Cuento Chino

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Es por esa vereda, no, la de allá, la de la piedra colorada, después vuelta a la media noche como si perdieras el rumbo y llegas al vallecito del chino, ahí donde los abuelos nos contaban que llegó hace muncho el chino, nadie sabe cómo se llamaba, solamente el chino, el que ayudó a sembrar o mejor dicho enseño a sembrar esas plantas de tan bonitas que parecen ser del diablo: las amapolas, chulas se ven en el monte, las de color con su bola, nos enseñó a hacer las patitas de cabra con las navajas “guillete”, que cortabas en triángulo y la amarrabas dejando solamente que saliera lo del grueso de la uña, allí, los chicos rayaban, nos rayaban, nos pagaban, por esa goma de cada una, de poco a poco, para que dejaran llorar a cada corte a las plantas. Como que creo que sentían, algunos no tienen la buena mano y se rompen y se chingan y no lloran ni dan, así después, por la tarde, a recogerla con cuidado para irla juntando, con ese olor especial, con lo negro que se pone, con lo pastoso que es, con lo duro, le dicen la chiva, yo creo que es por eso de los cuernos de satán, la maldita, el que se la mete ya no sale, lo mejor es que el que siembra no la pruebe porque se chinga todo y los dineros ya no fluyen y se van desgraciando los pueblos, la chiva es para los gringos, para los que tienen, dicen que la van refinando y que como el piloncillo de color café, la van haciendo blanca blanca y es más dura, le dicen la tecata o la heroína y es muy cara, sale cara, no solamente en pesos o dólares, sale cara porque a cara pincho se va la vida y no regresa, se va y se va, se la lleva satán… eso dicen en el pueblo.

Antes, solo se oían las historias de los viejos, contaban cuando llegaban los amigos del chino y pagaban y pesaban, peso sobre peso, acompañados por soldados gringos y los helicópteros que los traían, que era para los huachos, para calmar el dolor de sus heridas y para darles a los que dejaban los frentes y se volvían locos de dolor y de muerte. Ansina sabíamos de que todo era legal, así llegaron nuevamente a dejarnos semillas, dinero, hablaron con los viejos que se acordaban y dejaron a unos muchachos para que nos volviera a enseñar. Semillas, despensa, dinero, pistolas y rifles, balas y machetes, mangueras para agua, palas y arados… que nadie cuente, que sea discreto, que no se diga a los demás, ni a los de casa, ni a los del pueblo y así llegaron los muchitos de Don Cristiano Palacios, el viejo ese que tiene muchos críos en el norte, ellos ,llegaron y traiban a los señores que nos dieron las cosas, y después, nos dijeron: los hijos de don Cristiano vendrían a recoger la cosecha, las bolas, envueltas en papel aluminio, envueltas y envueltas para que no se huelan. Ellos, llegaron calzando botas de punta, traían pistola y rifle, camionetotas de cuatro, de esas que se montan al monte, las motos, las despensas, los cuadernos para la escuela, el dinero para el maestro, trajeron hasta doctor y nos dieron lentes para los viejos, no sé para qué, si ni saben leer ni hay mucho que ver… vinieron acompañados de los polis, de la chota, de los huachos, de los agentes municipales, del presidente de uno de los pueblos, camiones llegaron con más comida, latas y sopas, aceite, sartenes, cubetas, jabón, de todo, bueno, hasta unos músicos y cantaban canciones y rolas de gentes y jefes y muertes y cárcel y aguardiente para el pedo, cerveza y así nos fuimos metiendo en el tema. Nos dijeron que si la hacíamos nos llevarían de mojados a los Estados Unidos, pero después, para sacar los papeles y estar allá, casarse con una güera, andar en buenas camionas, botas, ropa, sombrero ya no de palma sino de los de las equis, los buenos, los que visten… y ya me veo hablando inglés con mis hermanos y con la envidia de los amigos y sus familias, seríamos hombres de respeto. Pagaríamos por las fiestas, daríamos para la escuela y las calles y la comida y el gusto, seríamos mayordomos de primera, dejaríamos la pobreza y ya me veo calzando botas y sobreros de clase, siendo alguien, no los pinches pobres que éramos…que somos… y el primer viaje en camión desde aquí hasta Arizona, y qué pinche calor, ya la tortilla de harina y que nos veían como pinches, no se nos arrimaban, pensaban que éramos mojados, que buscábamos a los coyotes y nada, esperando a que llegan los hijos del viejo para recogernos y llevarnos… y vinieron, pero no pasamos con ellos en las camionetas, nos dieron mochilas, cambiaron los huaraches por tenis, los sombreros de paja por cachuchas y nos dieron los paquetes después de pesarlos y nos mandaron a la zona por donde se pasa caminando, corriendo, que no nos vean los de la migra a pesar que dijeron que estaban arreglados… y hay vamos, con el culo bien fruncido, sudando la gota gorda, temblando de miedo, cagándonos y escondidos en los matorrales, como si fuéramos de delito… y hay vamos. después, salimos a un camino y nos topamos las camionas y nos subieron y hay vamos hasta un pueblo que no sé cómo se llama, entre el monte, y ahí vimos a los viejos, como jefes, nos abrazaron, nos dieron mota, cantaron y chupamos, nos pusieron las viejas, y qué distintas, blanquitas, ni hablaban, con los ojos rojos, como muertas, pero para culear no hay que hablar ni saber el inglés… dos días de esto, con festejos, nos llevaron con unos gringos y ellos hablaban y los gringos nos dieron dólares, dólares amigo, lo que nunca juntamos en la vida y nos volvieron a la casa, con papeles, para la otra pasada y ahí le vamos agarrando el ritmo y perdiendo el miedo y juntando para la casa de mamá y la ropa de los niños y el camión para el viejo y los bueyes y la yunta nueva y el predio del compadre que le vamos a comprar… y hay vamos. No sé qué pasará, pero lo que pase es mejor que lo que vivimos, las cosas cambian y estamos con los ruegos y la bendición de mamá y las limpias de la bruja y las misas del cura… el dólar abre muchas puertas, incluso, ahora, conocemos y vienen los políticos y piden y nos saludan con el Don… a ver hasta cuando, hasta que nos lleve la chingada…ahora, dicen que también sembraremos mota… ya nos van a enseñar…
socrates_campos8@yahoo.com.mx