Déjenme si estoy llorando: ¿Por qué lloramos?

Por Miguel Angel Méndez Rojas

Déjenme que estoy llorando,

ni un consuelo estoy buscando

quiero estar sólo conmigo.

0 http://es.wikipedia.org/wiki/Llanto

Típico. Estas viendo una película con tus hijos, en donde el que había sido el niñito en la primera parte de la trilogía es ahora un joven en edad universitaria que tiene que dejar el hogar familiar para empezar su vida estudiantil independiente. Y en una escena específica, cerca del final, lo ves recuperar sus juguetes de la infancia (un guardián espacial, un vaquero y una vaquera, un dinosaurio, un muñeco cara de papa, una alcancía de cerdo y un perro salchicha) y, tragándose su infancia de un golpe, se los regala a una niña pequeña, en una interesante metáfora del paso trágico de la vida infantil a la adulta. Por supuesto, miras la escena y un nudo se forma en tu garganta. Tus ojos se humedecen: estas al borde de las lágrimas… El llanto es la manifestación física más evidente de un estado emocional que por lo común, más no siempre, se relaciona con la tristeza. Sin embargo, puede activarse por otras emociones tales como el dolor, el miedo, la risa, la alegría o incluso tener su origen en un proceso natural, asociado con la limpieza de los ojos (lubricación) necesaria por resequedad, una infección o un cuerpo extraño que invade tus globos oculares.

El llanto no solo es agua que es secretada por los conductos lacrimales. Tiene una composición química compleja que incluye, entre varios otros componentes, iones potasio, manganeso, hormonas como la prolactina, la adrenocorticotropa y la leu-encefalina, además de anticuerpos, lactoferrina, enzimas como la lisozima y la lacritina. Algunas de estas sustancias tienen actividad antibiótica, de manera tal que defienden al ojo contra las infecciones, mientras que otras como los electrolitos ayudan a controlar los procesos osmóticos. No todas las lágrimas son iguales. Cuando simplemente los ojos se humedecen para lubricar la córnea (lágrimas basales), las lágrimas son prácticamente agua, glicoproteínas como la mucina (un agente lubricante), lípidos diversos, lisozima (un tipo especial de enzima capaz de dañar la membrana celular de bacterias, también presente en otras secreciones como la saliva, la leche materna y el moco), lactoferrina, lipocalina (una proteína que estimula la respuesta inmunológica), lacritina (una proteína con actividad bactericida), inmunoglobulinas, glucosa, urea, sodio y potasio. Por otro lado las lágrimas reflejas (causadas por irritación del globo ocular por alguna partícula externa o por sustancias irritantes como cuando estamos cortando cebollas, o quemando chiles o nos cae jugo de limón en el ojo), se producen en un acto reflejo (de ahí su nombre) de lavar las sustancias o cuerpos extraños que causan la irritación y son básicamente de la misma composición que las lágrimas basales. Finalmente, las lágrimas psíquicas (las producidas por el llanto), son producidas por una situación emocional (positiva o negativa) y contienen, además de todas las sustancias ya previamente dichas otras como hormonas (prolactina, adrenocorticotropa), analgésicos como la leucina encefalina. Aunque al final, la mayoría de nosotros diríamos que cualquier tipo de lágrima sabe, simplemente, salada.

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http://en.wikipedia.org/wiki/Tears

Estadísticamente, las mujeres lloran más que los hombres, aunque esto es algo que muchos podrán decir es una aseveración machista de mi parte. Pero no se preocupen: los hombres también lloran. Sin embargo, es entendible que los cambios emocionales derivados de su ciclo menstrual y la liberación de hormonas, hagan a las mujeres más susceptibles al llanto. Sin embargo, y sin necesidad de unas cuantas copas encima, he visto machos de pelo en pecho llorar a moco tendido cuando en el último segundo de juego reglamentario, su equipo favorito de futbol americano anota y rompe una racha de derrotas. O qué decir cuando la pequeña hija, enfundada en su tutú y zapatillas de ballet, te recibe en casa con esa mirada que te derrite y su vocecita susurrando “¡Papi!”. Y es que en cierta manera el llanto ayuda a aliviar los síntomas del estrés emocional, eliminando a través del llanto los excedentes de algunas hormonas como la adrenocorticotropa que nos induce una tendencia a estar hiperemotivos. Además la liberación en las lágrimas de analgésicos naturales como la encefalina, en cierta manera alivia el dolor asociado con la experiencia emotiva que nos acongoja. Sin embargo, lo anterior es solo una teoría que no ha sido comprobada plenamente. Llorar nos ayuda a sentir alivio ante las situaciones que nos agobian emocionalmente. Por eso nos dicen, cuando nos ven deprimidos y nos ofrecen un hombro donde desahogarnos, “Anda, llora. Libérate.”.

a. Glándula lacrimal; b) Orificio lacrimal superior; c) canal lacrimal superior; d) saco lacrimal; e) orificio lacrimal inferior; f) canal lacrimal inferior; g) canal nasolacrimal.

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http://en.wikipedia.org/wiki/Crying

Finalmente, llorar no nos hace menos hombres ni más femeninos, ni ningún otro tipo de estereotipo. Nos hace humanos, eso sí, aunque no distintivamente. La función de las lágrimas como lubricantes de los ojos, está presente en la mayoría de los animales. Pero todo aquel que tenga una mascota, jurará que ha visto en los ojos de sus gatos y perros, algo semejante a lágrimas, producto de la emoción natural de ver a su dueño o de la tristeza infinita al perderlo o verse abandonados o lastimados. Hay historias que cuentan del llanto de los elefantes, o los chimpancés bebés. Las imágenes, humanizando estas acciones a nuestras experiencias emocionales, nos mueven, nos incitan a protegerlos, a mimarlos, a cuidarlos. Tal vez en ese sentido, el llanto sirva como un mecanismo que invita a la empatía entre especies. A cuidar al más vulnerable. Sin embargo, y es solo por precaución, no confíen en las lágrimas de un cocodrilo.

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http://www.huffingtonpost.com/2014/09/03/rajua-crying-elephant-chains_n_5758396.html

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. miguela.mendez@udlap.mx

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