El juego del comilón (el depredador) y el comido (la presa) en la naturaleza

Luis Osorio

“No serán las especies más fuertes las que sobrevivan, ni las más inteligentes, sino las más propensas a los cambios”
Charles Darwin

Las especies en la naturaleza se organizan en poblaciones; una población es un conjunto de individuos de una misma especie; mientras que conjuntos de poblaciones que cohabitan un área en particular conforman una comunidad; las comunidades se desarrollan en ecosistemas, los cuales son interacciones entre factores bióticos y abióticos. Poblaciones, comunidades y ecosistemas representan tres niveles de organización de los seres vivos y cada nivel cuenta con características particulares.

Un tipo de interacción biológica muy conocida en la naturaleza y muy estudiada por los científicos es la depredación, la cual representa, en el aspecto conductual, el proceso en el que un animal, de cierta especie, captura y mata a otro, de distinta especie, antes de comérselo. A nivel ecológico, la depredación es una forma de transferencia de energía de un animal a otro y una manera de promover el mantenimiento de las cadenas tróficas en los seres vivos. Una especie animal que es objeto de depredación (una presa) manifiesta un efecto en su mortandad, es decir, el número de individuos de su especie comienza a disminuir producto de la depredación. Además de ser afectada la presa, la depredación de esa presa afecta a muchas otras especies, debido a que puede estabilizar o desestabilizar las relaciones ya establecidas en la comunidad, es decir, al modificar el número de individuos de la presa, otras interacciones (establecidas entre la presa y alguna planta, por ejemplo), se ven modificadas en el ecosistema.

En la naturaleza los depredadores promueven la competencia entre especies y la cantidad de especies en la comunidad. Lo anterior queda ejemplificado en el famoso experimento de Paine en el cual se comprobó que la extracción selectiva de Pisaster ochraceous (el depredador) provocaba el rápido crecimiento de Mytilus californianus (su presa principal) lo que tenía como consecuencia, el desplazamiento de otras especies del mismo gremio (grupos de organismos con una función similar en el ecosistema) de la presa principal. Al comienzo del experimento, Paine encontró 15 especies diferentes de anémonas, esponjas, nudibranquios y macroalgas, que competían por un espacio en las rocas intermareales; sin embargo, después de algunos años de la remoción de Pisaster (el depredador), sólo se encontraron 8 especies sobrevivientes. Lo anterior, condujo a Paine a acuñar el nombre de especie clave a P. Ochraceous debido a su rol importante en el mantenimiento de la diversidad dentro del ecosistema. En otras palabras, el hecho de que una especie deprede a otra especie promueve la existencia de muchas otras especies. En el ejemplo anterior, la erradicación de Pisaster como depredador permitió la proliferación de Mytilus californianus y esto a su vez detuvo el desarrollo de otras especies en el ecosistema.

Los modelos y los experimentos que se han desarrollado tienen como común denominador: la competencia fuerte entre las especies del mismo gremio y el consumo selectivo del depredador sobre el competidor más fuerte.

En las comunidades donde la competencia por un recurso es fuerte, ciertas especies son capaces de excluir a sus competidores, sin embargo, las características que las hacen competitivamente superiores, en algunas ocasiones las hacen más susceptibles a la depredación. Morin sugiere que existe una compensación (trade-off) entre la velocidad en la que una especie es capaz de asegurar un recurso y la capacidad de evadir a sus posibles depredadores, de hecho, afirma que hay un gradiente entre la tasa en la que los competidores adquieren el recurso y su resistencia a la depredación.

Los competidores que adquieren más recursos, muestran una menor resistencia a la depredación (son más depredados) y los competidores que adquieren menos recursos, presentan mayor resistencia a ser depredados (son menos depredados). Posiblemente, los competidores más hábiles, frecuentemente, muestran una mayor actividad, lo cual puede ser un atractivo para los depredadores, así mismo, los competidores menos hábiles desarrollan estrategias más complejas para evadir a los depredadores, de este modo se compensa la mortandad asociada a la competencia. Lo anterior se ha documentado extensamente en plantas cuyo crecimiento puede ser rápido (plantas con estrategia de crecimiento r) relativo a otras con un desarrollo más lento. Las primeras al ser más abundantes, suelen ser herbívoros (que como hierbas) con mayor intensidad, ya que el costo energético relacionado a su rápido crecimiento no les permite desarrollar elementos de defensa, por otra parte, sus competidoras llegan a desarrollar toxinas, espinas, tricomas u otros mecanismos.

Sin duda, el juego del depredador y la presa o del comilón y el comido guarda muchas interacciones, no sólo es matar por comer, sino es una lucha incesante por la supervivencia.

“Cada vez que perdemos una especie rompemos una cadena de la vida que ha evolucionado durante 3.500 millones de años”
Jeffrey McNeely

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