Dos cines, dos historias. El Reforma y El Colonial de Puebla

Sergio M. Andrade Covarrubias

Hacia mediados de la tercera década del siglo XX la configuración de las grandes urbes sufrió una radical transformación debido a la aparición de unos nuevos entes arquitectónicos, entes que cristalizaban los sueños y fantasías de prácticamente todos los habitantes de la ciudad (y aún de las zonas rurales): las salas cinematográficas o, simplemente, cines, edificaciones de enormes dimensiones que llegaría a albergar una gran cantidad de espectadores, cubriendo incluso  un aforo de más de siete mil personas como fue el caso del cine “Florida” de Ciudad de México.

La Opinión / ABC – Hemeroteca “Juan N. Troncoso” del Gobierno del Estado

Los cines configuraron un hito en la vida de la humanidad entera, no sólo por su capacidad para abstraer de la rutina diaria a sus concurrentes, sino también por convertirse en referencia del espacio público y, más aún, definir nuevas tipologías arquitectónicas y de diseño y el uso de nuevos materiales y tecnologías. Su desarrollo y evolución en México se pueden dividir en dos etapas básicamente, a decir de Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa, autores del ilustrativo La República de los Cines. El primer periodo – de acuerdo con estos autores – sería el conocido como “ecléctico escenográfico”, abarcando las décadas de los años treintas y cuarentas, y el segundo sería el llamado “sobrio funcionalista”, de las décadas de los cincuentas y sesentas. El primero se distinguía porque – según los lineamientos del arquitecto norteamericano Charles Lee -“el espectáculo debería comenzar desde la calle y continuar en los grandes vestíbulos y salas de proyección”. De esta forma, los arquitectos debería crear un ambiente “novedoso y llamativo”, con recreaciones de “palacios, paisajes, ciudades coloniales, cielos estrellados”. El segundo, en cambio, apostaba por la funcionalidad, dejando atrás la “grandilocuencia y la espectacularidad”; así, esta nueva perspectiva estaría signada por un nuevo postulado en el cual “la nueva estética puso el acento en el sobrio esplendor de vestíbulos, telones y muebles”.

La Opinión / ABC – Hemeroteca “Juan N. Troncoso” del Gobierno del Estado

Nuestros dos cines reseñados cumplen con estos dos aspectos y se encuentran en las antípodas en cuanto a su construcción y ornamentación. El cine “Reforma”, inaugurado un 11 de agosto de 1939, fue diseñado y construido por el arquitecto poblano José Fernández bajo los planteamientos del art decó, teoría estética modernista de la que quedaron bastantes ejemplos en nuestra ciudad. Su capacidad era para dos mil quinientos espectadores, soberbiamente acomodados en galería, anfiteatro y luneta, a la vez que contaba con un amplio vestíbulo en el cual se daba la convivencia social y se ubicaba la fuente de sodas. Además de esto, la modernidad de sus instalaciones se completaba con la instalación de aire acondicionado y aromatizado, además de una gran pantalla y el más moderno sistema de sonido.

La Opinión / ABC – Hemeroteca “Juan N. Troncoso” del Gobierno del Estado

En su inauguración estuvieron presentes las estrellas del cine nacional Arturo de Córdova, y el Indio Fernández, amenizando la jornada los afamados Alfonso Ortiz Tirado y  Pedro Vargas, entre otros artistas. El gobernador Maximino Ávila Camacho dio el discurso oficial acompañando al dueño y empresario Gonzalo Alarcón, quien, de acuerdo con las crónicas periodísticas fue encomiado de forma estridente por el público presente.

La Opinión / ABC – Hemeroteca “Juan N. Troncoso” del Gobierno del Estado

A su vez, el cine “Colonial”, diseñado bajo los cánones nacionalistas de la época, es un ejemplo acabado de esta tendencia presente en todo el país. Nos dicen Alfaro y Ochoa: “Todas la ciudades del país tuvieron su Colonial y su Alameda, diseñados con la manifiesta intención de resultar intensamente nacionales: el espectador debía sentirse como en la plaza de un pueblo mexicano”. Todo el entramado arquitectónico y de diseño debería propender a dar la sensación de encontrase dentro de un set cinematográfico y esto se daba desde el exterior: fachadas con azulejos, marquesinas sobre arcos de medio punto, aplanados rústicos; en el interior muebles de madera, barandales, faroles losetas de barro y finalmente en la sala de proyección simulación de fachadas coloniales o casas con balcones y tejados. Y para rematar techos recreando un luminoso firmamento con estrellas brillantes. “Cuando las luces se apagaban y el telón ascendía lentamente, los espectadores se adentraban sin esfuerzo en lo extraordinario”. Aunque su aforo era menor al del “Reforma”, también contaba con dos niveles y su afluencia era constante, sobre todo los domingos, cuando la “gente decente”, después de concurrir a misa se dirigía a disfrutar de las películas a exhibir. Esta sala cinematográfica fue construida por sus dueños, los señores David y Antonio Arellano en los terrenos que fueron de la maderería de su propiedad e inaugurada un 2 de agosto de 1941. En tal acto se dieron cita representantes de los más granado de la sociedad poblana, encabezados por el gobernador Gonzalo Bautista, quien, como de costumbre, encomió el trabajo de los empresarios. Entre los invitados destacaron los artistas Isabela Corona, René Cardona y Pedro Armendáriz, quienes junto con los invitados disfrutaron del programa encabezado por las hermanas  Gloria y Nellie Campobello y rematado por la Diva Esperanza Iris y el galán Paco Sierra.

“La república de los cines” de Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa. Saludos.

Aunque actualmente el rosetón que remata la portada de este cine resalta el nombre de Gabriel Alarcón y su compañía “Cadena de Oro”, la verdad es que los dueños originales fueron obligados por la mafia encabezada por William O. Jenkins y sus corifeos Manuel Espinoza Iglesias y el propio Alarcón a vendérselos en términos por demás leoninos, tal como lo relata el cineasta Manuel Contreras Torres en obra El Libro Negro del Cine Mexicano.

“La república de los cines” de Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa. Saludos.

La supuesta modernidad arquitectónica ha arrasado todo a su paso, pero la memoria de un tiempo dorado no se podrá borrar. ¿Qué, vamos al cine?

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