Testimonio cinematográfico de un hecho histórico

Sergio M. Andrade Covarrubias

A la memoria de mi buen amigo Arturo Jiménez Galindo

La lucha fratricida desarrollada en nuestro país a partir del año 1910 fue un campo aprovechado por los incipientes cineastas mexicanos y sus más curtidos colegas del extranjero para dejar a la posteridad un retrato más o menos fiel de sus circunstancias y consecuencias. La producción documental sobre el movimiento armado seguramente fue numerosa, aunque los productos que sobreviven sean muy escasos, más allá de los montajes conocidos tipo Memorias de un mexicano.

Al respecto Juan Felipe Leal afirma que el hecho revolucionario aportó una filmografía que cuenta con un poder visual impresionante dado “su valor estético, su propósito noticioso, su afán propagandístico, su naturaleza testimonial y explicativa de los caóticos acontecimientos que ocurrieron en México durante esos años. Así como por las mentalidades que revelan de quienes las capturaron con sus aparatos cinematográficos…”

De seguro en los hechos a que nos estamos refiriendo, esto es la masacre de zapatistas y sus familias en la noche del 12 al 13 de julio de 1911 en los alrededores del cuartel del batallón Zaragoza (posterior Penitenciaría del Estado), dichos valores tuvieron un papel de primer orden y aunque no hemos tenido la suerte de contar con el film propiamente dicho las referencias bibliográficas sobre la filmación de tales acontecimientos ayudan a darnos un panorama más claro sobre el trabajo del camarógrafo Guillermo Becerril en tales momentos y su posterior difusión.

Son dos las fuentes en que nos basamos: por un lado, Aurelio de los Reyes y sus textos Medio siglo de cine mexicano (1896 – 1947)  y Filmografía del cine mudo mexicano 1896 – 1920; por el otro, Juan Felipe Leal y su El documental nacional de la Revolución mexicana. Ambos nos iluminan, ante la falta de la película, sobre las escenas que fueron filmadas y su orden.

El título del documental es Los últimos sucesos sangrientos en Puebla y la llegada de Madero a esa ciudad, filmado los días 12 y 13 de julio de 1911 en la ciudad de Puebla, siendo los productores los hermanos Becerril y  el camarógrafo Guillermo Becerril.

De los Reyes afirma que el empresario Valente Cervantes (que llegaría a ser propietario de un salón de cinematógrafo en Puebla) contrató a Becerril para retratar la llegada del matrimonio Madero a la capital poblana y que la víspera de la misma se suscitaron los acontecimientos donde murieron alrededor de cien personas, entre civiles y militares. Dice el autor: “El camarógrafo en cuanto se enteró de la balacera y tuvo luz suficiente, comenzó a ‘fijar’ las imágenes; por tal motivo el inicio de la película era abrupto al mostrar sin más a ‘soldados del ejército maderista, haciendo fuego sobre los federales; a sus pies cadáveres acribillados a balazos’; retrató diversos ángulos de la tragedia. La primera parte de la película terminaba con escenas del público viendo los cadáveres en la Penitenciaría.” La segunda parte estaba dedicada a retratar los diversos actos que tuvieron verificativo durante la visita del prócer y su esposa. Según el mismo de los Reyes la cinta medía dos mil pies y estaba dividida en dos partes y veinticinco cuadros, los ocho primeros referidos a la masacre del Paseo Nuevo.

Por su parte, Juan Felipe Leal, basado en el mismo de los Reyes, afirma, según los datos de la cédula referida al documental, que éste medía 1,800 pies ó 550 metros. Metros más metros menos estamos hablando de una cinta de mediana duración que por lo mismo quizás fue bien recibida por el público que asistió a su exhibición el siguiente 26 de julio en el “Cinema Nacional” de la capital de la República. Además, el mismo Leal presenta varios fotogramas del mencionado documental, todos ellos relativos a los eventos presididos por Madero durante su visita a Puebla y no a los hechos sangrientos a que hace referencia el título.

Al respecto hay que hacer algunas precisiones. En el mismo volumen del doctor Leal (de manera precisa en las páginas 15 a 17), se presentan fotogramas de otro documental filmado por el mismo Guillermo Becerril en Puebla titulado Cateo en la casa de Aquiles Serdán con su respectiva cédula informativa referida a los acontecimientos del 18 de noviembre de 1910 cuando la familia Serdán es sorprendida por una acción de la policía poblana, apoyada por la guarnición federal, donde mueren más de veinte personas, incluidos los hermanos Máximo y Aquiles Serdán. En la página 16 aparecen unos fotogramas titulados como “Cateo en casa de los hermanos Serdán”, dos de ellos subtitulados “La Cruz Verde recoge y transporta a muertos y heridos”, donde claramente se ve el edificio de la entonces Penitenciaría de Puebla, lo que nos hace suponer que más bien pertenecen al que nos venimos refiriendo como Los últimos sucesos sangrientos de Puebla y la llegada de Francisco I. Madero a esa ciudad. Otro más está subtitulado como “Funeral de las personas fallecidas  en el tiroteo de la casa de los hermanos Serdán (1910). Los cuerpos son conducidos al Panteón de Agua Dulce (sic), Puebla, bajo la protección de la Cruz Blanca”, que también debe pertenecer seguramente a Los últimos sucesos sangrientos… ya que durante la refriega habida en casa de los Serdán no fue permitido levantar los cadáveres de los caídos y en los hechos del Paseo Nuevo los propios deudos y compañeros de los muertos tuvieron la ingrata tarea de llevarlos y dejarlos amontonados en el panteón hasta que las autoridades se dignaron a permitir su inhumación.

Por otro lado, la presencia de Becerril en el lugar de los hechos fue providencial puesto que la estación del Ferrocarril Interoceánico a donde llegaría Madero estaba muy próxima a la penitenciaría poblana, circunstancia adecuada para la llegada pronta del camarógrafo y su equipo, aunque fuera para captar únicamente la última parte de sangrienta represión desatada por las fuerzas federales al mando del tristemente célebre Aureliano Blanquet.

Como sea, entre otras cosas, este film testimonió la acerba lucha desatada entre los distintos grupos revolucionarios después de la caída y partida al exilio de Porfirio Díaz, preámbulo del fracaso del gobierno maderista que no fue capaz de “domar al tigre”.

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