Sobre los Premios Nobel

Por Miguel Angel Méndez Rojas

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http://www.nobelprize.org/

Ya es otra vez esa época del año en que comienza la locura Nobel. En numerosos laboratorios alrededor del mundo (incluso en varios mexicanos), científicos y estudiantes de pregrado y posgrado corren apuestas con los nombres de sus favoritos. Nombres y descubrimientos se barajean entre los interesados, tratando de justificar sus propuestas mediante juicios de valor que intentan convencer a los demás de los grandes logros que uno u otro han conquistado en su lucha de décadas por el máximo reconocimiento que se otorga hoy en día a los avances más importantes (según la Real Academia Sueca de Ciencias y Letras) en cinco áreas muy específicas: Medicina y Fisiología; Física; Química; Literatura y Paz. El porqué de esas áreas y no de otras, como las Matemáticas o la Biología, se ha discutido mucho y no será el tema de esta contribución. Sin embargo, es preciso mencionar que existen otros premios (algunos de ellos más atractivos desde un punto de vista del premio en efectivo entregado al o a los ganadores) que se han creado en distintas fechas posteriores al legado de Alfred Nobel, como los Premios Kavli, que otorgan cada dos años la Fundación Kavli (también asentada en Suecia) y que comenzaron a entregarse apenas desde Septiembre del año 2008 a las contribuciones científicas más importantes en Astrofísica, Neurociencias y Nanociencias, con un premio en efectivo de $1,000,000 de dólares. O que tal la Medalla Fields que se entrega cada cuatro años a solo cuatro matemáticos que no rebasen los cuarenta años y que muchos consideran el “Nobel de las Matemáticas” (que, por cierto, fue recientemente entregado por vez primera a un latinoamericano. Al respecto, mi querido colega matemático el Dr. Guillermo Romero escribió una breve e interesante reflexión recientemente: http://blog.udlap.mx/blog/2014/10/laprimeramedallafieldselnobelmatematicoparalatinoamericasevabrasilydondeestalamatematicamexicana/). El premio es modesto ($15,000 dólares canadienses), pero es sumamente competido y representa un gran honor ser distinguido con el mismo.

Aunque sin duda hay varios destacados científicos que aguardan pacientes tras su escritorio en estas fechas, ansiosos por contestar una llamada telefónica proveniente de Estocolmo, muchos más probablemente tratan de mantener una vida más o menos común y corriente, ya sea porque se han cansado de esperar algo que piensan que nunca vendrá o simplemente porque en realidad no piensan que su trabajo pueda ser considerado para un reconocimiento de tal trascendencia y magnitud. Recuerdo que hace algunos años me encontraba cenando con el Dr. Roald Hoffmann (Premio Nobel de Química de 1981) y otros colegas, en una visita que hizo a la Universidad de las Américas en el año 2006 como parte de las actividades que organizamos para dar a conocer la publicación de la traducción que hice de su libro “Chemistry Imagined: Reflections on Science” y que publicó el Fondo de Cultura Económica ese mismo año. Durante la cena, alguien le preguntó que cómo fue que se enteró de que había ganado el Nobel en 1981. Sonriente y divertido contestó que, de hecho, no se enteró primero por la tradicional llamada telefónica (que eventualmente recibió), sino que fue mientras escuchaba un programa de radio. Lo que sucedió fue que, ya que los del comité Nobel en Suecia no contaban con su número telefónico de casa (que era en donde él se encontraba por la diferencia de horarios entre Suecia y Estados Unidos), intentaron marcar a varios homónimos que residían en la zona de Ithaca, Nueva York, de tal manera que ya para la hora en que Roald reparaba la llanta de su bicicleta escuchó en las noticias que “un bromista al parecer había estado llamando durante la madrugada a varios hombres, de nombre Roald, tratando de engañarlos con que habían ganado el Premio Nobel de Química”. A los pocos minutos su teléfono sonó, y ya no fue tanta sorpresa escuchar a su interlocutor preguntar en sueco (Roald habla fluidamente más de 7 distintos idiomas), si esa era la casa del “Doctor Roald Hoffmann, profesor de química de Cornell”, a lo que Roald contestó que sí. Lo que siguió fue la confirmación de los rumores que previamente había escuchado. Cuando treinta minutos después llegó a su oficina en el Departamento de Química de la Universidad de Cornell, sus colegas y alumnos lo esperaban para felicitarle.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Roald_Hoffmann

En otra ocasión, más reciente, tuve la oportunidad de compartir en la ciudad de México el pan y la sal con otro galardonado, el Dr. Harold “Harry” Kroto, premio Nobel de Química 1996. En una charla muy interesante que acompañó la comida, mostró su pesadumbre por la poca motivación existente hoy en día entre los jóvenes por las ciencias y lamentó mucho que se dejaran fascinar más por cosas como el futbol o las estrellas de cine. Y no lo decía solo por decir: el actor británico Sir Ian McKellan, fuer compañero de estudios de Harry e, irónicamente, uno de sus principales descubrimientos, el fullereno o C60, es una molécula con forma de balón de futbol soccer. Sin embargo, fue muy explícito en señalar que las cosas podían cambiarse a través de la educación y la divulgación de las ciencias, ambas actividades muy importantes para cambiar a las futuras generaciones.
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http://es.wikipedia.org/wiki/Harold_Kroto

Yo creo que México podrá tener en el futuro otros Premios Nobel de quienes sentirse orgullosos, además de los ya consabidos Mario Molina (Química, 1995), Octavio Paz (Literatura, 1990) y Alfonso García Robles (Paz, 1982). Aunque es posible que sea a mexicanos que por razones distintas, se encuentran en una diáspora internacional, no en su país. Para mí es muy claro que dos de las mentes mexicanas más brillantes en un área de desarrollo científico y tecnológico tan estratégica para el futuro como lo es la Nanotecnología, los doctores Mauricio y Humberto Terrones Maldonado, son capaces de competir al tú por tú con otros destacados investigadores en el contexto internacional y, tal vez en un futuro no muy lejano, ser merecedores de este u otro destacado reconocimiento a sus contribuciones científicas. Lamentablemente su salida del país se originó por una penosa situación que nos recuerda que en México, todavía, seguimos imitando a las cubetas de cangrejos y nos enfrascamos en una absurda lucha por evitar que alguno se salga del recipiente. Cangrejismo científico le dicen.

0a3 http://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio_Terrones_Maldonado

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica. miguela.mendez@udlap.mx

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1 Response

  1. Buenas noches
    Le hago llegar invitación a rueda de prensa mañana martes, 21 de octubre a las 18:00 hrs. a celebrarse en el auditorio del Hospital Puebla.
    «Primera Implantación de válvula cardíaca sin cirugía»

    Espero tener la oportunidad de saludarlee y contar con su asistencia.
    Saludos
    Daniel González C

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