Jardín de la alfabetización o parque de las letras

Sergio M. Andrade Covarrubias

Erigido sobre la superficie de un terreno de dos mil seiscientos metros cuadrados y bajo un costo de ochenta mil pesos de entonces, el “Jardín de la Alfabetización Manuel Ávila Camacho”, ubicado en la zona oriente de la ciudad de Puebla, dentro de los confines del antiguo barrio de Los Remedios, fue inaugurado el día 20 de noviembre de 1952 con la presencia – según las crónicas periodísticas – de cerca de ocho mil personas venidas de los barrios cercanos. Su proyecto y construcción fue obra del ingeniero Carlos Martínez Nava, Director de Paseos y Jardines del Ayuntamiento presidido por el licenciado Nicolás Vázquez Arriola (1951 – 1954), en  homenaje y recordación de la Campaña de Alfabetización emprendida por el presidente Manuel Ávila Camacho bajo la égida del maestro Jaime Torres Bodet, su Secretario de Educación, quien la impulsó partiendo de la Ley de Emergencia para la Campaña Nacional contra el Analfabetismo expedida el día 21 de agosto de 1944. El objetivo de esta campaña, según Doralicia Carmona, sería el “abatir el alto índice de analfabetismo y la marcada carencia de escuelas y maestros en el país”; para eso, se editarían Cartillas Especiales para la instrucción de indígenas analfabetos y además la Secretaría de Educación Pública establecería el Instituto de Alfabetización en Lenguas Indígenas.

Sin embargo, de acuerdo con el investigador Rodrigo Martínez Baracs, en realidad esas cartillas serían utilizadas para ayudar en la instrucción de todos los analfabetos, ya que bajo esa Ley “cada mexicano que hubiese ido a la escuela tenía la obligación de enseñar a leer y escribir a cuando menos un mexicano de entre seis y sesenta años. Torres Bodet mandó elaborar una Cartilla Nacional de Alfabetización, que se imprimiría en diez millones de ejemplares”. Ahora bien, como le faltaba el ingrediente de unas “lecciones morales” a tales Cartillas, se le propuso a don Alfonso Reyes las elaborara, siendo esas pequeñas disquisiciones el germen de la conocida Cartilla Moral del insigne pensador regiomontano.

A la fecha de hoy, el “Jardín de la Alfabetización” no ha variado mayormente su fisonomía, aunque sí su cuidado y mantenimiento. Decía la crónica del diario “El Sol de Puebla” del 22 de noviembre de 1952: “En la parte central tiene un espejo de agua con la forma del estado de Puebla, con su división de Distritos. Juegos de agua e iluminación con sistemas de reflectores. En los laterales del espejo de agua hay dos pérgolas tipo modernista con jardineras y bancas forradas de azulejo así como dos placas conmemorativas de azulejo… En la parte Poniente del jardín se construyeron las cinco vocales del alfabeto, habiéndose sembrado en su centro una gran variedad de plantas de ornato. Se hizo una construcción perimetral de jardineras para setos vivos con la siembra de árboles de la variedad de ciprés, grevilia y piñones. En el lado Oriente se construyeron las tres primeras letras del alfabeto”. Además, se instalaron catorce tomas de agua para su riego y una pequeña fuente “con barandales en forma de ábaco” y “bancos de concreto en forma de letras para macetones en colores netamente al estilo poblano”. Se remata la crónica con esta descripción un tanto chusca: “Hay que hacer notar que sobre el terreno donde hoy se levanta el jardín ‘Alfabetización Manuel Ávila Camacho’, hace apenas un año era un terreno baldío convertido en basurero, teniendo al fondo para remate la piquera ‘Los Grandes Vuelos’”.

Así fue como se inauguró el citado jardín, contando con la presencia del gobernador Rafael Ávila Camacho y el Presidente Municipal acompañados de sus respectivas esposas, y la de muchos invitados especiales, quienes disfrutaron una fiesta que comenzó con una audición de la Banda Municipal, siguiendo con los alumnos de la escuela “José María Lafragua” entonando el “Himno de la Alfabetización, para continuar con la entrega de premios a los ganadores de la colecta del Día de la Alfabetización. Justo a las ocho de la noche el gobernador cortó el listón inaugural y levantó el interruptor del alumbrado del jardín, posteriormente el del sistema de agua y alumbrado de la fuente principal, finalizando con la develación de las tres placas conmemorativas. Continuó el festejo con un recorrido por el parque y a las nueve dio comienzo la fiesta popular con la quema de cohetes, toritos y castillos, carreras, venta de antojitos, etc., desarrollándose la velada con la música de la banda hasta altas horas de la noche.

Desafortunadamente, como decíamos arriba, su conservación ha dejado mucho que desear, porque hoy es un jardín sucio y descuidado, que requiere la restauración de los mosaicos de su pérgola, la limpieza de las jardineras, la poda de sus setos y la siembra de nuevos árboles por aquellos que han sido derribados. Creemos que esto lo merece la ciudad, tanto por la salud de sus habitantes como por su rica historia.

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