Por qué invertir en ciencia y tecnología en lugar de gastar en concreto hidráulico

Por Miguel Ángel Méndez Rojas

El estado de Puebla goza de una posición geográfica inmejorable. Somos el paso inevitable entre la capital del país y el sureste mexicano (y de ahí, Centroamérica) y nuestra cercanía a puertos comerciales en el Golfo de México y el Pacífico, nos sitúa en una envidiable posición para exportaciones.  A ello hay que sumar la presencia de una enorme cantidad de instituciones de educación superior (la densidad de IES más grande del país, solo superada por la ciudad de México y su zona metropolitana). También podríamos considerar como una ventaja el que en su territorio existan algunas importantes empresas, nacionales y transnacionales, que generan una muy necesaria derrama económica y numerosas fuentes de empleo. Sin embargo, también tenemos terribles carencias. Nuestro aeropuerto no es equivalente al de algunas ciudades de menor densidad geográfica, y aunque tiene un enorme potencial para recibir vuelos de carga (para importación/exportación), prácticamente no compite con otras terminales aéreas nacionales. Y ni decir respecto a las conexiones hacia y desde otras entidades o fuera del país. La cercanía a la capital se ha esgrimido en numerosas ocasiones como pretexto para que nuestro aeropuerto no se desarrolle, pero la saturación que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México tiene (y mantendrá) en sus dos terminales, debería ser vista como una oportunidad para mejorar la infraestructura portuaria e incrementar la oferta y las conexiones. Por otro lado, la alta densidad de instituciones educativas no muestra el otro lado de la moneda: que la gran mayoría son escuelas patito, universidades de cochera, fábricas de títulos que ofrecen a quien pueda pagar, no una educación sino un papel que ampara un fraude educativo. Las IES que están realmente comprometidas con formar profesionistas y con hacer investigación, son las menos, pero afortunadamente su esfuerzo no es despreciable y nos permite asomarnos en el contexto nacional e internacional. Muchos de los profesionistas formados en las instituciones educativas de calidad (lo cual no se asegura únicamente con certificaciones), lamentablemente no se quedan en nuestra entidad (por la falta de oportunidades laborales en las empresas ya aquí asentadas) y emigran a otros estados (en particular del norte del país), contribuyendo a una fuga de talentos que no hemos sabido cómo retener y aprovechar localmente.

http://www.4vientos.net/?p=6782

Como un ejemplo muy específico, desde 1940 y hasta la fecha, la entidad no ha recibido a ningún otro centro público de investigación diferente al Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (el INAOE, en Tonantzintla, Puebla), lo cual es paradójico dada la cercanía a la capital (lo que sí fue aprovechado por Morelos, el Estado de México, Querétaro, Tlaxcala, Michoacán, San Luis Potosí) para participar en los programas de descentralización de centros de investigación del CONACYT. Hoy existen verdaderas ciudades de la ciencia en estos estados, donde se agrupan decenas de centros de investigación públicos (y algunos privados), los cuáles contribuyen a retener (y atraer) a investigadores jóvenes, y mejorando sus índices de competitividad científico-tecnológica. Lo anterior no sólo impacta en estadísticas gubernamentales de ciencia y tecnología, sino que también significa los investigadores (y sus familias) se asentarán en la entidad, pagarán impuestos, consumirán servicios locales, mandarán a sus hijos a las escuelas cercanas. En fin, se convertirán en parte de la fuerza laboral que hace más competitiva la economía estatal. Pero por otra parte, cada vez es más común que nuevas empresas (nacionales o extranjeras) evalúen con atención la disponibilidad de recursos humanos altamente calificados en los lugares en donde pretenden mover sus nuevas inversiones, así como de contar (de ser posible) con instituciones públicas o privadas que puedan apoyar sus nuevos proyectos de desarrollo tecnológico. En particular, empresas de alta tecnología (productos químicos, plásticos, nuevos materiales, biocombustibles, biotecnología, biomedicina, nanotecnología, agrotecnología, electrónica, remediación ambiental, energías alternativas…) están en una búsqueda de sitios de inversión que reúnan las características apropiadas para generar proyectos colaborativos, tan típicos de la triple hélice (academia + gobierno + empresas) o de la cuádruple hélice (al incorporar a la sociedad en el esquema de desarrollo).

http://knowledgesocietyies.wikispaces.com/ModeloTetraHelix

Lo anterior no es una situación utópica e hipotética que podría funcionar, sino un modelo exitoso y que varias entidades han ya puesto en marcha para transformarse en el futuro próximo en actores (más que espectadores) del desarrollo económico nacional. Nuevo León y su Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT) es sin duda un ejemplo a nivel internacional del impacto que tiene este tipo de iniciativas. Establecido en el año 2004 dentro del programa “Nuevo León: Economía y sociedad del conocimiento”, el PIIT alberga en 70 hectáreas a 7 centros de investigación dependientes de las IES locales y cercanas (UANL, ITESM, UDEM, ITNL, UNAM, UR, University of Texas), 8 centros de investigación públicos (CIMAV, CIMAT, CICESE, CIQA, IANL, CINVESTAV, CIDESI, IIE, CIATEJ) y 12 centros de investigación privados (Motorola, Pepsico, Sigma Alimentos, LANIA, y varios más). También da cabida a 4 incubadoras de alta tecnología (una en biotecnología, otra más en nanotecnología). La inversión en infraestructura y espacio ha sido fuerte (más de 100 millones de dólares), y a eso hay que sumar el costo de los edificios y equipos especializados para investigación y desarrollo (más de 200 millones de dólares), pero como primer impacto ha creado más de 3500 puestos de trabajo para investigadores y especialistas en distintas áreas del conocimiento. Además ha contribuido a convertir a Nuevo León en la entidad líder en inversión extranjera directa, con más de 3,500 millones de dólares que han ingresado tanto por parte de las empresas ya ahí instaladas, como las nuevas que han identificado a la entidad como apropiada para instalar ahí sus oficinas y centros de desarrollo.

http://www.piit.com.mx/

Otras entidades como Morelos, Querétaro, Yucatán están haciendo sus propios esfuerzos en este sentido, no sólo para atraer inversión extranjera directa y con esto generar empleos (ambas cosas tan necesarias), sino porque se han dado cuenta de que a través de este tipo de iniciativas pueden retener al talento local (evitando la fuga de cerebros) y contribuir al desarrollo de ciencia y tecnología propia, que al final nos hace, poquito a poquito, menos dependientes del exterior. En otras palabras, si realmente estuviéramos preocupados por el futuro de nuestra entidad, más que GASTAR en concreto hidráulico o vistosos puentes atirantados o en conciertos de Pablo Montero, deberíamos INVERTIR en un PIIT poblano, en centros de investigación que apoyen el desarrollo tecnológico y en retener a tantos egresados y profesionistas de alto nivel que producimos para que hagan aquí lo que, por lo regular, terminan haciendo exitosamente en otros lados.

(*) El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador de la Universidad de las Américas Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II) y entusiasta divulgador de la ciencia desde 1995. Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2013 en Divulgación Científica.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *