Hay de historias a historias

.

Algunas son ejemplares de la vida y de la alegría por vivir, otras, nos mesuran la realidad, la cruda realidad que atraviesan en muchas regiones y en todos los estratos sociales.

La delincuencia anda en las calles con absoluta impunidad, con la fuerza de la violencia, con la violencia desatada por la ambición de dinero donde no importan los valores de los que carecen los que la ejercen, porque simplemente, ellos, están realizando un trabajo, un empleo como cualquier otro, no importando que en la acción se violen los derechos de los afectados o se mutilen sus emociones o se desgarren las virginidades para enviar a las chicas y chicos a los burdeles que controlan y que operan en casi todos los casos, con la complicidad de las autoridades que permiten su funcionamiento o que se hacen de la vista gorda cuando se trata de ver quiénes son explotados, los que son explotados por esas bandas criminales que les esclavizan y mantienen con terror y horror en esos sitios.

EN EL DIARIO El Universal, han aparecido varios reportajes de Héctor de Mauleón, donde describe la tragedia y los horrores a los que son sometidas las mujeres que se utilizan por los grupos delictivos como “esclavas sexuales”, la forma en que las tratan con esa violencia brutal que no les impide golpearlas para someterlas por el terror, que no les impide agredir a sus familias para someterlas más, que no les impide incluso, secuestrarlas o asesinarlas, de tal forma que saben que la complicidad o las ineficiencias de la autoridad, les permiten la impunidad. Simplemente el leer esas historias macabras nos hace temer lo peor para nuestro país y eso que de alguna manera hemos vivido terrores brutales a lo largo de nuestras vidas. Vivimos la represión y la cárcel de Lecumberri y la expulsión de nuestro país en la represión de 1968 y esto nos deja marcados, pero sin duda, cuando leemos esas historias de horror nos conmovemos, nos espantamos, nos aterrorizamos, porque vemos hasta dónde se ha llegado con la base criminal que se fomentó desde el poder para sostenerle y de cómo, esa complicidad con la delincuencia, ha permeado hasta los niveles más importantes de la política, la administración y la misma “iniciativa privada”, donde los empresarios y banqueros son los últimos eslabones de la protección y de la impunidad al llevar las inversiones y el lavado de dinero de esos grupos criminales, ligados al narcotráfico, al tráfico de personas, a la trata y explotación sexual, al tráfico de dinero y de armas, de mercancías, en la siembra y producción o distribución de las drogas y en todo esto, lo que mueve a esos brutos y degenerados, es la ambición y el dinero, no importa el tiempo que puedan gozarlo o tenerlo, ellos saben que no durarán mucho tiempo y prefieren esa brutalidad y esos excesos de tal suerte que la vida no les interesa, ni la de ellos, ni las de sus víctimas.

Cada día suben los niveles de terror y de horror, porque los grupos que dirigen y controlan la delincuencia organizada gozan de protección y de impunidad de tales niveles que, al conocerles, todos nos podemos quedar callados o expuestos a que nos maten o “silencien”, porque ya nadie podrá tener dudas de que la delincuencia organizada es la que mantiene abiertamente el control político de muchas regiones y opera el control económico, al lado de empresarios y banqueros que se ligan con esos poderes reales en la administración y en la brutal realidad que, ahora, nos aterroriza a los ciudadanos, al mostrarnos impotentes ante la fuerza y poder de esos grupos que cada día controlan más todas las actividades del país.

No hay sitio en el que no corran las drogas a todos los niveles de la sociedad, son impuestas desde las primarias y se manejan con niveles espeluznantes de operación en las secundarias, preparatorias y escuelas superiores, en fábricas y oficinas, ya sea que se regule el consumo por convencimiento y enviciamiento de los chicos o que se realice por medio de la violencia y el terror a los que se oponen a consumirla, esto se liga al tráfico y explotación de niñas, de jovencitas y jovencitos en muchos sitios, en lugares cerrados, en centros turísticos, en la calle, se observa, como lo muestra Héctor de Mauleón, esa violencia y agresividad con la que “doman” a los que son explotados y de cómo los eliminan cuando ya no son útiles o les sirven en esa liga de la delincuencia y la explotación. De ahí se van brincando las mismas víctimas de la violencia, de los secuestros, de la explotación sexual o de los asesinatos, que se van incorporando a los grupos como una forma de sobrevivencia, de víctimas a victimarios, con mayor nivel de brutalidad y de violencia como una forma de manifestar su rencor social y el desquite que desean y no pueden ejercer en contra de sus verdaderos victimarios, porque ahora, son ligados a esos mismos grupos delictivos. Los niños sicarios son una realidad en muchos sitios, se conoce de los asesinatos que realizan y de la forma en que se les entrena al despedazar a las víctimas, incluso, cuando están en vida o de cómo las hacen pelear entre ellas para que el que sobreviva salve su pellejo y sea parte de esos grupos delictivos, porque les tienen grabados, y con eso, les van chantajeando para tener su lealtad y discreción. En fin, la realidad en los grupos del crimen organizado son tales que, ahora, se ve en muchas regiones indígenas cómo se van dominando a las mismas por medio del enviciamiento de sus jóvenes y por medio de la violencia, donde no se respeta la vida o la libertad de nadie. Se impuso la ley del más violento y esto es lo que tiene al país en crisis.