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Ética, mentiras y política

Ética, mentiras y política

Enero 22, 2021 / Por: Ismael Ledesma Mateos

Cuando era joven, al terminar la preparatoria y sin poder entrar a la carrera de biólogo en la UNAM por razones de trámites burocráticos, comencé a estudiar filosofía en la UAP y me interesó mucho la materia de Ética. Luego, cuando ingresé a la UNAM a estudiar biología en el turno matutino en la ENEP Iztacala, seguí estudiando por la tarde filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras en Ciudad Universitaria y volví a cursar Ética, que en los planes antiguos de esa carrera se impartía en cuatro semestres. Era una de las materias medulares en la formación de un licenciado en filosofía, al igual que los cuatro semestres de Lógica y los siete de Historia de la Filosofía. Era muy difícil llevar las dos carreras y, cuando termine el tercer semestre de biólogo, abandone filosofía, aunque contando dos semestres en la UAP y tres en la UNAM hice cinco.
     Tuve la oportunidad de tomar Ética con el gran maestro de origen español Adolfo Sánchez Vázquez, autor de uno de los mejores libros de la materia en el mundo. En esos años pude dar clase de Ética en una preparatoria, una experiencia extraordinaria para un joven de mi edad. En una ocasión, en una cantina, un cliente mojigato que estaba en la barra junto a mí escuchó cosas que le decía al encargado y se atrevió a preguntarme ¿dónde estaba mi Ética? Le dije “pues en un estante de uno de los libreros de mi biblioteca, tengo muchas éticas, desde Platón y Aristóteles hasta el existencialismo de Sartre.”
     El grave problema es que la gente confunde ética con moral. La ética la tengo en el librero y la moral conmigo mismo. Y en mi caso personal, mi moral es la moral sartreana, que se llama “la moral de la ambigüedad”. Se trata de un tema fundamental de la filosofía que parte desde el pensamiento de Sócrates, del que no tengo ningún libro porque no escribió alguno pero que lo conocemos por su alumno Platón. Esto no lo entiende la mayoría de la gente: la Ética estudia la valoración de las acciones humanas, que es la moral; y la esencia del acto moral es “la libertad”.
     Por lo tanto, confundir moral con ética es una estupidez en la que la mayoría de la gente incurre. La Ética es una disciplina filosófica y la moral es una actitud humana, que es diversa, variable e histórica. Pero a mí me enfurece —lo que ocurre muy fácilmente—escuchar a la gente, sobre todo en radio y televisión, hablar de ética como si fuera la moral. Me parece realmente enervante y nauseabundo, un homenaje a la ignorancia. Expresiones como “eso es antiético” son un ejemplo de aberración.
     Lo escuchamos en la televisión, en las disertaciones políticas, con los comentócratas y opinócratas, los gobernantes e incluso los profesores universitarios. Yo me pregunto ¿no llevaron nunca un curso de Ética? El primer libro que leí acerca de ello es el de Raúl Gutiérrez Sáenz, Introducción a la Ética, y luego obviamente el de Adolfo Sánchez Vázquez; y luego todas las obras fundamentales al respecto. En serio, me enoja mucho el uso incorrecto de la palabra.
     La moral es un fenómeno histórico y social, se enmarca en un contexto cultural; y la ética es la disciplina que estudia ello. No es comparable la moral de la Grecia antigua que, en Atenas, envenenó al principal iniciador de los estudios éticos es decir a Sócrates, que la moral de la Francia monárquica que encarceló al Marqués de Sade o su moral misma. O pensemos en la moral represiva del franquismo en España comparada con la moral de los jóvenes que ejercían su libertad sexual en la etapa llamada de “El destape español”, luego de la muerte del dictador. Algo que es indispensable entender es la historicidad de la moral y cómo eso debe ser objeto de estudio de la Ética como disciplina filosófica. Hasta los delincuentes, los gánsteres, lo asesinos tienen una moral que implica códigos, normas, que cuando se infringen generan sanciones y conflictos. Desde cuando uno era niño y se decía: “eso no se hace”. Eso no tiene nada que ver con la ética pero es una indicación moral.
