¿Qué es el famoso “peer review” científico?

Por Miguel Angel Méndez Rojas

La ciencia se desarrolla en distintos lugares: desde el interior de un cubículo en una universidad o centro de investigación; frente a una mesa de laboratorio, mezclando, observando, midiendo, comparando transformaciones, campos, fenómenos o microorganismos; generando códigos y programas que puedan calcular las propiedades de una partícula o modelar el comportamiento de un ecosistema. Incluso se hace ciencia mientras se sumerge uno cuatrocientos metros en el océano, para estudiar los ecosistemas marinos o cuando escalamos un remoto pico glacial, con el fin de tomar muestras de roca que contienen información del pasado y evolución geológica de nuestro planeta. Hacemos ciencia hasta en el baño, dirán algunos, mientras seguimos buscando una explicación a aquella conjetura que nuestra mente lleva meses dándole vueltas, sin llegar aun al famoso momento ¡Eureka!. Se haga donde se haga, la ciencia es una actividad humana muy relevante, pero humana al fin de cuentas y susceptible de fallas y hasta alteraciones y fraudes. Y aunque la ética científica es un tema fascinante y polémico, las personas dentro de la comunidad científica solemos pensar que es un valor constante y que, en la mayoría de las ocasiones, es un aspecto sobre el cuál no deberíamos preocuparnos tanto. Por eso confiamos, casi a ciegas, en un proceso de revisión por pares (peer review) en donde colegas con una formación científica, la mayoría de las veces en temas similares al nuestro, toman la responsabilidad de revisar nuestros resultados y generar un dictamen anónimo y responsable sobre la validez de nuestras metodologías experimentales, de nuestras observaciones y de nuestros resultados y conclusiones. Este procedimiento se emplea de forma cotidiana para la evaluación de nuevos proyectos de investigación que son sometidos ante instancias públicas o privadas para solicitar financiamiento, en situaciones legales en donde se solicita un peritaje experto en un tema de carácter científico o tecnológico o en el dictamen de viabilidad de un manuscrito que se presenta, luego del trabajo de un grupo de investigadores y la cuidadosa revisión e interpretación de resultados y el proceso de poner todo lo anterior junto por escrito, a consideración para publicación en una revista científica de calidad.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Revisi%C3%B3n_por_pares

