Nanomedicina no es Homeopatía y viceversa

Por Miguel Angel Méndez Rojas

En la sección de opinión del periódico “El Sol de Puebla” del pasado sábado 25 de Abril del presente, el columnista Valentín Lezama publicó una nota de opinión titulada “Homeopatía y nanomedicina”, la cual el lector interesado puede encontrar en la siguiente dirección electrónica:

http://www.twitlonger.com/show/n_1slterj

En dicha nota, discute sobre las características de la homeopatía, un tipo de medicina alternativa, y sus diferencias con la medicina científica, moderna, occidental o medicina basada en la evidencia, aquella denominada por los homeópatas como “medicina alopática o alopatía”, un poco para tratar de generar una percepción de que ambas medicinas son visiones distintas de una misma área. Pero no es tal cosa. La medicina moderna es el resultado de miles de años de estudios sistemáticos, cuidadosos y que emplean el método científico para mantener y recuperar la salud, diagnosticar, tratar y prevenir enfermedades. Su objeto de estudio es la vida, la salud, las enfermedades y la muerte del ser humano. Podríamos decir que sus inicios son los mismos de la humanidad, desde el momento en que descubrió (a través de la experiencia) cómo emplear plantas, minerales y animales para tratar distintos males. Más adelante, distintas culturas antiguas en India, China, Grecia y Egipto, entre otras, la desarrollaron y trataron de alejarla de las connotaciones que la rodeaba de magia y misticismo. Los estudios anatómicos, impulsados principalmente por el genio y curiosidad de Leonardo Da Vinci, durante el siglo XV y XVI, dieron importante impulso y mayor conocimiento sobre el funcionamiento del cuerpo humano. A partir del siglo XIX la medicina moderna avanzó notablemente gracias a la introducción de nuevos instrumentos y teorías que nos llevaron eventualmente a la medicina actual, basada en el uso de principios farmacológicos (en vez de plantas, minerales o animales), un mejor conocimiento de las bases moleculares de las enfermedades y técnicas modernas de diagnóstico. La homeopatía, por otra parte, se basa en el principio establecido en 1796 por Samuel Hahnemann de que “lo similar cura lo similar”, de forma tal que una enfermedad podría ser curada empleando una sustancia que causara los síntomas de la enfermedad en una persona sana. Sin embargo, la homeopatía carece de un fundamento científico, no tiene evidencia científica de la efectividad real de sus remedios, su “efectividad” no puede ser estadísticamente diferenciada del tratamiento con placebos, y básicamente se considera una pseudociencia, por no decir un chantaje con tufo a charlatanería.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Homeopat%C3%ADa

Lamentablemente numerosas personas hoy en día se han inclinado por este tipo de medicina alternativa al considerarla como efectiva, más económica, natural e, incluso, como una manera de tomar una posición de activismo social para estar en contra de los intereses de la Gran Industria Farmacéutica (Big Pharma), una teoría conspiracionista que asegura que la medicina moderna y los médicos que emplean medicina basada en principios farmacológicos científicamente desarrollados forman parte de una conspiración internacional que busca maximizar los beneficios económicos para las grandes compañías farmacéuticas y controlar, a través de los medicamentos y sus efectos secundarios, las voluntades y salud de la población humana global. En casos extremos, pacientes con enfermedades graves o terminales (cáncer, SIDA, malaria o incluso el mismo ébola durante la reciente epidemia en África) han sido tratados por sus familiares (o ellos mismos) empleando “medicamentos homeopáticos”, resultando en complicaciones por falta de atención médica oportuna e incluso la muerte. La forma de preparación de sus remedios y tratamientos, empleando diluciones sucesivas de una sustancia en alcohol o agua destilada, nos lleva a dudar incluso de la existencia de dicho principio activo en la solución. Diluciones 30C, que implican factores de disolución de hasta 1060 implican que ni siquiera sería posible la existencia de una molécula o átomo completo de la sustancia activa en el medio. En otras palabras, no habría manera de distinguir entre el solvente y la dilución. Consumir un medicamento homeopático es equivalente a tomarse un trago de agua destilada. También son muy empleadas las llamadas “píldoras homeopáticas”, las cuáles son en principio pastillas de azúcar mojadas por una gota de una disolución homeopática (los famosos “chochitos”). Los ingredientes activos de la homeopatía no son las sustancias con actividad farmacéutica que la medicina moderna ha descubierto y refinado, sino que son extractos (altamente diluidos) de plantas y minerales (árnica, azufre, acetato de zinc, pero incluso hay preparados con granito molido, platino o venenos de reptiles o insectos). Su efectividad, nuevamente, es muy cuestionable pues no es posible diferenciar entre los efectos benéficos que un placebo en un grupo control muestra respecto a los de individuos tratados con el remedio homeopático.

