De la Pobreza… con manzanas, porfa

En las últimas semanas ha habido un debate relevante. En julio, el INEGI dio a conocer el Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015, una encuesta con la cual el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social realiza la estimación de pobreza a nivel nacional, estatal y municipal.

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Es la última medición de pobreza durante el sexenio de Peña Nieto, y en la práctica, pudo haber constituido una evaluación  a la Cruzada contra el Hambre, una de las banderas de la administración federal actual. Pudo, porque la encuesta no es comparable con la estimación de años anteriores.

 

Inmediatamente, Coneval reaccionó de manera tajante. La razón es que los ajustes a la estimación aumentaron el ingreso reportado, en algunos deciles, hasta en 30 por ciento.

 

Esta semana, un grupo de 156 especialistas que han trabajado con temas relacionados con la estimación de la pobreza y desigualdad hemos acudido a la convocatoria de Oxfam México y el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) para firmar una carta abierta con solicitudes puntuales a INEGI y Coneval.

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Oxfam es la agencia internacional de desarrollo especializada en combate a la pobreza y desigualdad, cuya matriz se encuentra en Oxford.  CEEY es el primer think tank en el mundo de habla hispana dedicado al estudio y diseño de políticas públicas en materia de movilidad social y desigualdad de oportunidades. Se trata de una solicitud de dos organismos de la sociedad civil, de relevancia internacional, apoyada con especialistas de todo el país, a dos organismos del gobierno.

 

El documento completo se encuentra aquí.

 

La solicitud a estos dos órganos, autónomos pero sí del gobierno, descansa en tres puntos principales.

 

El primero consiste en la necesidad de corregir, y transparentar las correcciones, la estimación de INEGI con el propósito de garantizar comparabilidad en el tiempo. Estas correcciones, dado que nada puede remplazar eficazmente a datos que no fueron levantados en campo, deben ser múltiples y con diversos instrumentos.

 

El segundo es que además de las instancias de gobierno y de academia de siempre, realicen una convocatoria algo más amplia. Esto se basa en el supuesto de que el gobierno federal siempre se apoya en sólo tres instituciones académicas localizadas en el Distrito Federal, y en prácticamente nada más que eso. De modo que toda la capacidad instalada ubicada en centros académicos fuera del Distrito Federal, o en órganos del sector privado o tercer sector, es pasada por alto con mucha frecuencia.

 

El tercer punto es alentar la transparencia.

Un argumento de INEGI, pero no sólo de esta instancia, es que hay subestimación del ingreso en México, y que desconocemos el nivel de esta subestimación. Esto tiene discrepancias. A veces se comenta que los sectores altos son los proclives a subestimar. Una variante de este argumento es que todos los sectores subestiman, pero los más altos subestiman más. Un tercer argumento es que los pobres son más mentirosos, pues tienen incentivos directos, que consisten en recibir más ayuda federal entre más pobres sean. Un reciente artículo por Bustos y Leyva, funcionarios de INEGI, con datos de Hacienda muestra que todos mienten. El problema con esta perspectiva, y es lo que sabemos en el campo, es que un gran número de personas no tienen sistemas de organización política o económica tradicionales. Alrededor de Atlixco mucha gente practica el trueque en pleno siglo 21. En la Costa Chica, tanto en Oaxaca como en Guerrero, no sólo se practica el trueque, sino que la gente se organiza en bienes comunales. Así que la propiedad privada no existe, aunque incluso se pueda comprar tierra a precio comercial.  Para estimar los sesgos, necesitamos información  que el gobierno ya tiene en sus secretarías, por ejemplo registros de Hacienda, IMSS, Seguro Popular.

 

Se es pobre porque se gana poco. O porque se carece de lo indispensable para vivir con dignidad, en el siglo 21. O porque, con relación a lo que ganan los demás, se gana poco en el hogar donde uno vive.

 

La pobreza está mal, porque vivir bastante peor de como viven los demás, es inmoral. O porque una sociedad donde algunas personas que no cuentan con lo mínimo para vivir, desaprovecha el talento de esas personas.

 

Érase un país donde se partía de la lógica de que el “Norte trabaja, el Centro piensa y el Sur descansa” para hacer política pública. Érase un país donde la fuerza de la política, y no la razón, imperaba. Por tanto érase un país con desconfianza, pero con el consenso de que en el Centro se regula todo, y entre más al Centro, mejor. Érase un país de 120 millones de personas, y pocas voces.

 

Porfa que nos expliquen, con pocas manzanas.

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