La NASA mexicana: retos y oportunidades

Alfredo Osorio S.

“Ciencia sin conciencia solo es ruina del alma.”

Francois Rabelais

Hace algunos años escuché, por primera vez, la intención de crear la NASA mexicana. La idea les pareció a varios científicos del país, una utopía. Empero, a través del tiempo se fue materializando esa idea hasta concluir con su aparición en el Diario Oficial de La Federación el día 30 de julio de 2010, ah, y el nombre oficial es Agencia Espacial Mexicana. A partir de la creación de esta agencia, que todavía pocos conocen, la comunidad científica mexicana tiene el enorme reto –y oportunidad- de empezar a diseñar algunos experimentos que en tierra suelen dificultarse y en algunos casos hacerse imposible de realizar. Veamos.

El primer reto a vencer es el aspecto económico. Lanzar un artefacto nos lleva a las grandes interrogantes como: qué enviar, para qué, cuánto cuesta, con quién enviar. Sabemos, nuestro país no tiene ni la tecnología ni el dinero que se necesita para enviar una nave espacial, pero, he aquí el punto central: podemos aprovechar la gran oportunidad que representa la tecnología de los “CubeSat” también conocidos como “microsatélites”, o, “nanosatélites”. Someramente conozcamos que es un microsatélite. Un microsatélite es un artefacto que debe reunir las siguientes características: ser un cubo de metal de 10 centímetros de lado (con una precisión de una décima de milímetro) o sea, de volumen un litro; y, su peso, debe ser no mayor a un kilogramo. Dentro del CubeSat debe considerar el espacio que ocuparán las abrazaderas de los paneles solares, baterías, el sistema eléctrico de alimentación, la microcomputadora de vuelo y el transceptor. El desafío tecnológico salta a la vista. ¿Qué experimentos realizar dentro de un cubo satelital que orbite la Tierra a alturas de 250 a 1400 kilómetros sobre la superficie del planeta y pueda darle una vuelta completa en 90 minutos?  también, debo mencionar que la vida media de éstos microsatélites es de tres meses a un año. Por si no se imagina algún experimento le adelanto lo que han diseñado algunos científicos (y sus alumnos) de varias partes del mundo. Pero, antes. Con toda seguridad usted se imagina que los que están enviando microsatélites son miembros del “jetset” de la ciencia y la tecnología, es decir, se imagina que sólo científicos que pertenecen a universidades o centros de investigación del “primer mundo” son los que pueden trabajar con estos artefactos. Para nada. Colombia, España, Brasil, Perú, Estonia, entre otros, están en estos momentos realizando proyectos experimentales que tendrán resultados fundamentales en distintos ámbitos de la industria automotriz, espacial, de comunicaciones, geografía, medicina, climatología, química, física, por mencionar sólo algunos campos. He aquí la gran oportunidad de nuestro país, empezar a desarrollar la infraestructura científica y técnica, que haga realidad la independencia –no la independencia patriotera, falsamente nacionalista- que “celebramos” cada 16 de septiembre como lo vimos hace unos pocos días.

Aquí el gran problema es quién podrá llevar los microsatélites que diseñemos. Brasil ha apostado por la tecnología de cohetes de India; Perú con Rusia; España con la Agencia Espacial Europea, por mencionar algunos casos. Cada país ha hecho su elección dependiendo de sus afinidades políticas y económicas. Vale la pena mencionar el costo de un microsatélite. En Estados Unidos, la empresa  Pumpkim  vende un CubeSat en 7 mil dólares (casi 100 mil pesos mexicanos), algunos experimentos necesitan hasta cuatro (o más) CubeSat  apilados en el mismo viaje. Desde luego, una empresa, dependencia de gobierno o universidad puede construir su propio CubeSat – que es lo más deseable; el único requisito que exigen los responsables de lanzar los cohetes portadores de los microsatélites es que, los mismos, no pongan en riesgo la seguridad del cohete espacial, habrá que respetar, punto por punto, todos los requisitos exigidos por ellos.

Tenemos que hacer mención que las primeras experiencias serán de características didácticas; que tendremos que ponernos de acuerdo entre las universidades, centros de enseñanza superior, e industrias potencialmente favorecidas, acerca de los experimentos que realmente tengan un impacto social, de beneficio tangible. Será de resultados inesperados los experimentos que sean bien diseñados, para beneplácito general. Medir, con precisión, los niveles de los ríos mexicanos; gráficos exactos de deforestación; experimentos al alto vacío para técnicas de aleaciones en microgravedad; nuevos fármacos que requieran experimentación en condiciones que sólo se pueden lograr en el espacio; en fin, la única limitación será la falta de imaginación. Seremos testigos de lo que aquí estoy diciendo, la Agencia Espacial Mexicana deberá (debe) tener un rol protagónico en estas tareas nacionales e internacionales.

De neurona a neurona:

“El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencias verdaderos”

Albert Einstein

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