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Una agrupación contra la biología retratada por García Cabral

Una agrupación contra la biología retratada por García Cabral

Enero 15, 2021 / Por: Alejandro Hernández Daniel

Foto: Ernesto García Cabral, “Los médicos mexicanos en caricatura”, Revista de Revistas, 1921, Litografía en color, Colección Carlos Monsiváis / Museo del Estanquillo



Justamente en enero del año pasado tuve el gusto de ser recibido, junto con un buen amigo mío interesado en la historia de la ciencia y de la medicina, en el Taller Ernesto García Cabral A. C. en la Ciudad de México, donde se resguarda la obra y memoria del célebre pero por desgracia olvidado caricaturista conocido como “El Chango”. Huatuxqueño de nacimiento, García Cabral y sus obras originales pasaron prácticamente desapercibidos en muestras de arte contemporáneo y museos importantes en México y durante décadas no hubo exposición importante desde su fallecimiento en 1968.

Su hijo, don Ernesto García Sans, actual director del taller, después de ofrecernos una agradable taza de café y de mostrar un más que extenso catálogo de la obra de su padre (que no pudimos conseguir terminar de ver durante las más de cinco horas que duró nuestro encuentro), compartió con nosotros una ilustración que llamó nuestra atención. Se trataba de una sátira en la que se retrataba a un grupo de médicos en torno a un esqueleto humano ataviado con llamativos ropajes que apuntaba a una frase por encima suyo: “Inútil todo afán, el mal soy yo”.

La imagen, por desgracia, no conseguía mostrar a simple vista los nombres de los médicos representados en la composición ya que la descripción ubicada en la parte inferior derecha tenía letra demasiado pequeña. Sin embargo, mi colega pudo reconocer a un par de ellos por ser miembros de instituciones ligadas a la ciencia nacional. En ese momento preguntamos a don Ernesto si poseía el dibujo original de su padre, a lo que contestó que por desgracia no era posible tener acceso ya que estaba bajo resguardo en el Museo del Estanquillo, aquel que tomó forma por deseos expresos del escritor y cronista Carlos Monsiváis. Sin embargo, don Ernesto, realizó una llamada al licenciado Henóc de Santiago Dulché, director del museo, quien accedió amablemente a cedernos una digitalización más que nítida de la imagen.

Al recibir la digitalización unos días después y poder observarla de manera más detallada, pudimos darnos cuenta que varios de los médicos retratados mantuvieron un estrecho vínculo con un científico que, a pesar de no ser representado en el dibujo, tuvo un importante papel en la historia de la biología en México: Isaac Ochoterena.

Otra información complementaria es que se trataba de una litografía fechada en 1921. Probablemente haya sido un encargo publicitario pedido al caricaturista debido a que en la parte inferior izquierda puede leerse “Librería francesa e instrumentos quirúrgicos”. El esqueleto humano representa una metáfora de la muerte con elementos iconográficos como un reloj de arena, naturalezas muertas que denotan lo efímero de la vida, el conocimiento y la vanidad terrenales.

Cabe señalar que don Ernesto García Sans compartió que varios de estos médicos retratados por su padre solían también ser sus amigos y que muchas veces, al capturar sus características físicas a través de sus acuarelas y plumillas, muchos de ellos “no se salvaban” de ser objeto de veladas críticas y sátiras, tal vez por su marcado por aire de arrogancia y pedantería. Esto tal vez no fuese notado por quien envió a hacer esta publicidad. Sin embargo posiblemente “El Chango” buscaba reflejar, además de una sátira del gremio, eventos de los que el propio artista fue testigo como el asesinato del presidente Francisco I. Madero —quien fuera su benefactor y lo envió a estudiar arte en París, Francia—, la primera Guerra Mundial durante su estancia por Europa o las continuas batallas civiles y levantamientos armados que presenció en su regreso a México.

Por otra parte, Isaac Ochoterena Mendieta (personaje ligado a este grupo de médicos) fue un profesor rural originario del municipio de Atlixco que cultivó de manera personal su interés por la historia natural. Uno de sus objetivos era estudiar medicina, aunque nunca pudo concretarlo de manera profesional. Publicó múltiples trabajos además de ocupar diferentes puestos relacionados con la docencia en varios estados, hasta que llegó a conocer al ingeniero Pastor Rouaix, hombre de confianza de Venustiano Carranza, quien estaba al frente de la Secretaría de Fomento, Colonización e Industria. Él recomendó a Ochoterena con Alfonso Luis Herrera López, un destacado científico y autor del primer libro editado de biología en México, además de fundador de la primera cátedra de esta ciencia con un especial énfasis evolutivo en el país, y de la Dirección de Estudios Biológicos, (DEB) en la que finalmente Ochoterena terminaría por entrar a trabajar bajo la dirección de Herrera, desempeñándose en la sección de Bótanica.

