Aguas con el agua

Fís. Alfredo Osorio S.

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Existen varias maneras de tratar el tema del agua; desde el punto de vista estrictamente científico, social, cultural, o de seguridad nacional, etc. Vemos que en la Biblia se menciona  la importancia del agua, aunque, claro, desde ahí se perciba la primera contradicción lógica: «1. En el principio creó Dios el cielo y la tierra. 2. La tierra, empero, estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.» ¿Creó, Dios, el agua separadamente? ¿Era necesaria su creación? Nos obligarán los insensatos a guardarnos las preguntas.

Durante milenios se creyó que el agua era un elemento; sin embargo, en 1781, el químico inglés Henry Cavendish sintetizó agua mediante una mezcla de hidrógeno y aire, un par de años después, en 1783, el químico francés Antoine Laurent de Lavoisier explicó el resultado anterior  argumentando que el agua no era un elemento sino un compuesto que estaba formado por hidrógeno y oxígeno, no obstante no dio las proporciones de ambos. Quienes sí lo hicieron fueron Joseph Louis Gay-Lussac y el naturalista alemán Alexander von Humboldt al demostrar, conjuntamente, que el agua consistía en dos volúmenes de hidrógeno y uno de oxígeno, tal como se expresa en la fórmula actual H2O.

El agua es la única sustancia que existe a temperaturas ordinarias en estado líquido, sólido y gaseoso. En forma líquida se encuentra en las nubes de lluvia formadas por gotas de agua, y en forma de rocío en la vegetación. Además, cubre las tres cuartas partes de la superficie terrestre en forma de pantanos, lagos, ríos, mares y océanos. En su estado sólido se halla en los glaciares, en los polos, en el granizo o en los lagos congelados. En forma gaseosa se halla en la niebla, vapor y nubes.

El agua es, con el aire que respiramos, el patrimonio más apreciado por los seres humanos, sin embargo, uno de cada tres personas en el mundo carecen de ella. Hace un siglo, quizá menos, si a alguien se le hubiese ocurrido plantear que habría escasez en poco tiempo hubiese sido tildado de alarmista o de loco. En nuestros días ha surgido una inquietante pregunta: ¿y si el agua llegara a faltar?

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La pregunta anterior tiene razón de existir. Vemos que de manera gradual, los gobernantes de todas partes del mundo han empezado a racionar el agua (en realidad hay escasez absoluta en varios de ellos).

Para darle vivencia a la pregunta anterior imaginemos lo siguiente: que, en mi caso, los días que tengo el servicio son martes, jueves y sábado. Que desde el martes de la próxima semana descubro que mi cisterna se encuentra casi vacía; que espero al jueves a que “caiga” el vital líquido y, descubro con preocupación, que únicamente nos mandan un chorrito que apenas llena una tercera parte de mi cisterna; que en los noticieros de televisión y radio los gobernantes nos mandan mensajes para tranquilizarnos; que de manera milagrosa, racionándola, nos alcanzó, para las necesidades más elementales, para una semana más. Que mis vecinos se organizan para atracar una cisterna que llevaba el disputado líquido a otros vecinos de “La Calera”; que empieza a haber los primeros actos de violencia. Que, gracias a una providencial lluvia, empezamos a recolectar el agua (inclusive la que se encharca); que nuestros sanitarios despiden los olores más pestilentes; que los hospitales son insuficientes para tratar la inmensa cantidad de enfermos por disentería y, finalmente, nos avisan que tendremos que abandonar Puebla por la sencilla razón de que los mantos acuíferos se han secado “gracias” a la tala que se practicó durante mucho tiempo, a el saqueo del patrimonio acuífero por parte de las fábricas textiles, de automóviles, de cemento, etc., y no hicimos nada para evitarlo. Que tendremos que migrar en un éxodo de millones de personas hacia…???? Nadie lo sabe, no…no nos quieren recibir.

Lo anterior no es producto de haber experimentado con alguna droga. Las escenas anteriores ya se viven en varias partes del planeta. Para el año 2025 la demanda de este elemento, imprescindible para la vida, será un 56% superior que el suministro, dicha demanda ha empezado a crear conflictos regionales, estatales e internacionales. Únicamente en 50 años, de 1950 al año 2000, se construyeron 40 mil presas hidráulicas (haciendo un total de 45 000).

No escuchemos, de ninguna manera, el “canto de la sirenas” de que compañías extranjeras nos quieran vender nuestra propia agua. Recordemos el cuento de Kafka («Más peligroso que su canto es su silencio», refiriéndose a las sirenas). Porque, en silencio, tramposamente, quieren (de hecho ya lo hicieron, lo están, y lo seguirán pretendiendo hacer) que se privatice todo: el agua, el petróleo, la aviación, la banca, los alimentos,…., en fin, todo. La Conquista sigue (si se los permitimos).

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