Desastres naturales en México

Laura Osorio y Francisco Guerra

“La naturaleza está siempre en acción y maldice toda negligencia.”

Johann W. Goethe

Con motivo de un aniversario más de uno de los mayores desastres naturales ocurridos en México, el sismo del 19 de septiembre de 1985, les hemos preparado esta mención sobre los desastres naturales y los registros más intensos que se tienen para la nación.

Primero que nada, un desastre natural se entiende como un escenario en el que se presenta un impacto negativo en la sociedad o en el equilibrio ecológico y que es originado por un evento natural. Los desastres naturales constituyen precursores de situaciones sociales, económicas y políticas prexistentes que se acentúan en el transcurso de los desastres y después de su culminación. Los efectos de los eventos naturales y la intensidad de los desastres esta en función de la vulnerabilidad, la sensibilidad y la capacidad de reacción (resiliencia) que se tenga en los lugares de impacto.

México es un país que ha sido afectado por eventos naturales de todo tipo. Su ubicación geográfica y sus características topográficas, orográficas, hidrológicas y climáticas lo convierten en un país propenso a presentar desastres naturales de forma recurrente. Los eventos naturales más fuertes y que han causado un mayor impacto socioeconómico han sido los sismos, las erupciones volcánicas, los huracanes, las sequías y las inundaciones.

Los desastres naturales pueden originarse por eventos geológicos e hidrometeorológicos. Los eventos geológicos son aquellos relacionados con la dinámica y materiales del interior de la Tierra o de la superficie. Estos eventos se clasifican en sismicidad, vulcanismo, tsunamis, y movimientos de laderas y suelos.

Entre los eventos geológicos más sobresalientes ocurridos en México, ya sea por su magnitud o por los efectos socioeconómicos que causaron, se encuentran (por orden cronológico): el sismo del 3 de mayo de 1887 en Sonora, el sismo del 30 de julio de 1909 en las costas de Guerrero, el sismo del 3 de enero de 1920 en Quimixtlán, Puebla, el sismo del 3 de junio de 1932 en las costas de Jalisco y Colima, el sismo del 28 de agosto de 1973 en Orizaba, Veracruz, el sismo del 14 de marzo de 1979 en Petatlán, Guerrero y el sismo del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México. Mientras que las erupciones volcánicas, más fuertes, suscitadas en el país han sido: la erupción del volcán Xitle en el año 76 (de acuerdo a Antonio García Cubas), la erupción del volcán Paricutín en 1943 en Michoacán y la erupción del volcán Chichonal de 1982 en Chiapas.

Por su parte, los eventos hidrometeorológicos están relacionados con el clima de cada sitio, es decir la relación que existe entre la temperatura y cantidad de precipitación. Los eventos hidrometeorológicos más populares son las lluvias, los ciclones tropicales, las granizadas, las nevadas, las heladas y las sequías.

Entre los eventos hidrometeorológicos de mayor impacto de los que se tienen registros se encuentran: la sequía de 1450, la sequía presentada entre 1785 y 1786, y las sequías de 1849 a 1852 y entre 1891 y 1892. Mientras que los huracanes más intensos que afectaron el país han sido: el huracán Janet en 1955, el No. 15 en 1957, Beulah en 1967, Anita en 1977, Allen en 1980, Gilberto en 1988, Paulina de 1997, Wilma en 2005, Emily en 2005, Stan en 2005, y Dean en 2007.

Existen una serie de eventos que se dan de forma natural pero que se inducen o intensifican por la actividad del ser humano. Estos eventos son los deslaves y las inundaciones. En este tipo de situaciones la vegetación juega un papel preponderante, su presencia evita la ocurrencia y disminuye el riesgo para poblaciones cercanas. En ambos escenarios, la disminución de la cobertura forestal ha provocado el movimiento de masas de tierra. Ejemplos claros de estos desastres se presentaron en los últimos años con deslaves en Oaxaca, e inundaciones en Tabasco y Chiapas.

Como podemos observar, en el país se presenta una situación recurrente de eventos naturales, de acuerdo a su magnitud pueden provocar severos desastres naturales que repercuten invariablemente en el escenario socioeconómico. Pese a la visible presencia de eventos naturales y a su elevada capacidad de provocar desastres, existe una cultura incipiente de prevención y protección civil en México que continua en desarrollo. Es necesario implementar a nivel educativo, de forma obligatoria, un sistema de enseñanza y prevención ante los desastres naturales y generar políticas encaminadas a la preparación de la población ante contingencias naturales.

Entre adagios y paremias:

“No hay árbol que el viento no haya sacudido.”

Proverbio hindú

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4 Responses

  1. silvia dice:

    Asu k fuertes poreso ay k unirnos y cuidar el medio ambiente

  2. mesi dice:

    me sirvio para mi tarea

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