Alzheimer, la muerte en vida

Francisco Guerra

“La muerte no es nuestra mayor pérdida. Nuestra mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros.”

Norman Cousins

El 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional de Alzheimer se encargaron de elegir esta fecha. Para los que se preguntan ¿por qué conmemorar o recordar fechas como esta? La respuesta es sencilla y sumamente importante, es necesario difundir el conocimiento de la enfermedad y sensibilizarnos acerca de sus consecuencias.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa descrita formalmente en 1906 por el Dr. Alois Alzheimer, quien se percató de ciertos cambios en los tejidos del cerebro de una mujer que había muerto de una extraña enfermedad mental. Al estudiar el cerebro de la mujer descubrió diversas masas anormales. Estas masas son, actualmente, conocidas como las placas amiloideas y los ovillos o nudos neurofibrilares, las cuales son dos de las características principales de esta enfermedad. Otra característica de la enfermedad es la pérdida de conexiones entre células nerviosas y el cerebro. Se considera que con la enfermedad se desconectan áreas del cerebro que están relacionadas en condiciones normales.

El Alzheimer es la principal causa de demencia en las personas mayores. La demencia interviene con las actividades diarias del adulto mayor pues afecta su capacidad de pensar, razonar y recordar.

La enfermedad de Alzheimer progresa lentamente. Se caracterizan tres etapas. En la primera etapa existen fallas de memoria (deterioro en la memoria reciente, remota, inmediata, verbal, visual, episódica y semántica), en la segunda aparecen la afasia (deterioro en funciones de comprensión, denominación, fluencia y lectoescritura), apraxias (incapacidad de realizar movimiento de propósito) y agnosia (falta de ubicación espacial y alteración perceptiva), finalmente, en la tercera etapa el paciente entra en total incapacidad y permanece en cama. Los síntomas no aparecen al mismo tiempo, progresiva y lentamente van apareciendo en el transcurso de la enfermedad. El promedio de vida de una persona con Alzheimer es de 7 a 8 años, aunque se conocen casos en los que viven aproximadamente 4 o 15 años.

Los síntomas más comunes del Alzheimer son: pérdida de memoria, dificultad para desempeñar tareas habituales, problemas de lenguaje, desorientación de tiempo y lugar, falta del buen juicio, dificultades en realizar tareas mentales, colocación de objetos fuera de lugar, cambios de humor o comportamiento, cambios en la personalidad y pérdida de iniciativa.

Los expertos en el tema mencionan que la enfermedad afecta, aproximadamente, a la mitad de personas mayores de 85 años, de 15 a 20% de personas de 80 años, de 3 a 5% de personas de 70 años, de 1 a 2% de personas de 60 años y de forma inusual llega a presentarse antes de los 50 años. Las mujeres son más propensas a presentar la enfermedad, la razón principal es que las mujeres sobreviven más a edades avanzadas, por lo que las probabilidades de presencia aumentan.

Se sabe que la administración de estrógenos en la mujer post-menopáusica normal, antinflamatorios, antioxidantes y el Gingko biloba colaboran en retrasar la aparición de la enfermedad. Una vez aparecida la enfermedad las vitaminas B12, B6, Acido fólico mantienen las funciones cognitivas. El riesgo de presentar la enfermedad o la opción de retrasarla disminuyen si llevamos una vida activa a nivel intelectual, realizamos actividad física constante y nos mantenemos en un buen estado general. La presión arterial alta por mucho tiempo y antecedentes de traumatismo craneal son factores elevados de riesgo.

Una importante línea de investigación en la que debe invertirse es la identificación de las posibles interacciones entre los efectos del envejecimiento normal y la enfermedad de Alzheimer, debido a que existe relación entre la llegada de la vejez y la posibilidad de presentar la enfermedad.

En la actualidad, no existe una cura para la enfermedad, los tratamientos consisten en disminuir los efectos en pacientes para modificar, y tratar de normalizar, su vida diaria hasta donde sea posible. Es imprescindible el apoyo de los integrantes de la familia y especialistas en el tema. Debemos cuidar de quien por tantos años procuró nuestro bienestar.

Entre adagios y paremias:

No me borres de tu vida… no tengo la culpa de esta enfermedad. No dejes de amarme, aún después de que yo ya no pueda decírtelo y me creas ausente, estoy vivo/a, aquí sigo… mírame, háblame, no me dejes solo/a…

[Paciente con Alzheimer]

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *