El enverjado de la Catedral de Puebla

Sergio M. Andrade Covarrubias

Prácticamente un siglo después de la terminación de los trabajos de construcción de la catedral poblana y a unos cuantos más de la renovación llevada al cabo por el arquitecto poblano José Manzo, se procedió a la construcción del enverjado o cerca que circunda su atrio, más precisamente en el año de 1878, según nos cuenta el eminente doctor Hugo Leicht, desconociéndose al autor del proyecto.  Al mismo tiempo se daba comienzo al levantamiento en el mismo atrio de un monumento dedicado al papa Pío IX, el cual finalmente no se terminó, siendo retirada su base el año de 1893. La realización de estas dos obras – el enverjado y el monumento – al parecer iría enlazada, de acuerdo con la información proporcionada por los investigadores Carlos Montero Pantoja y María Silvina Mayer Medel en su obra Arquitectos e ingenieros poblanos del siglo XX; estos autores transcriben parte de un acta del Archivo Municipal, de fecha 28 de agosto de 1878, donde se lee lo siguiente: “consultando el lugar más a propósito, no hemos hallado otro que el atrio de la catedral, que será debidamente acotado, todo bajo la dirección de ingenieros y demás peritos y artistas, nombrados al efecto y de cuya subcomisión son presidentes respectivamente, Joaquín Colombres y Pedro Centurión, quien no ha concluido aún con sus trabajos” (subrayado nuestro). A partir de esta información no sería descabellado pensar que quizás el ingeniero Colombres fuera el encargado de llevar a buen término el proyecto del enverjado perimetral y que el escultor Centurión (también poblano) lo fuera de la concepción y diseño del monumento citado.

Como sea, el financiamiento de los trabajos para construir la verja fue proporcionado por diferentes personas, o “bienhechores particulares” como los define el doctor Leicht, de diversos ámbitos sociales. Los había quienes eran sacerdotes, otros comerciantes, otros más empresarios fabriles, e incluso, de espectáculos. De los cuarenta y siete tramos de que se conforma el enrejado, sólo veintiséis cuentan con la inscripción, en forma de óvalo, que da cuenta del nombre o nombres de tales benefactores, aunque algunos de ellos hoy en día son ilegibles. El total en metros de dicha obra es de 218.55, si multiplicamos esos cuarenta y siete tramos por su medida de 4.65 metros cada uno, agregándosele quince rejas de acceso de dos hojas, sesenta y tres ángeles, cuarenta y siete querubines, un promedio de mil ciento veintiochos águilas (águilas “republicanas”, por cierto), así como cuatrocientos setenta y siete emplomados, según los datos de la Escuela Taller de Restauración. Dicha obra sería terminada varios años más tarde, incluso después de 1896, según el mismo doctor Leicht.

Algunas de esas inscripciones nos dejan ver nombres de personajes conocidos, tales como el arzobispo de Oaxaca Don Eulogio Gregorio Gillow (gran amigo de don Porfirio y dueño de la hacienda de Chautla), el arquitecto español Vicente de la Hidalga, creador del antiguo Gran Teatro Nacional y dueño de la hacienda de Colón, el boticario Santiago Beguerisse, dueño de la botica “La Guadalupana”, los hermanos Orrín, dueños del circo Metropolitano, más conocido como “Circo Orrín”, Antonio Lorenz, de la última familia dueña del molino de san Francisco, el ingeniero Francisco Tamariz Oropeza, quien determinó la altura de las torres de catedral, a más de ser regidor comisionado en la construcción moderna del mercado de la “Victoria”, el señor Paz García, comerciante ferretero o el banquero y textilero Santos López de Letona. Asimismo, varias corporaciones fabriles, representadas por sus administradores y operarios se hicieron presentes; por ejemplo de la fábrica de “Guadalupe”, el administrador Eduardo Calva y los dependientes, maestros y obreros; igualmente los de la fábrica “El Valor”, “La Economía”, “La Constancia”, “La Providencia” y “La Concepción”.

Finalmente, habría que mencionar que en la parte baja de algunas pilastras que dividen los tramos también se encuentran grabados los nombres de trece herejes sobre los que la iglesia católica habría triunfado, así como que en la parte alta se hallan once placas de bronce con los nombres de sendos personajes importantes en la historia de la doctrina católica: siete apóstoles, tres padres de la iglesia y un santo. Por último, ya en tiempos modernos se agregarían las imágenes del beato Sebastián de Aparicio y de fray Toribio de Benavente “Motolinia” o Motolinía”, ambos ligados muy estrechamente con la historia de nuestra ciudad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *