La Homeopatía: ¡Un unicornio en la práctica médica!

Eduardo Sánchez-Lara* y Aarón Pérez-Benítez

Centro de Química y Facultad de Ciencias Químicas, BUAP

 

Vivir ya es bastante milagroso.

Mervyn Peake, The Glassblower

[El soplador de vidrio] (1950)

 

Actualmente se considera a la homeopatía como un sistema de medicina alternativa, que utilizan cerca de trescientas millones de personas alrededor del mundo. Como tal, la homeopatía (del griego homoios = similar y pathos = patología o enfermedad) es una palabra que fue acuñada en el siglo XIX por Christian Friedrich Samuel Hahnemann (1755-1843), para designar el tratamiento que daba a sus pacientes convencido con la idea de que «lo similar se cura con lo similar: Similia Similibus Curentur» (Figura 1).

Ese principio denominado «La ley de los similares» fue sugerido en la antigua Grecia por Hipócrates (460-370 a. C.) y  utilizado en la edad media por Paracelso (1493-1541 d. C.), sin embargo fue Hahnemann quien la catapultó hasta nuestros días (Figura 1b).

HahnemannPrin

(a)

Tiendah

(b)

Figura 1 Un timbre postal (a) con el enunciando de «La ley de los similares» y una tienda homeopática (b) en las que se aprecia la efigie de S. Hahnemann (Stemmler, 2012).

Lo similar se cura con lo similar es una regla que suena «muy lógica» como para ser creída, a no ser porque cuando ésta no le funcionaba, Hipócrates usaba el otro aforismo, el de los contrarios: «Lo opuesto cura a lo opuesto: Contraria contraris curentur o Contraria curentur oponenda”. Y de la misma manera que el principio de los similares, el de los contrarios fue practicado y traído hasta nuestros días por Galeno de Pérgamo (131-201 d. C.) (Hernández-Ríos, 2012) y también tiene varios seguidores que lo practican tal cual.

Cuando uno se acerca a la ciencia le es difícil entender como es que algunos engaños, como el de la homeopatía y su filosofía, se han abierto camino durante cientos de años para seguir funcionando y produciendo ganancias millonarias para algunos cuantos, aprovechando la ignorancia de muchos otros y su necesidad de creer y de sanarse.  Pero veamos porque decimos esto:

Según la homeopatía una persona enferma puede sanar si se le administra una sustancia débilmente dosificada, igual a la que en «cantidades normales» le causa los mismos síntomas a una persona sana (Figura 2).

Figura2

Figura 2 Base pseudocientífica del funcionamiento de una preparación homeopática (El principio de la similitud. Tomado de Aguirre, 2015).

 

De acuerdo con lo anterior, una persona con diarrea podría curarse con algo muy diluido que a otra persona sana le provocase diarrea…, ¡un laxante con cantidades ínfimas de fenolftaleína podría ser la respuesta! (Cortés, 2011). Y el lagrimeo de un enfermo podría curarse con un medicamento homeopático que a una persona sana le cause lagrimeo, quizá un extracto muy diluido a base de cebolla. Note que esta idea de cura no hace hincapié en la causa de la enfermedad, la cual podría ser una infección por un microrganismo o algún trastorno fisiológico.

Por si acaso lo está pensando, el ingreso de una sustancia cualquiera al organismo (sobre todo por vía oral) no funciona de la misma manera que una vacuna, que inyecta una cantidad ínfima de un virus en el cuerpo con el objetivo de provocar una reacción defensiva de nuestro sistema inmunológico.

El segundo gran cuestionamiento a la homeopatía está en la dosis y en la forma de preparar los «medicamentos homeopáticos» porque es algo que resulta extraordinariamente inexacto y fantasioso. Algunos de esos remedios que se pueden conseguir en farmacias, droguerías y hasta en tiendas comerciales, están marcados con leyendas de concentración tales como 1CH, 2CH…, 30CH, etc., en donde la CH significa centesimal Hahnemanniano y expresa su grado de dilución (Figura 3).

Figura3ProductosBoiron

Figura 3 Preparaciones homeopáticas comerciales. En el más próximo se puede leer la leyenda 5CH (Concentración Hahnemanniana 5).

 

A partir de una preparación conocida como tintura madre, TM (generalmente un extracto acuoso o etanólico de una planta u otro material) se realizan diluciones de ella en proporción 1:100 (1CH); 1:10,000 (2 CH); 1:1,000,000 (3CH)…, etc. (Figura 4).

fig6

Figura 4 Unidades de concentración Hahnemaniannas: Una gota de la tintura madre (TM = Tintura madre) se disuelve en 100 gotas de alcohol para dar una unidad de concentración Hahnemanniana, conocida como 1CH. Una gota de 1CH se diluye en 99 gotas de alcohol para dar dos unidades de concentración Hahnemanniana (2CH) y así sucesivamente.

 

Otra verdadera chapuza, tanto porque no se puede comprobar como porque no tiene sentido, es que entre una dilución y otra hay que darle al frasco contenedor un cierto número de «dinamizaciones o sucusiones» (sacudidas) con una fuerza tal que le confiera al medicamento mayor o menor «potencia«. En las propias palabras de Hahnemann (Flores Villalva, 2006):

Hahnemann_comentario

La expresión matemática que expresa el grado de dilución Hahnemanniana se puede obtener de la siguiente manera: Una gota del principio activo se mezcla con 99 gotas de disolvente para dar un total de cien gotas de disolución y así sucesivamente:

f7

Preparar una disolución así es matemáticamente posible pero físicamente complicado y muy inexacto e incluso imposible si se trata de concentraciones 30CH o 60CH que fueron las más usada por Hahanemann. Es imposible porque el límite molar sería la concentración 12CH, a la cual ya solamente habría una fracción de la molécula del principio activo. Veamos:

Si tomáramos como tintura madre un litro de disolución 1 molar (la cual por definición contiene  6.02×1023 moléculas = Número de Avogadro) y efectuamos diluciones al estilo Hahannemann, cada vez disminuyendo el número de moléculas en dos órdenes de magnitud, encontraríamos que a 12CH (= 1×10-24) ya solamente quedarán…, ¡0.62 moléculas! Una fracción de molécula significaría que el denominado principio activo ya no existiría como tal; es decir, que ha reaccionado (sufrió una reacción de descomposición). Por lo tanto, en los medicamentos marcados como 12, 15 o 30 CH no hay sustancia química ¡El paciente está bebiendo solo agua!

Entre los muchos ejemplos y argumentos que se han publicado para exponer la farsa que conlleva la homeopatía se encuentran:

a) En un estudio realizado con 300 voluntarios que consumieron «sobredosis» exageradas de medicamentos homeopáticos ninguno sufrió daño (Andy Coghlan). Esa demostración empírica indica que no existe una dosis letal DL50 establecida.

b) Si es que la hubiera, la cantidad del principio activo de un medicamento homeopático estaría mucho muy por debajo de lo que la ciencia y la tecnología pudieran detectar para hacerlo válido. Tampoco existe ninguna forma de saber cuantas veces se sacudió el frasco para comprobar «el poder» del medicamento.

c) Con cantidades tan extremadamente bajas del principio activo: ¡Un medicamento homeopático no debería tener color, ni olor, ni sabor! Si los tuviera, éstos provendrían de contaminantes o simpes adornos agregados a la muestra.

d) Para demostrar lo anterior, en un experimento muy ilustrativo se ha presentado en una clase de laboratorio de química, el efecto de diluir una muestra de concentración 0.01 M de permanganato de potasio en una relación 1:10 (no 1:100 como en el caso de Hahanemann). Como puede apreciarse a simple vista en la figura 5a, la séptima dilución es incolora. Un espectrómetro de ultravioleta-visible que inicialmente se satura a una longitud de 525 nanómetros, ya no alcanza a detectar muestra por debajo de una concentración de 1×10-6 (punto inferior izquierdo de la figura 5b) (Abellán, 2014).

