El valor de valorar lo invaluable

Por Miguel Angel Méndez Rojas

Yo tengo una colega invaluable, cuyo nombre y lugar de trabajo me voy a reservar por discreción, respeto y por el enorme aprecio que le tengo. Ella tiene una historia de valor, paciencia y superación en la ciencia y en la investigación. Me gustaría contar tres historias de cómo a veces un país, o una institución o una persona terminan por no apreciar el valor verdadero de aquellos que, si fuésemos capaces de mirar más allá de nuestras propias limitaciones, valen mucho más de lo que podemos imaginar. Así que, como circo, esta narrativa tendrá 3 pistas, no necesariamente todas ellas relacionadas entre sí.

http://nanoudla.blogspot.mx/2010/07/con-dos-terrones.html

Pista 1.
Eran mediados del mes de Diciembre de 2009 y dos de los más importantes investigadores del área de Nanotecnología en el país al acudir a laborar como hacían cotidianamente a su centro de trabajo, encontraron que les era negado el paso al mismo; cuando horas después les fue permitido entrar acompañados de un guardia, fue para hallar sus oficinas cerradas y sus objetos personales fuera de su alcance. Una venganza académica, proveniente desde la dirección de la institución pero finalmente orquestada por un par de sus colegas investigadores, fue lo que originó esta lamentable situación. Por el pecado de haber denunciado irregularidades, de señalar judicialmente el abuso de poder de un grupo y por ser la voz y figura visible de aquellos que gritaban “¡Ya basta!”, el veredicto de un juicio sumario en su contra fue aplastante: Despedidos. Y no solo se contentaron con ello. Los pseudo-investigadores que celebraron cínicamente su “victoria”, emplearon recursos institucionales para acudir a eventos académicos nacionales y enviar correos electrónicos a autoridades de distintas instituciones del país, todo con el fin de crear una “mala impresión” sobre estos valientes investigadores y, mediante el miedo y las mentiras, evitar que pudieran ser contratados por alguna institución nacional. Digamos que tuvieron mediano éxito, y ambos hermanos tuvieron que tomar la decisión más dolorosa de todas: abandonar su país y buscar oportunidades para continuar sus metas académicas y de investigación en el extranjero. Para el más joven de ellos, luego de un periplo por universidades en España y Japón, una oferta de trabajo en una de las 10 mejores universidades de Estados Unidos llegó. Para el mayor, luego de ser profesor visitante en Bélgica, Estados Unidos y Brasil, también encontró asilo en Estados Unidos, en el grupo de investigación de su hermano. Ambos siguen haciendo importantes aportaciones originales a la investigación en Nanociencia y Nanotecnología y no sería de extrañar que algún día uno de ellos fuese merecedor del Premio Nobel de Física o Química. Mientras tanto, la institución mexicana que los despidió ha visto la degradación de su posgrado en Materiales, el deterioro del que alguna vez fue el Laboratorio Nacional de Nanociencias más importante del país, el saqueo y apropiamiento de recursos por parte de un grupúsculo y la repartición de prebendas, a modo de premio otorgado por quienes tras bambalinas, mueven y tratan de controlar la investigación en el área en el país. Y es que la danza de miles de millones de pesos que representan los negocios que pueden realizar al controlar la red nacional de nanociencias, es impresionante.

http://www.bc.biol.ethz.ch/

Pista 2.

