Una calumnia a nuestros próceres legislativos

Fis. Alfredo Osorio S.

calumnia 1

Han pasado de todo. Desesperación, enojo, ansiedad, todo un torbellino de emociones y, finalmente, las Reformas han sido aprobadas teniendo como sustento firme las leyes “secundarias”, dando como colofón la felicidad que se materializa en sus rostros. Seguramente las proyecciones que emiten sus caras, sus posturas, son la viva imagen de la tranquilidad, la satisfacción del deber cumplido.

Para mí la preocupación sobre el tema se está volviendo vieja. En diversos medios – internet, periódicos digitales, diarios impresos, radio, etc.- he estado manifestando mis opiniones acerca de la bondad que han tenido los diputados, senadores, políticos de toda laya y de, prácticamente, todos los partidos, para legalizar el robo que han asestado a los mexicanos. Las “argumentaciones” han sido una burla a la inteligencia de la sociedad: “disminuirán las tarifas eléctricas”, “el precio del gas bajará”, “modernizaremos a Pemex”, el petróleo seguirá siendo de los mexicanos,… la retahíla argumental es apabullante, claro, con el concurso de las televisoras oficialistas que usted y yo conocemos.

Desvelándome, viendo en el canal del Congreso las “discusiones” de las Leyes Secundarias, me sorprendo con el discurso de Héctor Gutiérrez de la Garza (Maestría en Derecho), quizá con profundos conocimientos en el ámbito del Derecho pero sin ninguno en el mundo de las ciencias, haciendo las siguiente afirmación: <<sólo serán necesarios 15 millones de litro de agua para perforar un pozo de hasta 6 kilómetros de profundidad>>. A esas horas de la madrugada en las que dio su discurso me propuse hacer el cálculo de este abogado. Según él, con 15 millones de litros de agua será suficiente para realizar el “fracking” a esas profundidades. Revisando el tema en comento, pude darme cuenta que los diámetros promedio de los tubos de perforación son de, al menos, 15 centímetros de diámetro; si usted calcula el volumen de un cilindro de 15 centímetros de diámetro y 6 kilómetros de profundidad (recuerde que el volumen de un cilindro es π r2 h, con los significados usuales de r y h) tendrá el siguiente resultado 28.27 metros cúbicos, es decir, casi el doble del volumen proclamado por el discurso del abogado Gutiérrez de la Garza. Sin embargo, ese no es el volumen necesario para realizar una práctica de fracking, para lograr la presión necesaria para romper las rocas subterráneas será necesario, cuando menos, tres, cuatro, cinco,…, veces más el volumen predicho por el diputado Gutiérrez De la Garza como lo podría comprobar algún experto (que no sea el referido licenciado) y que, más que nada, depende del tipo de estructura geológica que se vaya encontrando a lo largo del camino de 6 kilómetros de profundidad. Bueno, a esa profundidad nos la presentó el licenciado Héctor.

¿Y los problemas ambientales? Usted puede consultar nuestras páginas de Quid Novi (El fracking: una atentado contra el territorio) para ver los videos al respecto, son verdaderamente escalofriantes. Los residuos que afloran después de la perforación son desde los más inofensivos como el lodo, hasta los que contienen elementos radiactivos, pasando por el problema de que los mantos freáticos se mezclan con gases explosivos que hacen estallar las cocinas de las personas que viven en las proximidades del pozo de perforación. Nada más “envidiable”. Lo anterior sin contar con los sismos, la extracción de agua en zonas áridas, la creación de lagunas de lodo contaminante, etc.

Si todo lo anterior lo sabe nuestra “chiquillada legislativa”, entonces, ¿por qué lo hacen?

La respuesta es relativamente fácil de contestar. Habrá, nada más, que revisar las historias de privatizaciones en el país. Veremos en ellas que los funcionarios, a la sazón, en el momento de la privatización se convirtieron, en poco tiempo, en “consejeros”, “miembros del Consejo de Administración”, “asesores”, y, en algunos casos, directamente en funcionarios de empresas asociadas a las que han sido privatizadas, o más descaradamente en propietarios de las empresas que un poco antes pertenecían a los mexicanos. ¿Algunos ejemplos? Veamos: Adrián Lajous, Andrés de Oteyza, Ernesto Zedillo, Felipe Calderón, Vicente Fox, Carlos Salinas, Pedro Aspe Armella, Esteban Moctezuma, Miguel Alemán, Luís Téllez Kunzler, etc. Los ramos en los que estos ex funcionarios se han hecho multimillonarios son de sobra conocidos: aviación, televisoras, “oceanografías”, Casa de Bolsa, bancos, constructoras, bienes raíces, ferrocarriles, telecomunicaciones, fertilizantes,…, la lista es interminable, todas sin ningún beneficio popular.

Para darnos una idea de lo que está de por medio, recurramos a la declaración de Juan José Suárez Coppel, ex director de Pemex en el sexenio próximo pasado, quien afirmo que Pemex valía –en 2012- la friolera de 150 mil millones de dólares, sin contar con los pozos Trion I y Máximino I (http://www.24-horas.mx/cuanto-vale-pemex/). Respecto a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) nadie sabe el valor de la misma, sin embargo, por el valor de los contratos que ha asignado a empresas extranjeras, por el número de usuarios, por las instalaciones, la infraestructura general, etc., la CFE debe valer, al menos, 50 mil millones de dólares. Ciertamente, 200 mil millones de dólares no podrán ser dispuestos de manera inmediata. Su disposición se hará a lo largo de algunos, pocos, años, aquí lo interesante será preguntarnos: de un botín de 200 mil millones de dólares, aquí mi suposición ¿descabellada?, que las trasnacionales se queden con el 75% y sus socios (los políticos aprobadores de las Reformas) con el 25% restante, es decir, 50 mil millones de dólares. Cuánto les tocará a los presuntamente inmiscuidos en esta fiesta de reformas…

Me despierto de esta “pesadilla de una noche de verano”, y declaro que sólo es una calumnia a nuestros próceres legislativos, que ellos sólo han actuado en el interés de los mexicanos, que no los mueve ninguna pasión monetaria, que lo hacen por su amor a México.

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