La Dirección de Estudios Biológicos, inaugurada el 2 de octubre de 1915 y liderada por Alfonso Luis Herrera, significaba un proyecto bastante amplio que pretendía ubicar a la biología como una ciencia autónoma e independiente, tomando un lugar central y privilegiado lejos de la influencia de los médicos. Esto no fue visto con buenos ojos por algunos integrantes de este gremio, quienes consideraron a esta institución como un peligro político y una afronta directa e imperdonable por la afectación a sus intereses, además de que coincidió con la sustitución del ya en aquel momento venido a menos Instituto Médico Nacional por la DEB, siendo su último director José Terrés (en la imagen sostiene un puro en la mano y se encuentra al lado derecho de la muerte).

Fue en la DEB donde Isaac Ochoterena coincidió con el médico-cirujano egresado de la Escuela Médico Militar Fernando Ocaranza Carmona (quien sostiene al perro por medio de una correa y en su hombro hay un cobayo lamiendo su mejilla), que laboraba como profesor en la sección de Fisiología Experimental, y a Eliseo Ramírez Ulloa, otro médico de profesión formado en Escuela Nacional de Medicina. Estos dos personajes tuvieron intereses más ligados a su respectivo gremio y terminaron por conformar una triada junto a Ochoterena para hostigar y criticar las investigaciones sobre los fenómenos de la vida, su origen y evolución, que representaba la ciencia de la biología impulsados por Alfonso Luis Herrera.

En 1918 Ochoterena, Ocaranza y Ramírez, una vez fuera de la DEB (o muy probablemente expusados por Alfonso Luis Herrera), dieron paso a la organización de la Sociedad Mexicana de Biología (SMB) cuyo órgano de difusión fue la Revista Mexicana de Biología, como una confrontación y contrapeso académico-político directo contra la DEB de Alfonso Luis Herrera y su boletín institucional.

La SMB tenía una clara orientación hacia lo médico en detrimento del conocimiento biológico. Entre sus miembros, además de los tres ya mencionados anteriormente, estaban Antonio F. Alonso, Francisco Castillo Nájera, Ernesto Cervera, José Joaquín Izquierdo, Jesús J. Mojarás, Guillermo Parra (único con bigote y cabello blanco abundante), al médico de origen español Tomás Gutiérrez Perrín (vestido de catrín y monóculo) y Alfonso Pruneda (siendo el más bajo de estatura, usando aparatos ortopédicos).

Otro punto de contacto y convergencia entre Isaac Ochoterena con integrantes y profesionales con intereses concordantes en lo médico y lo clínico fue la Sociedad Científica Antonio Alzate, donde confluían algunos de los más prominentes científicos de la época. Uno de sus miembros fue el médico Daniel M. Vélez (quien sostiene una lupa en el lado izquierdo de la imagen), que en ese año de 1921 impartía la cátedra de oftalmología en la Facultad de Altos Estudios, a la par de Jesús González Urueña (personaje representado con lentes y el más delgado entre todos), quien tuvo amistad personal con Ochoterena además de impartir la cátedra de dermatología.

El punto culminante de la tensión entre este grupo de médicos que, junto con Ochoterena, logró desplazar a Alfonso Luis Herrera del ámbito académico e institucional ocurrió entre 1924 y 1925, cuando se suprimió la carrera de Profesor Académico en Ciencias Naturales en la Facultad de Altos Estudios, donde Alfonso Luis Herrera fue despojado de su cátedra de Zoología y Ochoterena se hizo con el puesto de director del nuevo Instituto de Biología, que terminará por integrarse a la que posteriormente se conocería como Universidad Nacional Autónoma de México y se proscribe por varias décadas la enseñanza de evolución de los programas de biología.

Esta sátira es una muestra más de que a veces las imágenes —como las caricaturas, retratos, sátiras, pinturas, estampas o estatuas— pueden ayudarnos a tener un registro de documentaciones no escritas o verbales. Es toda una sorpresa que de vez en cuando humoristas gráficos como “El Chango” Cabral, además de plasmar en su trayectoria artística el cotidiano social, económico, político, artístico y cultural, capturaran en sus trazos pequeños pedacitos de la historia de la ciencia en México.

Alejandro Hernández Daniel

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