Ella era (y lo sigue siendo) una destacada docente en el área biomédica. Fisiología, histología, patología, biomedicina. En todas estas áreas podía impartir un curso exigente y de muy alta calidad, pero siempre con una sonrisa en el rostro. Su ingreso, hace 8 años, a la institución fue complejo pero bienvenido. Su perfil le hacía exactamente el tipo de profesionista que estaban buscando. En su afán de superación, cursó y terminó su doctorado, empleando para tal fin las tardes y noches después del trabajo, sus fines de semana, sus vacaciones. Innovadora, creativa, decidió realizar una tesis en un tema que era tan novedoso que resultó difícil de clasificar y al cuál muy pocos auguraban éxito. No solamente consiguió llevarlo a cabo con éxito, sino que como resultado de su esfuerzo y visión presentó sus resultados en distintos foros, publicó 3 artículos científicos internacionales y fue invitada como ponente principal a varias conferencias nacionales e internacionales. Resultado de su constancia y su ingenio, un grupo de investigación internacional de alto nivel, con sede en un país europeo, le extendió una invitación para realizar una estancia de verano con ellos. Lamentablemente su institución académica le prohibió asistir, negándole un par de semanas más para ausentarse del trabajo (en su tiempo de vacaciones). El argumento central fue el de considerarla no merecedora de este privilegio, pues no era una profesora, sino un técnico laboratorista. La humillación era innecesaria. Para su buena fortuna, para entonces ya varias universidades y centros de investigación del país la habían notado y le enviaron sendas propuestas de trabajo, pues veían en ella lo que su propia institución no: futuro y éxito. Cuando al final decidió renunciar a la universidad por la que tanto había dado, lo hizo con un nudo en el corazón pero con la dignidad intacta.


http://blog.udlap.mx/blog/2014/06/retenciondemigracionintelectualofreceramejoresoportunidadesdedesarrollo/

Pista 3.
Regresar al país lleno de sueños y esperanzas fue una decisión complicada. Allá en el extranjero donde se formó, tenía dos ofertas para realizar estancias postdoctorales (una en Texas A&M, otra en la Universidad de Oklahoma). Sin embargo, una universidad estatal en el centro del país (y aparentemente muy pujante y con apoyos del gobierno) le hizo una oferta para volver e integrarse a su planta de investigación, en un Centro de Investigaciones Químicas muy prometedor. Su tutor de posgrado le recomendó tomar la oferta laboral, ya que el postdoctorado era una etapa que solo era útil en la eventualidad de no encontrar un trabajo real pronto. Ilusionado, llenó de libros cajas y cajas que mandó a México (media tonelada de libros) y se fue a vivir esa aventura. Pasaron cerca de 5 meses desde que llegó y hasta que le empezaron a pagar (primer desencuentro con la triste realidad), pero no se desanimó. Viendo que la biblioteca del lugar era precaria, consiguió un donativo de 20 toneladas de libros y revistas de Química que arribaron en un enorme contenedor de ferrocarril hasta el estacionamiento de su trabajo. Pero esto solo fue el comienzo de varias ideas y acciones que le trajeron críticas por alterar “el orden natural de las cosas”. Cuando empezó a sugerir que deberían hacerse seminarios de investigación con los alumnos de posgrado, que sería bueno invitar a investigadores externos para compartir y actualizar conocimientos en distintas áreas, recibió distintas respuestas. Pero casi todas iban en la misma dirección: “Estamos en México, por favor. Ubícate. Deja de estar pensando en cosas que no aplican acá”. En otras palabras, estamos bien dentro de nuestra concha, deja de jorobar con tus ideas. La mediocridad picaba como un alacrán. Y no provenía solo de algunos de sus colegas, sino que era cobijada y fomentada por la dirección del centro. Lamentándolo, nuestro investigador tuvo que abandonar el lugar, ante la intolerancia, la mediocridad y la desgracia de una institución contaminada por la corrupción, la burocracia y el culto a la personalidad política.

Las historias de las tres pistas del circo anterior, pueden ser interpretadas de muchas maneras. No tienen nombres, ni instituciones, ni fechas con mucho propósito. Las tres son reales, dolorosamente ciertas. Seguramente tú conoces alguna de ellas; o se te hace familiar. O es tu historia. El desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país no es como quisiéramos, y las causas son muchas. Pero pueden ser resumidas en algunos puntos en común:
…la indolencia e ignorancia de unos cuántos administradores académicos.
…la idiosincrasia de que “aquí las cosas son como son y así están bien” que parece estar metida en el ADN de muchos.
…la envidia, la mezquindad y mediocridad de unos cuantos, metidos en “grupos de poder” que intentan controlar, repartir y no soltar los recursos disponibles para distintas áreas.
…la arrogancia de no querer escuchar, de no querer mirar, de no querer pensar diferente.

¿Conoces tú otras historias de invaloración de lo invaluable? Yo, lamentablemente, sí.

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica.

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1 Response

  1. Carlos Vergara dice:

    Todo esto cambiará cuando México sea campeón mundial de fútbol.

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