El arbitraje, como también es conocido este proceso de revisión por pares, trata de asegurar que el trabajo sea original, que los resultados sean relevantes (en particular cuando la revista es de aquellas publicaciones muy selectas que reciben enormes cantidades de contribuciones y deben por tanto eliminar aquellas que no representan contribuciones novedosas o innovadoras en el área de especialización de la revista). Pero lo más importante es que a través de este proceso se puede detectar la validez de la metodología de estudio (rigor científico), y se eliminan las dudas sobre si lo que se intenta publicar es cierto o, como a veces llegar a ocurrir, un fraude científico. ¿Por qué un científico, formado en una cultura de respeto a la verdad, de seguimiento de métodos reproducibles y comprobables y a quien se le inculca el valor de una ética personal y profesional, se sentiría tentado a cometer un fraude? Aunque parezca paradójico, muchas veces las razones de fondo son económicas: en numerosos países (México entre ellos), publicar artículos científicos es una actividad que se premia. A veces el premio son puntos que permiten al investigador mantenerse o ascender en el sistema nacional de investigación, más aun cuando las revistas en donde se llegue a publicar se encuentren entre las más exclusivas y relevantes del mundo (medidas a través de su “factor de impacto”, un índice numérico que nos da una idea sobre cuánta gente lee y hace referencias a artículos encontrados en la revista). De esta forma, aunque dos investigadores puedan tener productividades similares (4 o 5 artículos en promedio por año), si uno de ellos publica sus resultados de investigación en revistas con índice de impacto de 2 o más, mientras que el otro busca poner sus artículos en revistas oscuras, con factores de impacto menores a 1 o incluso, sin factor de impacto, entonces la percepción pública sobre la relevancia de la investigación de uno respecto al otro será, definitivamente, muy distinta. Revistas internacionales, con gran prestigio como Nature (Factor de Impacto, FI = 42.351), Science (FI= 31.477), Cell (FI= 35.020) o JAMA (FI= 30) se separan naturalmente de revistas de bajo impacto, algunas de las cuales tienen prácticas predatorias o muy carentes de ética para “reclutar” y publicar artículos. Ante el incremento de solicitudes para publicar en las mejores revistas (las cuáles, a modo de filtro de calidad, dependen de un muy cuidadoso y riguroso proceso de revisión por pares), numerosas revistas de “acceso libre”, con cuotas de publicación (fees) que oscilan entre los 100 y hasta los 3000 dólares, han aparecido para alimentarse de la necesidad de publicación que numerosos jóvenes investigadores tienen alrededor del mundo. Publicar o morir. Desde el año 2000 y hasta la fecha, numerosas revistas de este tipo han proliferado y se han convertido en un verdadero negocio que a través de una cuota de publicación, publican los resultados de numerosos investigadores que han encontrado a través de esta vía un sitio seguro y cómodo para compartir sus resultados de investigación. Sin embargo, la calidad del proceso de peer review que estas revistas emplean está en entredicho, como quedó demostrado recientemente por John Bohannon, articulista de la revista Science, cuando envió artículos de investigación falsos a 304 revistas de acceso libre que cargan a los autores cuotas de publicación. Aunque los artículos enviados presentaban fallas obvias y terribles en sus metodologías, resultados y conclusiones, más del 60% de las revistas los aceptaron, algunas de ellas incluyendo en los dictámenes comentarios muy positivos y halagadores de parte de los supuestos revisores. Así, el artículo enviado por Ocorrafoo Cobange, biólogo del Wassee Institute of Medicine en Asmara sobre las propiedades anticancerígenas de un extracto obtenido del liquen común, agitó las inquietas y oscuras aguas de las publicaciones científicas al revelar malas prácticas, consistentes con una industria editorial más preocupada porque el autor haga el pago correspondiente que por la calidad y veracidad del contenido enviado al editor.

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http://www.sciencemag.org/content/342/6154/60.full

La revisión por pares es por lo regular una actividad honoraria, para la cual se invitan de manera discreta a investigadores de distintas partes del mundo, para realizar una actividad por la cual no recibirán ningún tipo de compensación económica (aunque varias revistas de acceso abierto y con cobro de cuotas, han implementado un sistema de “pagos para revisores”, que tratan de compensar el tiempo y trabajo invertido en este proceso). Para evitar caer en conflictos de interés, se busca que el revisor no tenga relación de tipo personal, laboral o incluso geográfica con el autor o autores de un manuscrito, con lo que tratan de asegurar la objetividad en la revisión. De esta forma, si un autor pertenece a la Universidad Científica Nacional, el o los revisores por regla general serán de otras instituciones, como el Instituto Tecnológico Científico o del Colegio Tecnológico Regional, por decir algo. Es por ello que la gran mayoría de las revistas científicas, publicadas por grupos editoriales de gran tradición y confianza a nivel mundial (Macmillan Publishers, Elsevier, Thomson-Reuters, Wiley-Interscience, entre muchas otras) siguen encabezando la confianza (y los rankings de factor de impacto) en sus distintas disciplinas. Y también numerosos esfuerzos serios y genuinos de revistas independientes, publicadas por agrupaciones científicas como la American Chemical Society, el American Institute of Physics o la Royal Society o revistas de acceso libre como PLOS ONE (Public Library of Science), han tenido un éxito y prestigio ganado, principalmente por el respeto a la calidad en los contenidos a través del proceso de revisión por pares.