Figura5

Figura 5 Una práctica escolar demostrando el efecto de las diluciones de una muestra de KMnO4 0.01 M (a) y determinación de la cantidad de muestra contenida en ellas usando un  espectrofotómetro de ultravioleta-visible a 525 nm (Tomada de Abellán 2014).

 

e) Con cantidades tan extremadamente bajas del principio activo, el efecto que pudiera tener un medicamento homeopático sería semejante al de un placebo o al de rezar una oración al santo de su preferencia.

f) En su libro BadScience, Ben Goldacre dice: Imagina una esfera de agua con un diámetro de 150 millones de kilómetros (es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol). La luz tarda ocho minutos en recorrer esa distancia. Imagina una esfera de agua de ese tamaño con una molécula de una sustancia disuelta en ella: eso es una dilución 30 CH (para los pedantes: es 30.89 CH).

Con estos datos es obvio que los fabricantes de estos «medicamentos» homeopáticos gastan muy poco en principios activos para hacer verdaderas fortunas. Aunque estos negocios fraudulentos han sido denunciados y expuestos en múltiples ocasiones, el negocio continúa apoyado incluso por malos científicos.

Al respecto, una anécdota interesante sucedió en 1988 cuando los editores de Nature, la revista más prestigiosa del mundo, recibieron un artículo de Jacques Benveniste, notable científico francés reconocido por sus trabajos sobre la inflamación. En este artículo Benveniste  mencionó el efecto biológico de las diluciones homeopáticas de ciertos anticuerpos, los cuales aún al estar diluidas al extremo de no encontrar una sola molécula del anticuerpo en la muestra, ésta mantenía la facultad de provocar una reacción biológica. La respuesta de John Maddox, editor de la revista, fue la de publicar el artículo bajo reserva de que un comité externo comprobaría los experimentos realizados por el equipo de Benveniste.  El comité revisor estaba conformado por el propio John Maddox, Walter Sterwart (científico y cazafraudes) y James Randi (ilusionista y escéptico canadiense). El 28 de Julio del mismo año  Nature publicó sus resultados concluyendo que el trabajo de Benveniste estaba plagado de mala praxis, ausencia de protección frente a contaminación, controles inadecuados, posibles sesgos por parte de los observadores, fallos de muestreo y para rematar, dos de los investigadores del equipo cobraban en la multinacional homeopática Boiron. Todo ello representó un rotundo fracaso para el equipo Francés y el retroceso de la homeopatía hasta la línea de salida.

Otras ideas descabelladas se han inventado para soportar a la homeopatía. La idea de «una memoría» del agua capaz de recordar la estructura del principio activo o la transferencia de una «energía vital» del principio activo al agua…, y otras cosas más imposibles de probar como las sucusiones mismas, puesto que se debería detener la agitación del frasco una vez hecha la preparación homeopática para que ya no siguiera «agarrando más poder».

 

Conclusión

Con tantos documentos que se han publicado intentando disuadir a la gente de comprar y consumir medicamentos homeopáticos, éste podría ser sólo uno más. No obstante, en términos de economía, en términos de salud y en pro de un pensamiento crítico y de una enculturación científica de la población, vale la pena la presente exposición, así como cualquier plática familiar exponiendo lo mítico que resulta la homeopatía.

También vale la pena preguntarse por qué la gente se acerca a comprar estos medicamentos homeopáticos. Nosotros suponemos que es porque junto con ellos se venden infinidad de artículos más para exacerbar el fanatismo de la gente, así como bolsitas de productos naturales (hojas, tallos, etc.) que tienen tradición milenaria de ser plantas curativas.

 

(*) Eduardo Sánchez-Lara es estudiante de la Maestría en Ciencias Químicas de la BUAP. Ha publicado artículos internacionales sobre la química del vanadio y su efecto en el tratamiento de la diabetes mellitus y artículos de divulgación científica en revistas locales. Sus gustos: la literatura y la música. Contacto: esl_24@hotmail.com

 

 

Referencias

Abellán G., Rosaleny L. E., Carnicer J., Baldoví J. J. y Gaita-Ariño A. (2014). «La aproximación crítica a las pseudociencias como ejercicio didáctico: homeopatía y diluciones sucesivas». An. Quím. 110 (3) 211-217.