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http://vidatoxonline.com/

Bueno, volviendo a la nota escrita por Valentín Lezama recientemente, también tocó el tema de la Nanomedicina, una excitante área de investigación donde confluyen la medicina y la nanociencia y la nanotecnología en la búsqueda de nuevas alternativas que permitan, desde la ciencia, incidir en la mejora, tratamiento, diagnóstico y conservación de la salud humana empleando materiales nanoestructurados. Y muy erróneamente trata de construir un puente que vincule a la homeopatía (con sus diluciones infinitas) y la nanomedicina (con sus componentes tan pequeños, que son invisibles al ojo humano). Y en su argumentación, invoca un par de ejemplos no solo equivocados, sino altamente subjetivos y engañosos como lo son la existencia de “nano moléculas” y la supuesta relación entre el trabajo en Nanomedicina (serio, científico y cuidadoso) de una destacada investigadora mexicana, la Dra. Tessy López Goerne de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Homeopatía. Primero, no existen tales cosas como las nanomoléculas (y no, no soy yo de esos detractores enjundiosos que el Sr. Lezama sugiere son patrocinados por los grandes laboratorios farmacéuticos), puesto que con un poco de educación básica en química y física podemos darnos cuenta de que una molécula en sí, es ya una unidad mínima de materia, compuesta por un par o más de átomos individuales, concatenados a través de fuerzas de enlace que les permiten tener estructura, identidad y propiedades únicas. Así como no es posible (físicamente) tener átomos “más chiquitos” de una misma sustancia, es imposible tener “moléculas más chiquitas” de otras. Es decir, la nanotecnología trata sobre la manipulación (y control) de las propiedades de la materia en la escala nanométrica (1×10-9 metros, o 0.000000001 metros), y los bloques básicos de construcción en esa escala no son otros más que átomos y moléculas. No hay objetos físicos más pequeños que podamos manipular con la física y química actual para formar la materia que nos rodea de forma cotidiana (excepto, claro, si nos vamos a la física de partículas, en donde partículas más elementales como protones, electrones, neutrones y otras muchas más, nos permiten construir átomos individuales). Lo terriblemente engañoso es tratar de hacer creer que así como la nanomedicina ha mostrado efectos reales y científicamente probados para tratar ciertos padecimientos y trastornos de salud (pero empleando materiales tan pequeños, que parecen invisibles pero que ahí están presentes, son reales, como puede el interesado comprobar empleando potentes microscopios electrónicos, así como otras técnicas instrumentales sensibles y avanzadas), la homeopatía y sus medicamentos de agua diluida (con memoria de aquello con lo que estuvo en contacto), tienen efectos similares y explicables por razones comunes. No. No es así. Suponerlo, sugerirlo o afirmarlo, no solo es erróneo sino que también es irresponsable y dañino. Lamentablemente, esta pseudociencia trata de respaldarse en publicaciones supuestamente serias y científicas (como las de la revista Homeopathy, que tristemente publica Elsevier, uno de los mayores consorcios editoriales científicos del mundo) y que disfrazan artículos que carecen de proceso de revisión crítica, por pares y con metodologías comprobables y científicas, como publicaciones serias y válidas.

homeopatic

http://www.homeovision.com.es/menu/homeonanomedicina.html

La posición extremista de considerar que la industria farmacéutica tiene una agenda económica y política que va en contra de la mayoría de la sociedad y que solo se interesa en las ganancias, ha mentalizado a millones de personas para alinearlos a diferentes formas de charlatanería pseudocientífica, como la homeopatía, el evitar vacunar a los hijos, el vegetarianismo extremo (veganos) o incluso seguir métodos educativos cuestionables y engañosos como la mal llamada “pedagogía Waldorf” que no es otra cosa más que un movimiento pseudocientífico que busca formar adeptos que consuman los productos de estos mercaderes de la ignorancia. Así como ellos acusan a los científicos o médicos que tratan de informar con datos fidedignos a las personas para que tomen decisiones informadas y responsables, de que éstos son patrocinados por “esos oscuros intereses económicos de las grandes compañías y el corporativismo internacional”, la triste realidad es que muchos de ellos lo que buscan es embolsarse miles de millones de dólares en el mercado (real) de la medicina alternativa, tradicional, homeopática y otras charlatanerías por el estilo. Venden agua, a precio de oro.

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. Autor de “Ciencia sin complicaciones” (UDLAP-EDAF, 2015), libro de divulgación de ciencia para todo público. miguela.mendez@udlap.mx

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