La deforestación: un desastre ambiental global

Francisco Guerra

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Casi a cualquier transeúnte que se le cuestione qué entiende por deforestación tendría una ligera idea de que este proceso se refiere al hecho de tirar o talar árboles, desmontar, eliminar la cobertura o cubierta vegetal o alguna cosa parecida. En efecto, la deforestación, de acuerdo a la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura; 2001) hace referencia a una pérdida de al menos 10% de la extensión de un bosque (u otro tipo de vegetación).

Como se sabe, la deforestación implica la eliminación de una parte del bosque. Sin embargo, la pérdida de estas pequeñas porciones de bosque tiene repercusión a escalas locales, regionales y globales. A escala local, la deforestación provoca la pérdida de suelos por erosión y desecación; disminuye la captación de agua hacia las aguas subterráneas; provoca la eliminación de especies animales y vegetales y la migración de las mismas;  favorece el escurrimiento de las aguas y facilita las inundaciones en las planicies. A escala regional, la deforestación modifica el clima aumentado la temperatura (los árboles amortiguan el clima y en su ausencia se eleva la temperatura); cambia drásticamente el ciclo del agua, pues a falta de árboles es imposible captar agua para el subsuelo; reduce la captación de dióxido de carbono (gas de efecto invernadero); disminuye la presencia de oxígeno (vital para la respiración de los seres vivos); y deteriora el paisaje de la región. Finalmente, a escala global, la deforestación favorece el cambio climático global debido al aumento de la temperatura y a la disminución de la circulación de agua.

Como dice mi amigo Sebastián en alusión a una ironía, casi nada.

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