Una empresa en el edificio carolino. La cervecería “El Fénix”

Sergio M. Andrade Covarrubias

Anuncio de la cervecería El Fénix, el libro México – Francia. Memoria de una sensibilidad común. Vols. III y IV

Suele suceder que en las ciudades con una fuerte raigambre histórica, sus edificios más emblemáticos lleguen a conservar ciertas historias desconocidas, secretas, que sólo alguna casualidad nos permite conocer. De repente paramos mientes en que en tal o cual casa, mansión o palacio gubernamental sucedieron hechos para nosotros totalmente desconocidos y que sin embargo en su momento fueron importantes en el devenir de la vida diaria de nuestras ciudades; este es el caso que nos planteamos relatar, respecto al reconocido edificio Carolino de la ciudad de Puebla, sede de su principal universidad y antes del colegio jesuita del Espíritu Santo y del civil Colegio del Estado.

Plano del segundo patio del carolino, Notaría N° 8. Diciembre de 1862 (ANP)

Es fácil reconocer este ejemplo de la arquitectura virreinal poblana, al ser un complejo de grandes dimensiones y enclavado en el pleno centro citadino. Aunque su construcción original ha variado un poco, conserva elementos primordiales que se destacan plenamente, como son los tres patios que lo conforman. En el segundo de ellos, cuyo nombre oficial es “Jardín Melchor de Covarrubias” (en honor del principal benefactor del colegio del Espíritu Santo) transcurre la historia que a continuación relatamos, referida a una negociación cervecera establecida en su seno sobre una superficie superior a los mil metros cuadrados (tomando en consideración la planta alta) y con un frente hacia la calle de 56 metros lineales.

Esta historia comienza cuando el 1 de enero de 1856 el licenciado Rafael Illescas, tesorero entonces del Colegio del Estado, a nombre del rector José María de Guadalupe Pavón y con la venia del gobernador del estado, cierra un trato con los socios Luis Gonzaga Reyes y el alemán Enrique Munzerstein, para el arrendamiento del segundo patio del edificio Carolino con sus bodegas y zaguán, con el fin de establecer ahí su fabrica de cerveza denominada “El Fénix” (fundada desde un par de años atrás), en el precio de cuarenta pesos mensuales, durante cinco años forzosos y dos voluntarios. Entre las cláusulas del contrato hay una por la cual se obliga a los arrendatarios a “levantar una pared de cuatro varas y media de alto y media vara de espesor, que atraviese el patio para dividirlo y evitar la comunicación con el colegio”, so pena de caer en responsabilidad si los alumnos pasasen al patio; otra les prohíbe terminantemente el expendio de cerveza al menudeo “o reuniones de personas extrañas a la negociación, pues cualquier escándalo que por esta causa se cometa, será motivo para rescindir el contrato”.

Justo dos años después, por lo malos manejos de Munzerstein, la fábrica sale a remate por un valor de $ 5,480.00, quedando en manos del francés José Alimen, quien se dice dispuesto a pagar los adeudos de aquel, renovando el contrato de arrendamiento con el nuevo rector Anselmo Gutiérrez, pero ahora por treinta pesos mensuales y cinco años forzosos y cinco voluntarios. Al cabo de casi otros dos años, Alimen se ve obligado a traspasar la negociación a sus paisanos los señores Eduardo Larre y Sebastián Finance, quienes a su vez se constituyen formalmente en una compañía para la explotación de la empresa bajo la denominación de “Finance y Compañía”, siendo Larre el administrador y Finance el experto cervecero.

Firmas de la escritura, Notaría N° 8. Diciembre de 1862 (ANP)

Estos socios renuevan el contrato de arrendamiento con el nuevo tesorero del colegio, Andrés Sáenz, cambiando solamente la duración en cuanto a los años voluntarios, quedando en tres. Poco después, en vista de las acuciantes necesidades del gobierno mexicano ante la inminente amenaza del ejército francés, y con arreglo a las leyes vigentes sobre nacionalización de bienes de corporaciones civiles y eclesiásticas, el general Jesús González Ortega, “en uso de sus facultades extraordinarias”, vende en cuatro mil pesos, según escritura del 9 de diciembre de 1862, a los señores Tomás Larre y el mismo Finance “el local que con su negociación de cervecería ocupaba en el Colegio del Estado, el cual local formaba la casa número 8 en la Calle del Carolino, compuesto según el plano que para esa venta y en aquella vez levantó el Ingeniero Luis Careaga y Sáenz”, comprendiéndose en esta transacción el agua de que disfrutaba.

Diez años después, en julio de 1872, los señores Larre transfieren sus derechos al Colegio del Estado, quedando el hijo de Finance, de nombre Eduardo, con sólo una parte del lote y la negociación cervecera, cancelando la hipoteca que pendía sobre la misma en fecha 31 de mayo de 1883 y ratificada en escritura de aclaración de linderos el 25 de agosto de 1885.

Anuncio de la cervecería Dos Américas, el libro Historia y desarrollo Industrial de México.

De acuerdo con las escasas noticias que poseemos la cervecería “El Fénix” quizás llegó a funcionar hasta el siglo XX o por lo menos hasta finales del XIX, ya que se anunciaba todavía en 1897, lo que nos hablaría de una existencia de poco más de cuarenta años, tiempo de existencia notable para una empresa en esa época, sobre todo de la rama cervecera. Precisamente por esto la historia del “Fénix” es sui generis, ya que normalmente las negociaciones de su tipo solían durar poco tiempo. Ejemplos de ellos serían las cervecerías “Campos Elíseos”, “De la viuda de Puyulet”, “Estanque de Pescaditos”, “Germania” después “Zaragoza”, “Dos Américas”, Turnbull, la de la Plazuela de san José y otras más a cargo de personajes extranjeros como Bolgard o Herzog, que habían probado suerte también en la capital del país (mismo caso de Sebastián Finance), así como otra en la calle de Mercaderes citada por María del Carmen Reyna y Jean Paul Krammer en su texto Apuntes para la historia de la cerveza en México, donde señalan otra cervecería establecida desde 1824. Todas estas en su momento pudieron ofrecer una gama amplia de tipos y estilos cerveceros – tales como los que en nuestros días están de moda bajo el apelativo de “cervezas artesanales” (y que como cualquier moda se destacan por un elocuente tufo elitista) -, llegando incluso a conquistar premios en la Exposición de Puebla de 1880 como en el caso de Puyulet, Turnbull, Bolgard y el propio Finance.

Sin embargo, por diversidad de circunstancias esas cervecerías no pudieron establecerse sólidamente, sobretodo  por las condiciones de un mercado en el que las bebidas preferidas por las clases depauperadas eran el pulque y los mezcales, mientras que por las clases privilegiadas lo eran el vino y los brandis españoles y franceses, además por su dificultad en la refrigeración y transportación del producto. Aun así el largo tiempo en que funcionó la cervecería “El Fénix” demuestra que la calidad puede hacer prevalecer un negocio; al respecto el doctor Hugo Leicht afirmó que su cerveza “era excelente, debido al agua de Amalucan”. Siendo alemán, algo sabría de cervezas.

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