Ensayo

Una charla imaginaria con Alejandro Meneses

Una charla imaginaria con Alejandro Meneses

Febrero 19, 2021 / Por: Fernando Percino

Corría el año 2004 y muchos hablaban del gran maestro y escritor que era Alejandro Meneses, el oriundo de Tlaxcala pero que Puebla lo adoptó como hijo pródigo. Para entonces había dado diversos talleres de creación literaria en la Casa del Escritor de la Angelópolis, casi todos en cuento, el género que él consideraba un arte mayor y al que le dedicó buena parte de su vida como crítico y creador, dejando libros entrañables como Ángela y los ciegos, Días extraños y Tan lejos, tan cerca, este último publicado de manera póstuma. También fue dictaminador de obras literarias de Fomento Editorial de la BUAP.

     Por sus clases pasaron alumnos que hoy son ganadores de diferentes premios nacionales, escritores hechos, que empezaron a formarse desde el año 1998 en el Instituto Cultural Poblano y de forma gradual fueron poniendo a Puebla en el mapa de la literatura nacional como un referente destacado. Varios de esos escritores de aquella próspera generación reconocen a Meneses como una influencia fundamental en su proceso formativo.

     Conocí a Meneses por todo lo bueno que se hablaba de él. Nunca pude tomar alguno de sus talleres porque cuando estuve en disposición de hacerlo, él falleció en 2005.

     Se recuerda a Alejandro Meneses como alguien que solía visitar con mucha frecuencia bares del centro de la ciudad de Puebla, tomar algunos tragos, leer, platicar de literatura con los amigos. Había una cantina en particular llamada La Matraca, le encantaba estar ahí, se localizaba sobre la 3 poniente, a media calle de la Catedral. En ese lugar, que hoy es un recuerdo, es donde imagino esta charla con él.

 

—El cuento es un arte mayor, no como la poesía.

Reímos, porque lo dice en broma, o eso creo.

—Maestro, le recuerdo un cuento que publicó en la revista Crítica, en el que Fitzgerald se emborracha en Cholula y aparece en la historia como un fantasma, ¿qué lo motivó a escribir algo así?

—Mis enormes ganas de coincidir en un tiempo y en una realidad con Francis. La literatura lo hace posible. Puedes hablar con los muertos, imaginar la vida que nunca tuviste, asesinar al tirano que te jodió la vida, casarte con tu amor de la preparatoria. Como en este caso, coincidir en una borrachera en la mismísima Cholula con uno de mis santos de cabecera de la generación pérdida, como lo fue el gran Francis.

—¿Cómo nace un buen cuento?

—Imagina que es como cocinar; vas integrando los ingredientes, puede ser sal, especias, algún tipo de carne; tienes que ir probando si el sabor del guisado tiene espíritu. Las buenas historias tienen la cantidad exacta de cada cosa, a las malas se les pasó la sal, el tiempo de cocción en el horno, cuestiones por el estilo.

—Maestro Meneses…

—Llámame Alejandro, por favor. Maestros, los rusos del siglo XIX.

Sonríe, dan un sorbo a su cerveza. Se limpia el amplio bigote con una servilleta.

—Alejandro, tienes otro cuento en el que aparece Fitzgerald. Recreas sus últimas horas de vida, aquella época en que el hombre trabaja haciendo guiones para Hollywood y es opacado por el talento de Faulkner. Fitzgerald teclea su máquina de escribir, el corazón le falla, todo ocurre mientras llueve. Recordé el momento en que murió Moliere, en una función de teatro, desfalleciendo en el escenario. ¿Mueren los artistas, los escritores?

—Los más chingones nunca mueren. Mírame a mí, aquí estoy, platicando contigo a pesar de que nunca te diste la oportunidad de tomar alguna de mis clases.

Bajo la mirada, le doy un trago a mi whisky. En La Matraca sigue sonando la música, no parara hasta pasada la media noche.

—Por cierto, tu sospecha es cierta, yo dictaminé tu primer proyecto de novela, aquel que presentaste a Fomento Editorial de la BUAP en 2003. Tu novela era malísima, pero tenía corazón, mucho corazón, en ella latía un escritor en ciernes. Rechazarla fue algo necesario, creo que lo entendiste.

—Tu dictamen me cambió para ser mejor, muchas gracias, Alejandro.

 

Compartí ese dictamen con personas que conocían el estilo de Alejandro, todas coinciden que fue elaborado por él. Le gustaba empezar por resaltar los aspectos positivos de un texto, luego desgranaba cada punto a mejorar como un artesano. Aunque nunca tomé algún taller con él, puedo decir que su dictamen me impactó mucho, por su vigor crítico, por sus consejos, por sus palabras que me alentaron a no desistir de ese proyecto y reescribirlo; que yo insistiré en llamarlo mi maestro Meneses.

Fernando Percino

Es mexicano y nació en algún momento de los años ochenta; además es licenciado en Administración Pública por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Publicó cuentos en el suplemento cultural *Catedral* del diario *Síntesis*, la novela *Velvet Cabaret* (2015), el libro de cuentos *Lucina* (2016), el libro de crónicas *Diarios de Teca* (2016) y la novela breve *Volk* (2018). Fue miembro del consejo editorial de las revistas: *Chido BUAP* y *Vanguardia: Todas las expresiones*. Fue funcionario público. Actualmente es chofer de UBER y estandupero ocasional.

Fernando Percino
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