Minería criminal

Fis. Alfredo Osorio S.

¿Por qué permitimos que el Grupo México envenene nuestra agua, devaste las sierras y vuelva inservible nuestra tierra? ¿Qué nos falta para reaccionar? ¿Qué hace falta para echarlos fuera de Sonora? ¿De qué mierda estamos hechos?

Leopoldo Santos Ramírez, ciudadano  sonorense.

 

Germán Larrea Mota Velasco es su nombre. Es el dueño (principal accionista, CEO, dueño, etc., como usted quiera llamarlo) de Grupo México. De acuerdo a Forbes, es el patrón de la empresa número 529 a nivel mundial, emplea a 28934 personas, es el número 59 de los más ricos del mundo con una fortuna de 16 mil millones de dólares –datos de Forbes. Pero, que no se nos olvide, él es el principal responsable de la muerte de 65 trabajadores de la mina Pasta de Conchos, crimen que ocurrió el 19 de febrero de 2006 en una de las minas carboníferas propiedad del Grupo México. Este opulento pelafustán impidió el rescate de los cuerpos que habían quedado sepultados a 490 metros de profundidad, y, desde luego, los funcionarios responsables de aplicar la ley jamás molestaron a este delincuente.

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Río Sonora, reforma energética a prueba

Una tragedia semejante fue la que ocurrió en Chile. La mina “San José” (a 30 kilómetros de la ciudad chilena de Copiacó) se derrumbó, esto ocurría el jueves 05 de agosto de 2010. El derrumbe dejó atrapados a 33 mineros a 720 metros de profundidad durante 70 días. El costo de la operación fue de 20 millones de dólares. El contraste es tremendo. Aquí, en la malaventura de la mina de Pasta de Conchos, el número de víctimas fue de 65 (en el caso chileno, 33), en Pasta de Conchos la decisión de dejar morir a los mineros atrapados sólo les llevó cinco días a Larrea Mota Velasco.

 

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Germán Larrea Mota Velasco, presunto criminal

De nueva cuenta. De nueva cuenta Germán Larrea Mota Velasco acaba de cometer otro acto delictivo. Ácido sulfúrico, plomo, arsénico, cianuro y mercurio, entre otros contaminantes tóxicos, usados por el Grupo México en la extracción de oro y plata se han derramado en el río Bacanuchi tributario del río Sonora. Son, inicialmente, 272 kilómetros de río los que han sido intoxicados con estos carcinógenos; las poblaciones ubicadas en las márgenes tendrán que soportar, en muy poco tiempo, los efectos del ecocidio. Una de las poblaciones más afectadas es Cananea, lugar donde se encuentra la mina Buenavista del Cobre, Sonora. En este lugar, desde hace mucho tiempo, la población ha estado impregnándose, de manera aérea, de plomo. Las ventiscas, que usted puede apreciar en los videos que acompañan esta entrega, causan estragos en los habitantes de esta población; las partículas de 10 a 100 micrómetros (micrómetro es la millonésima parte de un metro) de plomo son las responsables de adherirse a la piel, disolverse en el tracto digestivo e irse directamente a los pulmones, las consecuencias son letales: dañan los riñones, el tracto gastrointestinal, el sistema reproductor, los órganos reproductores de sangre, las neuronas, entre otros.

Siete municipios sonorenses han soportado los daños señalados. Por desgracia su pesadilla recién inicia: la televisión nos ha mostrado, aparte del ecocidio, las pruebas de daños a la salud de los habitantes de los siete municipios, los más afectados son Ramos Arizpe, Banámichi, San Francisco de Jesús, Huepaca, entre otros. Para ver los efectos sobre la salud de los habitantes de la zona afectada, pueden ver los impresionantes resultados en la cara de la señora Luz Mercedes Acosta, quien, ante las altas temperaturas registradas, decidió refrescarse la cara con las aguas del río Sonora, lo que usted ve en la fotografía es el rostro de la señora Luz después de 20 minutos de refrescarse la cara con las aguas contaminadas con ácido sulfúrico, arsénico, mercurio, en fin, con las sustancias químicas que se usan en las minas para separar los metales.

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Luz Mercedes Acosta, afectada con los tóxicos de Larrea en el río Sonora

De manera indirecta, esta desventura ambiental ha permitido confirmar lo que nos espera con las “Reformas” recién aprobadas. Los descuidos de las trasnacionales para mantener el medioambiente sustentable son paradigmáticos a nivel internacional: Ecuador, Sudáfrica, Canadá, Alaska, en fin, en, literalmente, todo el mundo, los delitos ambientales son imperdonables. Revisemos los números que existen tras el caso de la mina Buenavista del Cobre   del Grupo México. De acuerdo a las cifras presentadas en el diario La Jornada en su edición del viernes 22 de agosto del presente, la mina produjo (sólo en 2013) 58 millones 582 mil kilos de cobre. Y de acuerdo a la misma información, las ventas, tanto nacionales como internacionales, le redituaron 432 millones 282 mil dólares, por tanto, si usted realiza la división de ambas cifras nos da el precio promedio de venta del kilogramo de cobre: 94 pesos por cada kilo de cobre. La producción (2013) de esta mina, únicamente, y sólo el cobre, sin contar los demás metales que suelen acompañar este metal (oro, plata, fierro, etc.), le permite a Larrea sobornar a las autoridades correspondientes que van desde el gobernador Guillermo Padres, al secretario del medio ambiente Juan José Guerra Abud, quienes han asumido el costo económico de los auxilios iniciales ambientales (de más de cien millones de pesos) con la promesa de Larrea de “pagarlos” en un futuro, por vía de mientras lo pagaremos usted y yo con los impuestos correspondientes. Todo a pesar de que Abud, había amenazado con “multas” de, inicialmente, 3 millones de pesos, y ante la presión mediática, aumento a 40 millones (3 millones de dólares). Sin embargo, si usted hace cuentas, le quedarán 429.282 millones de dólares, insisto, sólo de la parte de la producción 2013 que ha vendido el multicitado hampón de nombre Germán Larrea Mota Velasco.

De manera inesperada este delito ambiental cometido por el Grupo México puso en evidencia la absoluta vulnerabilidad del estado mexicano –por corrupción, negligencia, mediocridad, incapacidad técnica- para vigilar la acción depredadora de las compañías en nuestro territorio continental. ¿Y cuando ocurra en altamar un desastre ambiental de magnitud exponenciada? ¿quién vigilará la toma, operación, transportación del oro negro? Tendrá Abud, o quien en el momento de una posterior tragedia –tan frecuente en ese medio- tendrá la honestidad, más que el valor, de sancionar, clausurar, expulsar a Chevron, Texaco, BP, Iberdrola, Petrovisa (la nueva filial de Televisa que ya está armando su equipo para salir de los foros a los campos petroleros), etc. Como dice don Lepoldo Santos Ramírez ¿de qué mierda estamos hechos?

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