Recientemente publiqué que la revista Homeopathy carecía de peer review. Me disculpo ante tal aseveración. Permítanme corregirme. La revista Homeopathy maneja el proceso de revisión por pares y su editor es un prestigiado médico homeópata, fellow del Royal College of Physicians (el equivalente mexicano de la Academia Mexicana de Medicina) que dirige el Hospital Real de Londres para Medicina Integrada. La revista es patrocinada por la Facultad de Homeopatía (http://www.facultyofhomeopathy.org/), una entidad privada formada en 1944 a partir de la más antigua Sociedad Homeopática Británica (1843). La revista tiene un factor de impacto de 0.746 y ofrece un espacio para la discusión, el debate y entendimiento de la práctica clínica en esta área. Su Comité Editorial está conformado por Bob Leckridge, Robert Mathie y Tom Whitmarsh, todos ellos homeópatas practicantes en distintas instituciones públicas y privadas y miembros de la Facultad de Homeopatía. Muchos de los miembros del Consejo Consultivo Editorial son también médicos, bioquímicos o científicos practicantes de la homeopatía, distribuidos en numerosas instituciones alrededor del mundo. Incluso uno de ellos es mexicano, el doctor Germán Guajardo Bernal, quien aparece como miembro del Programa de Investigación Homeopática de la Universidad Autónoma de Baja California y, al mismo tiempo, es el dueño de la Farmacia Homeopática del Dr. Germán Guajardo Bernal en Mexicali, BC. Una búsqueda de más información, nos lleva a encontrar que el Dr. Guajardo-Bernal es egresado de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía del Instituto Politécnico Nacional, pero no es posible encontrar ninguna evidencia (lo que no significa que no exista) de su adscripción a la UABC. En fin, el punto es que no hay duda de que la revista Homeopathy cumple cabalmente con la práctica de “revisión por pares”, enviando a otros colegas homeópatas (dentro del mismo círculo de interés) artículos de sus otros colegas homeópatas para revisar contribuciones en el área de la homeopatía (valga la triple redundancia). Ante lo anterior, ¿qué tan recomendable es esta revisión por pares entre colegas de la misma área? Para reflexionar al respecto, tomo las palabras de un bloguero (Zetetic1500) que administra un par de blogs sobre Homeopatía y pseudoescepticismo y ferviente defensor del Zeteticismo (al que dedicaremos la próxima semana este espacio) y que textualmente dice:

“Los argumentos de alguien con formación en homeopatía o asociado a determinado organismo de homeópatas, no valen porque son interesados y sesgados”

Lo anterior me da cierta paz de conciencia y me permite, luego de rectificar mi error previo, lamentarme de que bajo estas circunstancias dicha revista propague de manera indefinida, al limitar el proceso de revisión a solamente aquellas personas que darán un dictamen favorable al respecto, la creencia de que, por publicarse en una revista aparentemente científica, lo que la gente esperará encontrar ahí será ciencia. La polémica alrededor de Elsevier por publicar esta revista, así como por su modelo económico de alto costo que genera ganancias controlando la distribución de contenidos (algo que es contrario al propósito de maximizar la distribución del conocimiento, que está entre sus objetivos editoriales) es algo que nos recuerda porqué dicha publicación tuvo que salir del grupo Macmillan Publishers (que publica Nature entre otras revistas científicas) y que circunstancias han llevado a numerosos científicos serios a dejar de publicar en las revistas del grupo Elsevier o incluso a renunciar de manera masiva a sus comités editoriales. El escándalo de la revista The Australasian Journal of Bone and Joint Medicine, revista patrocinada por la farmacéutica internacional Merck y que llamó la atención por ser empleada para desacreditar a médicos e investigadores con los que la compañía tenía desacuerdos, llevó al cierre de la misma por considerarla una revista pseudo-científica. Merck pagó a Elsevier por producir dicha publicación y emplearla para sus propios intereses.

Tal vez hay que respetar las creencias de la gente y dejar que todo siga su curso. Que las personas lean temprano sus horóscopos y planifiquen su día basados en lo que los astros les deparen. Que sigan tomando sus medicamentos homeopáticos, al fin que a quienes creen en ellos les caen bien y les dan resultado. El mundo no va a cambiar por nuestras opiniones, sean éstas correctas o, como parecen ser, incorrectas en tu caso.

 

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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