Gorilas en Trova

Yo tengo un amigo como piel de leopardo

Yo tengo un amigo como piel de leopardo

Febrero 16, 2021 / Por: Maritza Flores Hernández

Tener un amigo es seguramente una de las dichas más grandes, con la que vemos recompensado cualquier infortunio. Casi siempre, nos preguntamos quién es y dónde está ese individuo de excepcional riqueza espiritual. Aunque antes, cabe la verdadera pregunta, ¿cómo es?

Desde muy joven, quizá pasados los tres primeros años de edad y una vez que se ha ingreso al preescolar, es común buscar una respuesta a: ¿tienes amigos en la escuela?

Esta es la manera más simple y significativa de ejemplificar la importancia que damos a la amistad.

Los grandes hombres han consagrado profundos estudios y debates a este tema. Aristóteles, en Ética a Nicómaco, se refirió a distintos tipos de amistad y por consiguiente a los gozan de ella.

Consideró desde aquel que ayuda a otro, compartiendo lo que lleva, por ejemplo, aceite, agua, vino, una buena charla, hasta el que se funde con el otro (lo que nosotros conocemos propiamente como amor).

José Martí, el famoso poeta cubano, legó en el poema XLIV, de sus Versos sencillos, lo siguiente:

 

 

tiene el leopardo un abrigo

en su monte seco y pardo:

yo tengo más que el leopardo,

porque tengo un buen amigo.

Duerme, como un juguete,

la mushma en su cojinete

de arce del japón: yo digo:

“no hay cojín como un amigo.”

Tiene el conde su abolengo:

tiene la aurora el mendigo:

tiene ala el ave: ¡yo tengo

allá en México un amigo!

 

 

Para el distinguido político y escritor, originario de La Habana, nacido el 28 de enero de 1853, el amigo es el protector y compañero en tierras adversas. Es quien provee de un hogar cálido en las noches frías. Es el mismo que da cobijo, cuando la tempestad de frases hirientes o persecuciones se desata en su contra (espero que nunca en Usted).

Es escudo contra las espinas y durezas del monte, que esconde alimañas y otros males. Porque así es la vida, obsequia todo lo que tiene; pero no puede evitar que los seres infelices ataquen a otros.

Además, escucha en silencio como lo haría una “mushma”, delicada muñeca japonesa que descansa en un cojín tan pequeño como el que se usa para colocar los alfileres en el costurero.

Pese a su discreta presencia, también recibe los pensamientos y sentimientos; es hombro y consuelo en la soledad y el desasosiego.

Según el autor, el amigo, más que indispensable, es inherente al ser humano; ya que afirma: así como el tigre tiene una piel; el conde, su abolengo; el mendigo, a la aurora; el ave, un ala; así Martí tiene uno, en México. Es decir, todos, ricos y pobres, tenemos uno, en alguna parte del mundo.

Es interesante que no importe la distancia ni el tiempo; y que tampoco sean obstáculo la nacionalidad, ideología ni raza.

¿Cuántos amigos podemos tener? Probablemente, al estilo de los que menciona Aristóteles, suficientes. Ya que muestra esa clase de nobleza, todo aquel que tiende la mano a otro, que recibe las confidencias en un momento de desolación, o que ayuda a llegar a buen puerto. Como también lo son todos aquellos con quienes se comparte un rato de esparcimiento.

¿Mas cuántos pueden comprometerse como guías, salvaguardas y compañía durante y en la existencia ajena? Usted tiene la respuesta.

Hay que añadir, conforme a las ideas de Aristóteles, esa clase de amistad sólo es posible si en ambas partes media la bondad.

De algún modo, José Martí refrenda la posición del estagirita, cuando en su poema XXXIX, conocido como, “Cultivo una rosa blanca”, de sus Versos sencillos, sostiene:

 

 

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

 

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

ni cardo ni ortiga cultivo;

cultivo una rosa blanca.

 

 

A pesar de que, para muchos, este poema tiene un carácter infantil; en realidad, atiende al amor ingenuo, prodigio hecho realidad; gracias a que hay uno que cuenta con un alma generosa.

Por eso, siembra la rosa blanca; día a día, la cuida hasta verla crecer; la fortalece. Siendo la dedicación, su obsequio para el inseparable aliado, carente de fingimiento y de malicia, quien se presenta tal y cual es.

Sin embargo, no ignora que hay quienes traicionan y lastiman, posiblemente movidos por la ambición o, peor, por la envidia.

Para ellos, no guarda rencor, odio ni venganza; por el contrario, sostiene su altruismo, la rosa blanca y la entrega (a Usted también), bajo la figura del perdón.

Es seguramente por esto que, algunos asumen que los poemas como “Cultivo una rosa blanca” son apropiados para un niño, porque presenta una amistad idealizada, la que la humanidad quisiera compartir.

Empero, qué sería de nosotros, los humanos, si no tuviéramos el anhelo de ser, ese incondicional como piel de leopardo, o de ufanarnos en nuestro interior y decir: yo tengo un amigo.

Como siempre, Usted tiene la última palabra.

Maritza Flores Hernández

Cuentista, ensayista y también abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestría en Literatura y Creación Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antología de cuentos “Cuarentena 2020”.

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