El Arco o Portada de Loreto

Sergio M. Andrade Covarrubias

Erigido a finales del siglo XVIII el Arco de Loreto de la ciudad de Puebla, ubicado en el comienzo de la subida hacia el cerro de Loreto y Guadalupe, se ha significado como uno de los símbolos más importantes de la población angelopolitana; a pesar de eso, prevalece cierta confusión en cuanto al motivo de su construcción, afirmándose sin más ni más que es una portada de entrada a ciudad o un monumento dedicado al triunfo en la batalla del 5 de mayo de 1862, entre otros argumentos sin sustento (por ejemplo, alguna vez escuchamos a un alto funcionario del sector cultural del gobierno del estado decir que era una estación del viacrucis).

La realidad es que dicho arco es la portada que daba acceso al camino que subía hacia la capilla de Loreto, levantada en uno de los pináculos del cerro aludido, tal como se demuestra por fotografías y planos antiguos, su propia iconografía y porque su orientación no es perpendicular a la calzada sino orientada hacia la capilla (hoy Museo de la No Intervención, Fuerte de Loreto). Ese pequeño templo comenzó a ser edificado a mediados del siglo XVII terminándose su construcción más o menos en la segunda década del siglo XVIII, siendo un punto importante de devoción por parte de los habitantes de Puebla y de otras poblaciones cercanas, aunque su trascendencia habría decaído en favor de la virgen de Guadalupe, al igual que las demás advocaciones marianas.

Las fechas que el doctor Hugo Leicht relaciona con el levantamiento de la portada, esto es de 1781 a 1788, tienen cierta base de acuerdo con el estilo en que está construida, de sobrios elementos neoclásicos. En el centro aparece una escena que representa al Espíritu Santo junto con el traslado por parte de un grupo de ángeles de la casa natal de la virgen María desde la población de Nazaret hacia tierras europeas, primero a Tersato (en la antigua Yugoslavia) y finalmente a Loreto, en Italia, con la finalidad de salvarla de ser profanada por los infieles musulmanes. Esta escena ha sido recreada en diversos grabados y pinturas y es el hecho fundacional de la advocación de la virgen de Loreto. Por lo mismo consideramos que la relación portada – capilla de Loreto es la base principal sobre la que se sustentó la edificación del monumento. Complementando su programa iconográfico tenemos abajo y a los lados dos figuras que consideramos podrían ser las de santa Ana y san Joaquín y al respaldo la efigie de san José, lo que en conjunto supondría la Sagrada Familia extendida o ampliada.

Además se hallan otras dos imágenes, una representando la mitra episcopal y otra el escudo de la ciudad de los Ángeles, nombre primordial de la ciudad de Puebla. Rematando toda esta iconografía, en la cúspide del monumento se encuentra la imagen de reciente factura de san Miguel Arcángel, patrono de la ciudad. Por último, en la base existe una inscripción con la leyenda “año de 1885”; quizás esta sea la fecha de alguna restauración de la portada, ya que en diversas ocasiones los vecinos reclamaban su estado de abandono y el peligro de derrumbe, lo que ocasionó que el ayuntamiento tomara cartas en el asunto y atendiera estas demandas.

Destruidas las portadas del Paseo de Nuevo y las de los panteones de san Antonio y del Carmen, la de Loreto es el último vestigio de una forma de conocer la monumentalidad de Puebla, es decir, el último ejemplo de obras que embellecieron y dieron forma a nuestra  forma de vivir y sentir. Es la entrada a un espacio lleno de historia, no sólo por los hechos bélicos acontecidos en su seno, también por ser el recipiente de donde salió el material con el cual se edificó la ciudad primigenia y muchos de los monumentos que hoy la adornan, aunado al simbolismo que representa su pasado místico y su actualidad cultural.

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