Aguirre C. (2015) «Qué es la homeopatía». Consultado en línea el 25 de enero de 2015 en: <http://www.aguirrehomeopatia.com/que-es-la-homeopatia-2/>

Cortés I. Similia similibus curantur: lo semejante cura lo semejante. Consultado en línea el 12 de noviembre de 2014, en: <http://www.similia.com.mx/index.php?sec=nota&cat=18&sub=0&id=3>

Hahnemann S. «El organon de la medicina (Edición 6b)»

Flores, V. (2006). «Escala LM. Las potencias homeopáticas a la 50 milesimal: preparación, dosis, casos; un método para recetarlas». Kier: Buenos Aires.

Hernández-Ríos, L. A. (2012). «Doce arquetipos sanadores. Historia, simbolismo y clínica de los Doce Curadores del Dr. Bach». Ed. Transhimaláyica. México.

Rainsford K. D. (1998). Copper and zinc in inflammatory and degenerative diseases. Dordrecht: KluwerAcademicPublishers, p. 144

Stemmler B. «Homeopatía». Consultado en línea, el 17 de noviembre de 2014 en: <http://www.brittastemmler.com/homeopatia>

http://blog-static.hola.com/farmaciameritxell/files/2012/04/HOMEOPATIA2.jpg

 

 

You may also like...

2 Responses

  1. Verónica dice:

    Muy buen análisis científico sobre las bases de la homeopatía. Leído tal cual hasta me creo que no sirve para nada… en teoría. Me quedo sobretodo con tu reflexión final: preguntarse por qué la gente se acerca a comprar estos medicamentos homeopáticos.
    A lo largo de muchos años de práctica profesional como farmacéutica he escuchado cientos (si no es que miles) de consultas y dudas sobre tal o cual medicamento o producto. Gente como tú y como yo que buscan un alivio a sus males. Y no siempre me han buscado como primera opción, sino a veces en el extremo de la desesperación al no encontrar «algo» que les ayude a recuperar ese ansiado estado de bienestar que creemos que es la salud.
    Puede que te parezca algo banal, pero quien tiene un continuo malestar no quiere escuchar milongas del efecto placebo ni de cómo la ciencia puede explicar que la homeopatía no sirve para nada. Quiere un alivio venga de donde venga, así sea de la virgen de Lourdes, de un comprimido sin principio activo o simplemente de las palabras de aliento de alguien que empatice con su sufrimiento.
    No quiero con ello decir que permitamos todos los engaños habidos y por haber. Pero en esas píldoras azucaradas, en esas bolsitas de hierbas (no menospreciemos la fitoterapia) y en ese surtido de potingues que tenemos en las farmacias, puede estar la respuesta a los malestares de personas de carne y hueso, pero también con sentimientos y emociones que cabe tomar en cuenta en ciertos procesos de curación. Del ser humano y de sus enfermedades aún nos queda mucho, muchísimo por conocer.

    • Aarón Pérez-Benítez dice:

      Estimada Verónica: Muchas gracias por la lectura de nuestro artículo y por tus comentarios.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo respecto a la utilidad psicológica (moral) que pueda tener la homeopatía. Con Lalo fue motivo de discusión el asunto del efecto placebo y la necesidad de la gente de querer curarse o de querer que sus seres queridos sanen.
      Sin duda que eso, junto con los valores morales que nos inculcaron siendo niños, es algo muy difícil de arrancar de nuestra mente y de nuestros deseos. Pero la ciencia no admite engaños y no podemos tirar a la basura todo el conocimiento fáctico que la humanidad ha logrado a través de varios siglos de experimentación que se integran al gran cúmulo de conocimientos que constituyen la ciencia y cualquiera de sus ramas, incluyendo la farmacéutica.
      En fin, que si alguien quiere consumir este tipo de sustancias, que lo haga con conocimiento de causa; es decir, sabiendo que el ingrediente principal es su propia fe.
      Un abrazo: Aarón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *