partidos-politicos-se-reparten-5356-mdp-para-2015

Uno pensaría que dentro del INE, además de representantes de los intereses ciudadanos y defensores de la democracia (que en la triste realidad lo que representan son los intereses de los partidos contendientes, de la democracia mejor ni hablamos), encontráramos un selecto grupo de científicos sociales y de especialistas en matemáticas y estadísticas que pudieran elaborar cuidadosos estudios no solo de las tendencias de los votos, sino del significado “oculto” de los números detrás de los votos. Desarrollar fórmulas electorales como las que ocurren en Estados Unidos donde no es una cuestión de número de votos, sino de ganar “colegios electorales” (que hay un total de 538 en todo el país, distribuidos no equitativamente por estado, sino dependiente del número de senadores y representantes, utilizando una fórmula que compensa el “voto duro” regional, por la “representación electoral” más pareja, que compensa a los estados pequeños respecto a los más poblados. Y sí los hay, aunque quizá no tantos como quisieran, probablemente no son los responsables directos del diseño del modelo electoral, ni del análisis de datos obtenidos. Este papel corresponde a la clase política, que durante las últimas décadas no se ha distinguido precisamente por su elevada formación académica (o de ningún otro tipo). En el fondo, el problema de la democracia en México pareciera en que descansa en la confianza de que la sociedad, como un conjunto, a través de la expresión de su voto podrá elegir entre las opciones existentes (muy tristes y pobres todas), a aquella más apta para tomar las decisiones cruciales que mantengan a nuestro país en la trayectoria del desarrollo (o al menos, alejarlo un poco de la trayectoria al desastre). Pero, ¿qué tipo de decisión consciente, informada y reflexiva puede hacer un electorado con un nivel educativo que, no solo no se incrementó en la última década sino que incluso disminuyó, producto de la deserción escolar, pero principalmente por la pésima calidad educativa que irresponsables individuos que ocupan plazas de por vida (conquista sindical, heredable o vendible al mejor postor) imparten en aulas, muchas veces improvisadas y, literalmente, sostenidas con alfileres. Para no ir más lejos, hay instituciones educativas en nuestro estado, formadoras de futuros maestros, cuyos “docentes” se toman hasta dos horas por la mañana para desayunar (en los tiempos que deberían dedicar a trabajar en proyectos de desarrollo escolar o en actualización docente) y cuyos directivos, impávidos, no solo lo permiten por omisión en su acción correctiva, sino que hasta pareciera que lo encubren y promueven. Y en donde esos parásitos sociales, con licencia para educar, se indignan cuando se les exige impartir más de un curso al semestre o el preparar un nuevo curso o mostrar las evidencias e indicadores que muestren el avance o aprendizaje de sus alumnas. ¡Se indignan porque se les pide rendir cuentas de su trabajo! Contarles historias con doble sentido a las alumnas o irse a tomar el cafecito con algunas de ellas, no cuenta como trabajo docente comprometido o asesorías educativas. En el fondo, tal vez, lo que está podrido en nuestra democracia y en nuestro sistema electoral, lo está porque la educación no aporta a la formación de individuos responsables y con valores civiles, sino que es generadora de “ciudadanos” que se rigen por el principio de “más vale joder que ser jodido” o “el que no tranza no avanza”. Si lo ven en sus “profesores”, por qué no va a ser así también para ellos. ¿Aprender en la escuela? Eso es para los tontos. Uno va a la escuela (piensan ellos) para hacer relaciones de conveniencia y salir del hoyo pisando a otros. La ley, no del más apto, sino del más abusado.

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http://www.elchamuco.com.mx/new/index.php?option=com_content&view=article&id=791&catid=21&Itemid=290

 

Sin embargo, la democracia y los intentos que hacemos de implementarla a través del voto, son (por ahora) la fórmula más cercana a tener un sistema representativo. No es perfecta, ni por mucho, pero la llave que nos permite a todos (campesinos, comerciantes, maestros, abogados, desempleados, hombres, mujeres y jóvenes por igual), expresar nuestra voz y decir si estamos (o no) conformes con lo que sucede a nuestro alrededor. Cómo en la historia de Saramago, el voto nulo pareciera una voz disonante que, cuando alcanza números grandes, debería interpretarse como un síntoma obvio de que las cosas están mal. De que las campañas (y su financiamiento inmoral, en un país con 70% de pobres) son pobres en cuanto a sus contenidos y candidatos y de que la política es algo que debe quitarse de las manos de los políticos que la han degradado. La correlación entre la suspensión indefinida del proceso de evaluación a los maestros, central para resolver los problemas de la educación (evaluación docente, selección por competencias, permanencia o capacitación) y los tiempos electorales que vivimos hoy, es muestra de todo lo anterior. De nada servirá el voto nulo, si en el fondo no arreglamos (y exigimos que así se haga) los problemas más urgentes del país, que empiezan con la educación. Mantener una clase política llena de privilegios, ajena a la realidad de la sociedad en general, no es más que un reflejo de lo que ocurre más abajo, en donde una clase privilegiada de docentes se regodea con gordos cheques y sinnúmero de prerrogativas (entre las que se incluye incluso el derecho a no trabajar ni dar cuentas de su trabajo cuando lo hacen), y que carece no solo de la preparación necesaria para desempeñar su puesto (¿Qué hace un ingeniero en computación como docente en una Normal, si no tiene ni siquiera una maestría o especialidad en pedagogía o educación?), sino de la actitud y los valores que las nuevas generaciones de educadores y educadoras necesitan para transformar, a través de sus alumnos, a este país.

Nadie me pide mi opinión de por quién votar este domingo. Y no la necesitan. Pero vayan. Tal vez crean que no hacen ninguna diferencia, pero la realidad es que sí. Pues de otra forma, en vez de democracia estaremos fomentando la conservación de una plutocracia, en donde la clase gobernante es la de ese sector de la población que concentra la riqueza, más no necesariamente las mejores intenciones. Vota informadamente, analiza las propuestas de los candidatos, no todos son iguales o lo de siempre. Algunos son ciudadanos, como tú, que quieren un país distinto y se han atrevido a tomar un papel activo en lograrlo. Infórmate y vota.

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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