     En un interesante artículo escrito en 2012 y titulado “La vinculación entre ética y política” (Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México), Oscar Diego Bautista escribe: “Una relectura de la teoría política sobre el origen y razón de ser de la política conlleva necesariamente la disciplina ética. Ética y política se acompañan desde antaño para cumplir con el mismo fin: el bien de la comunidad.
”Y ese es precisamente el tema que se desarrolla en este trabajo: ‘La vinculación entre ética y política’. En las antiguas civilizaciones, tanto en Oriente como en Occidente, encontramos autores que señalan la estrecha relación entre ética y política. En la Grecia clásica, uno de los más grandes sabios de la antigüedad, Aristóteles, al igual que algunos otros de sus contemporáneos, no concebía la política separada de la ética. Ambas disciplinas son una mancuerna que avanza hacia un mismo fin: el bien supremo del hombre. Este sabio griego enseñó en sus escritos que todos aquellos que aspiren a ejercer cargos políticos deberían pasar primero por el filtro de la ética, saber noble que permite conocer la naturaleza humana, las distintas costumbres así como las formas para manejar el carácter y comportamientos de los miembros de una comunidad. Conocimiento por otra parte indispensable que debe dominar todo político que aspire a gobernar, pero gobernar bien. El Buen Gobierno, para ser considerado como tal, requiere no sólo de políticos responsables sino también de funcionarios capaces. Cualquier gobierno estará legitimado si defiende y aplica una verdadera ética pública en virtud de que esta conlleva responsabilidad, espíritu de servicio así como atención, equidad y justicia para el ciudadano. Sin embargo, para contar con buenos gobiernos se requiere primero contar con individuos buenos. Es aquí donde entra la ética al formar y mejorar a las personas”.
En efecto, el vínculo entre ética y política es indisoluble. Lo encontramos en los autores fundamentales al respecto, desde los antiguos griegos hasta Maquiavelo y Lenin, o el gran sociólogo Max Weber y Antonio Gramsci. Por lo tanto es inadmisible banalizar la palabra ética y confundirla con la moral.
Un famoso miembro del PRI, Gonzalo N. Santos, afirmó una frase histórica: “La moral es un árbol que da moras”, lo que se convirtió en un principio de los regímenes priistas y luego, por supuesto, de los panistas; digamos el principio de la moral del PRIAN, que durante mucho tiempo, en realidad en la época neoliberal, se basaron esa idea nauseabunda y asquerosa que a cualquier demonio decente escandalizaría. Pues como dice el personaje Lucifer en la seria televisiva de Netflix, “los demonios no decimos mentiras”, y los que piensan que la moral es un árbol que da moras, han cultivado y cultivarán la mentira.
El Padre Ubú no pensaba así, pues era esencialmente inmoral. Lo único que le importaba era mantenerse en el poder usurpado y someter a su pueblo, y sobre todo a sus opositores, aplicándoles palitroques en las onejas y utilizando las tenazas de descerebración. A pesar de ello, sí tenía una moral: la de la opresión y la tortura, que son dignas de un estudio por parte de la Ética. Él es un personaje emblemático para ello y ejemplo para gobernantes de todos los tiempos.

        ¡Vamos a interrumpir aquí!

             ubu.mexicano@gmail.com

Ismael Ledesma Mateos

Biólogo (UNAM), Maestro en Ciencias en Bioquímica (CINVESTAV), Doctor en Ciencias (UNAM), Premio a la mejor tesis doctoral en ciencias sociales en el área de historia por la Academia Mexicana de Ciencias (1999), Postdoctorado en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, Francia. Director fundador de la Escuela de Biología de la UAP, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A.C (SMHCT) (2008-2014), profesor-investigador de la FES Iztacala de la UNAM.

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